Opinión

Cómo reparamos un mundo que nosotros mismos destruimos

Por Marcela R. Lazo.

Desde los remotos orígenes de la humanidad, hemos atravesado experiencias de evolución y también de involución. Las primeras formas humanas, casi animales, recorrieron un largo camino hasta llegar a la belleza humana y planetaria que hoy conocemos, una belleza que siglos atrás era inimaginable.

Por otro lado, la globalización nos acercó, nos conectó, nos dio herramientas para relacionarnos como nunca. Sin embargo, la diversidad humana —colores, culturas, etnias, costumbres— sigue siendo una de nuestras mayores fragilidades cuando no sabemos convivir con ella. 

La falta de "conexión" entre nosotros, nos ha llevado a desconocernos y a olvidar que cada ser humano tenemos una razón de ser.

Oyendo sin oír, mirando sin mirar

Somos fruto de familias, maestros, comunidades, saberes, oficios, amistades y también, de los grandes seres de la humanidad que a lo largo de la historia y en el presente, nos guían, inspiran, nos protegen y acompañan. Nadie evoluciona solo. Contamos con un sostén invisible que nos contiene.

Ahora bien, lo que se puede ver a simple vista es que, a pesar de los esfuerzos, sacrificios y luchas de quienes nos marcaron el camino, seguimos atrapados en comportamientos primitivos muy lejos de ser una civilización amorosa, fraternal, creativa y donde nos sintamos bien todos. 

Hemos construido un mundo donde la vida asusta, cuesta, duele y el futuro parece incierto, como si hubiéramos perdido el Norte.

Los mensajes que nunca nos faltaron...

En todos los siglos y en el presente, contamos con guías, sabios, creadores que nos comunican lo mismo de maneras diferentes; el amor como ley de la creación, la unidad como destino, y la autoconciencia como camino. 

Ese mensaje no es nuevo, pero sí urgente. Jesús lo dijo de mil maneras. Los poetas lo cantaron. Los pueblos originarios lo vivieron. Los científicos humanistas lo intuyeron. Los artistas lo mostraron con belleza.

Enrique Barrios, en su libro Ami, el niño de las estrellas, impreso en varios idiomas y repartido por él mismo, en trenes, subtes, buses y librerías de todo el mundo, muestra cómo el AMOR rige la Creación y ADVIERTE a la humanidad de los peligros que corre si sigue disociada consigo misma y con su razón de ser.  

Víctor Frankl con su valiosa experiencia de vida dice: el Amor es la meta ultima y más alta a la que puede aspirar el hombre.

Y tantos mensajes en bellas canciones como: Todos somos uno con los demás de Abel Pintos y Axel; Yo soy igual a ti, tú eres igual a mí y es uno solo el Amor de Diego Torres.

Por otro lado, pensadores o filósofos como Joaquín Trincado, nos recuerdan que somos hermanos, hijos de un mismo Creador y que reconocernos y reconciliarnos es el camino a la Libertad. Y que el trabajo productivo en familia y en comunidad, garantiza el pan en nuestra mesa y el bienestar general.

¿Pero que pasa que nos cuesta escuchar? ¿Sera el traspaso de la ignorancia a la sabiduría? O la distracción que se antepone a la introspección; la separación antes que la unidad; la queja antes que la responsabilidad. O quizás muchos plantearon verdades incómodas que no pudimos asimilar. O las diferencias de creencias que nos confrontan y no llegamos a un punto en común. 

El tema es que miles de manos se extendieron hacia nosotros, y aun así nos creímos demasiado superiores para tomarlas y hoy la realidad del mundo lo está mostrando. 

Cuando el ego supera nuestra razón de ser

Es innegable que nos viene atravesando de generación en generación y hace siglos, las luchas de poder, el odio, la violencia, la discriminación, la soberbia, la ira, la necesidad de tener razón y nos mantiene atrapados en una agonía colectiva. Materialmente hemos avanzado, pero en muchos aspectos seguimos actuando como niños que rompen juguetes y buscan otros para destruir.

Hemos aceptado mentiras por verdades, desoído mensajes, crucificado maestros, usado la ciencia para destruir, enfriado el corazón y adormecido el alma. ¡Y aun así insistimos en creer que tenemos razón!

Estamos llenos de miedo, inseguridades y carencias que las tapamos con valentías disfrazadas. De ahí que muchos comportamientos humanos siguen siendo primitivos, han envejecido y ¡no nos damos cuenta! Nuestro deterioro existencial es muy grande, por eso cuesta tanto la vida. Agonizamos más que vivirla. 

Lo que muere y no deja de morir; lo que nace y no deja de nacer

En gran parte, las diferencias humanas han fracasado en su intento de encontrar puntos en común. Sostener lo insostenible nos está enfermando física, emocional y espiritualmente. Tirar de la cuerda equivocada nos está destruyendo. Y la violencia ya no es fuerza: es involución. La verdadera fuerza está en la unidad espiritual. Cada uno a su modo, pero unidad al fin y que se plasme en la vida material.

¡Somos una sola familia humana viviendo en un mismo hogar! Vinimos al mundo a aprender, a comprender y muchos a enseñar. No venimos a repetir errores que ya nos hicieron sufrir demasiado. Y basta pasar la vista por muchos sucesos de la historia y del presente para sentir vergüenza, quizás esa sea la palabra justa.

¡Hasta cuándo tanto dolor si podemos vivir con Amor y en Paz! 

Debemos tener el valor de dejar ir lo que no es útil y permitir que llegue lo que nos haga bien. Lo que nos renueve y construya una vida en calma, mas no sea. 

El triunfo que nos hace triunfadores a todos

Quizás llegó el momento de enfrentar al mayor contrincante: nuestra oscuridad humana. Aceptar nuestra fragilidad, nuestros yerros; aceptar el daño que nos venimos haciendo a nosotros, entre nosotros y al mundo y pedir disculpas. 

Y también enfrentar lo que más tememos: al AMOR. ¿Pero cómo amar en un mundo tan adverso? Y evidentemente amar nos da miedo. No estamos formados para vivirlo en toda su grandeza, aunque sintamos muy adentro que es el camino; que es la fuente de vida y luz que nos conecta a nuestro Creador y al todo. 

Creo que hemos llegado al límite. Resistirnos nos dará más dolor. Es hora de volver al Centro. 

No es una utopía. Es lo que aprendimos y repetimos durante siglos sin animarnos a vivirlo.

ES TIEMPO DE PERMITIR QUE EL AMOR SE SIENTE EN NUESTRA VIDA, EN NUESTRA MESA, EN NUESTRO TRABAJO, EN NUESTRO MUNDO. 

Aceptar que no sabemos vivir en el Amor, es un gran paso. Aprender a vivirlo, será el desafío mas enriquecedor.  

Hace tiempo escribí: LOS VALORES COMIENZAN A TENER VIDA EN EL PRECISO INSTANTE EN QUE CADA UNO, INDIVIDUALMENTE, DECIDIMOS APLICARLO.

Pongámosle una silla al Amor y veamos cómo nos va. ¡LO NECESITAMOS!!

MARCELA ROXANA LAZO - Presidente de Asociación Civil Colonia Jaime

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