Crónicas de una mujer que ya no ríe
Por Belén Cianferoni.
Una mujer lectora de mis crónicas me mandó un mensaje preguntando si tenía una crónica sobre una mujer que ya no ríe. Le comenté que no, que de esas no hay en Santiago. No hay porque acá existe Pochi Chávez. Pero aun así, seguro que hasta Pochi se cansa de reírse a veces.
Pochi, si estás leyendo esto, soy tu fan.
La loca creía que Pochi iba a leerla, jajaja. Pero es así. Lo más curioso es que, cuando siento que ya todo se está quemando y que me voy a arder con todo y mi horno, de pronto aparece una de las bromas más estúpidas o simples para hacerme reír.
Entonces me quedé pensando en esa mujer que ya no ríe.
¿Dónde vive? ¿En qué esquina dejó de hacerlo?
Porque no es que un día te despertás y decís: "listo, hoy dejo de reírme". No. La risa se va retirando despacito, como esas visitas que primero dicen "ya me voy" y se quedan dos horas más pero al revés. Primero te reís fuerte, después sonreís, después apenas levantás una ceja y un día, nada.
Capaz que esa mujer no dejó de reírse por tristeza, sino por cansancio. Porque hay un punto en el que explicar el chiste cansa más que la vida misma. Hay un punto en el que la ironía ya no alcanza para tapar lo que duele. Igual yo desconfío.
No desconfío de las mujeres que dicen que ya no ríen, porque algo, en algún momento, les bajó el tono. Lo que ellas no esperan es que basta un segundo para que se active ese mecanismo olvidado de la risa. Y ahí, en ese segundo mínimo, vuelve la vida. No como antes, no tan escandalosa, pero vuelve. Como diciendo: "todavía estoy aquí, aunque sea en versión económica".
Cualquier cosa puede funcionar.
Un audio mal mandado.
Un meme viejo.
Una voz diciendo "Miralo a ese Cunshi "
Alguien que se resbala en la verdulería
Una mujer diciendo un chiste un velorio. (Casi siempre esa mujer desubicada es mi hermana Majo)
Esa risa primero empieza como una gotita, luego empiezan a caer tres gotas de risa, luego cinco, siete, once y la lluvia de risotadas inunda la habitación. Solo hace falta un poco de tiempo.
Según la óptica de esta mujer que escribe creo que, capaz que esa mujer no es que ya no ríe. Capaz que está haciendo silencio.
Esta en busca de una buena broma. Es una catadora de sonrisas y quiere una risa en particular.
Y el silencio, en una mujer acostumbrada a reírse pesa. Hace eco. Se mete en las conversaciones, en las sobremesas, en los audios de WhatsApp que se escuchan dos veces buscando una chispa que no llega. Es un silencio que incomoda a los otros más que a una misma, porque parece que algo se rompió y nadie sabe bien dónde está la grieta. Entonces te dicen "estás rara", como si la risa fuera un deber, como si una tuviera que andar sonando para tranquilizar al resto, pero en verdad solo está esperando.
Yo creo que esa mujer está juntando algo, y me mantengo firme en mi postura. Como quien guarda brasas debajo de la ceniza. Porque la risa, cuando vuelve después del silencio, no es la misma: es más corta, más precisa, más peligrosa. Ya no se regala tan fácil. Y cuando sale, arrasa. Capaz que no es que dejó de reírse capaz que está aprendiendo a elegir de qué. Y eso, en este lugar donde nos reímos hasta de lo que duele, es casi un acto de rebeldía.
Mientras tanto siempre hay un audio de Pochi que nos salva la vida. Cuéntenme ustedes, cual es su chiste de Pochi favorito