Santiago

Un grupo solidario transformó en un arte el cuidar a quienes nunca bajan los brazos

Crearon una mañana mágica para alumnos y padres del CEI Nº50. Además de múltiples actividades, brindaron contención.

En el CEI N° 50 "Juan Pablo II", la ONG Sonrisas y Acciones Solidarias demostró que la verdadera inclusión no es solo un derecho, sino un acto de amor profundo.

Una jornada de spa, música y "escucha activa" que puso en el centro a los alumnos con discapacidad visual y a sus familias, tiñó de fiesta la jornada de ayer.

Hay mañanas que tienen el poder de reconciliarnos con lo mejor del ser humano. Hoy, el patio del CEI N° 50 "Juan Pablo II" dejó de ser un simple espacio escolar para transformarse en un espacio de mimos, empatía y visibilidad.

La ONG Sonrisas y Acciones Solidarias desembarcó con su equipo de payasos de hospital, reafirmando que su misión no conoce límites cuando se trata de abrazar la salud emocional de la comunidad.

La invisibilidad del cuidador

"Solemos ver al niño, al alumno, al paciente. Pero, ¿quién sostiene la mano de quien lucha? ¿Quién cuida a la madre que no duerme, al padre que se hace fuerte en el silencio, a la abuela que es pilar? Bajo el nombre de "Mimos al Corazón", los payasos de hospital salimos de las salas de pediatría para decirles a los familiares del CEI 50: "Los vemos, sabemos que están ahí y hoy, el regalo es para ustedes". Esta jornada fue una respuesta a la necesidad de visibilizar la labor del cuidador, muchas veces desgastado por una rutina de entrega absoluta. En un mundo que exige productividad constante, esta propuesta fue un manifiesto a favor de la pausa, la dignidad y el reconocimiento", expresó Liliana Covi, presidente de Sonrisas y Acciones solidarias.

El alma de la ONG: un voluntariado incansable

Nada de esto sería posible sin el trabajo incansable de los voluntarios.

"Son ellos quienes, quitándole tiempo a sus descansos o sus familias, ponen el alma y el corazón en cada detalle. Su labor no es solo "estar presente", es transformar su energía para convertirse en recipientes de las historias de los demás. Con sus narices rojas y sus pecheras, los voluntarios caminaron el patio del colegio no como animadores, sino como agentes de salud emocional, demostrando que la solidaridad es un músculo que se entrena con la constancia y el amor puro", sostuvo la referente del grupo.

Además, este impacto se multiplica gracias a la red de amigos de la ONG: personas y comercios que, de forma silenciosa pero fundamental, se suman colaborando con insumos, materiales y recursos para que las actividades solidarias nunca se detengan.

"Esa red de apoyo es el cimiento sobre el cual se construyen estos puentes de esperanza", reflexionó Covi.

Un compromiso que no se detiene

Desde Sonrisas y Acciones Solidarias expresaron su profundo agradecimiento a la dirección del CEI N° 50 por abrir sus puertas. Este evento no fue un hecho aislado, sino la consolidación de un compromiso a largo plazo: seguir visibilizando, seguir acompañando y dejar una huella imborrable en cada institución que los invite a soñar.

"Porque al final del día, cuando las luces se apagan y las narices rojas se guardan, queda lo más importante: la certeza de que en el CEI 50, hoy, el amor se hizo visible para todos", expresó Liliana Covi. "Porque juntos, multiplicamos sonrisas y visibilizamos historias, quienes deseen colaborar con nosotros pueden escribirnos a 3855870687 o en redes sociales Ong Sonrisas y Acciones Solidarias".

Cada gesto es posible gracias al compromiso de los voluntarios y de quienes aportan su granito de arena

Trabajar con el CEI N° 50 implica sumergirse en el mundo de la discapacidad visual (baja visión y nula). Allí, la ONG desplegó su magia lúdica, demostrando que la risa y el afecto no necesitan verse para sentirse.

A través del tacto, de las palabras cálidas y de las actividades de cuidado personal, se fomentó una inclusión real: esa que dice que todos tenemos un lugar esencial en la mesa de la comunidad.

"Aprendemos más nosotros de ellos que ellos de nosotros", relataron emocionados los voluntarios.

"Su capacidad de superación es el verdadero motor que nos impulsa a seguir trabajando", agregó Liliana Covi.

Un trabajo en equipo que dejó huella

La jornada fue un ejemplo de articulación solidaria. La directora de Ventas Independiente de Mary Kay no solo aportó los materiales, sino que brindó una asesoría de belleza que devolvió brillo a rostros cansados.

En las estaciones de peluquería, las manos mágicas de Evelin Ramírez, Abel y Lucas transformaron cabellos y estados de ánimo, mientras que los voluntarios se encargaron de las manos de los presentes con manicuría y, lo más importante, con una escucha activa que sanó más que cualquier crema.

La música, ese lenguaje universal que ignora las barreras visuales, llegó de la mano del Sr. Cristian Verduc (Dúo Quichuamanta) y el reconocido cantante Sebastián Barraza. Sus melodías fueron el marco perfecto para una mañana donde se bailó, se cantó y se lloró de pura gratitud.

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