NASA entra en la fase final de Artemis II y se prepara para el regreso a la Tierra
La misión tripulada a bordo de la nave Orión encara sus últimas pruebas cerca de la Luna, con maniobras clave antes del reingreso, una de las etapas más riesgosas del viaje.
La misión Artemis II avanza hacia su tramo decisivo con una serie de pruebas fundamentales para garantizar el regreso seguro de la tripulación. A bordo de la nave Orión, los astronautas transitan días clave en las inmediaciones de la Luna, donde se evalúan sistemas críticos antes del retorno a la Tierra.
Durante la octava jornada de vuelo, se llevaron a cabo dos ensayos centrales. El primero consistió en una simulación ante una posible tormenta solar, uno de los principales riesgos del espacio profundo. En ese escenario, la tripulación debió improvisar un refugio dentro de la cápsula, mientras se medían los niveles de radiación.
Luego, los astronautas realizaron pruebas de control manual de la nave, orientándola sin depender completamente de los sistemas automáticos. Estas maniobras permitieron analizar la capacidad de respuesta del vehículo en situaciones exigentes.
El noveno día estará enfocado en los preparativos para el regreso, con revisiones de los protocolos de reingreso y amerizaje. También se ajustará la trayectoria y se realizarán pruebas adicionales, entre ellas un sistema alternativo para la gestión de desechos, ante eventuales fallas del equipamiento principal.
Además, la tripulación ensayará el uso de prendas de compresión para prevenir la llamada intolerancia ortostática, un problema frecuente en astronautas tras largos períodos en microgravedad.
El regreso está previsto para el décimo día de misión. En esa instancia, la nave se separará de su módulo de servicio, desplegará su escudo térmico y ejecutará la secuencia de paracaídas que permitirá el amerizaje en el Océano Pacífico, donde serán recibidos por equipos de rescate.
El reingreso representa uno de los momentos más delicados. Si el ángulo de entrada a la atmósfera no es el adecuado, la nave podría desintegrarse o incluso rebotar hacia el espacio. A esto se suma el desafío térmico: la fricción genera temperaturas extremas que solo pueden ser soportadas gracias al escudo protector de la cápsula.
Cabe recordar que, tras la misión Artemis I, se detectaron daños en el revestimiento térmico, lo que llevó a introducir mejoras para esta nueva etapa.
Artemis II ya marcó un hito al convertirse en el primer vuelo tripulado en más de medio siglo en alcanzar la órbita lunar, retomando el camino iniciado por el histórico programa Apolo. El objetivo ahora es sentar las bases para futuras misiones que buscarán establecer una presencia sostenida en la Luna.