Evita, la abanderada de los descamisados
Por Eduardo Lazzari, historiador.
Los mitos en la historia son el tema más difícil para el abordaje por los historiadores. Y mucho más en nuestro país, cuyo temperamento pasional influye decisivamente en todo lo vinculado con el pasado. Siempre el mito implica una creencia en el personaje, que va más allá de los hechos y de las personas. Por eso, muchas veces los historiadores argentinos esquivan el tratamiento de los períodos de tiempo y los personajes públicos sobre los cuales las creencias superan a la realidad de los hechos.
Sin duda, esta condición abarca algunos períodos de la historia contemporánea, como las décadas de 1930 y de 1970, que pocas veces son encaradas con profundidad en los temas polémicos, y el caso de algunos personajes como Eva Perón, Evita, llamada de una manera u otra según sea quien se exprese. Aunque el investigador descubra hechos y documentos que contradigan la creencia popular, es probable que su trabajo sea despreciado o incluso descalificado por esa contradicción hallada. A pesar de esta prevención que aquí presentamos, vamos hoy al encuentro María Eva Duarte de Perón, una protagonista fascinante de nuestra historia y hablaremos de su vida y de su obra.
Sus orígenes, su infancia y su juventud
María Eva nace en el seno de la segunda familia de un estanciero de Junín, formada con Juana Ibarguren, en el pueblo de Los Toldos, el 17 de mayo de 1919, siendo bautizada el 21 de noviembre del mismo año. Era la quinta hija, la cuarta mujer. Su infancia fue la común para esos tiempos, asistiendo a la escuela primaria pública. Desde pequeña mostró interés por la actuación y a los quince años se trasladó a Buenos Aires, donde ya vivía su hermano Juan, quien trabajaba como corredor de una empresa de jabones, para comenzar una carrera artística que la llevo a participar de radioteatros, obras teatrales, películas, lo que la convirtió en una actriz joven muy popular, a tal punto que aparece fotografiada en la tapa de varias revistas de espectáculos.
En una muestra de lo que sería su profundo compromiso social, fue fundadora, junto a varios artistas, de un sindicato de actores. Cuando su carrera iba consolidándose y siendo protagonista de un ciclo llamado "Grandes Mujeres de la Historia", su camino iba a cambiar notablemente y también ese cambio iba a alterar la historia argentina. Vale destacar que, sobre este tiempo de la actriz, muchas fantasías se tejieron posteriormente a su desaparición física.
Su encuentro con el coronel Perón
El 15 de enero de 1944 un terremoto destruye la ciudad de San Juan y Juan Domingo Perón, en ese entonces secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar comenzado en 1943, asume la responsabilidad de la ayuda a los damnificados.
Por eso, durante la realización de un festival benéfico en el estadio Luna Park de Buenos Aires se conocen el coronel y la actriz, al poco tiempo conviven y al año siguiente se casan. A pesar de las leyendas conocidas respecto de la participación de Evita en los eventos del 17 de octubre, se sabe que ese día estaba en Junín terminando unos trámites para poder casarse en pocos días. El 22 de octubre se celebra el matrimonio civil en Junín y el 10 de diciembre se casan religiosamente en el convento franciscano de La Plata. Quizá por coquetería, Evita denuncia tres años menos de edad que los reales. Perón tenía 50 años, y ella 26. Sin duda fueron un matrimonio feliz.
Un dato muy curioso es que, durante la campaña proselitista de 1945/6, Perón y Evita celebraron la llegada del año nuevo en Santiago del Estero, alojándose en lo de la familia Àlvarez.
Durante los primeros tiempos del gobierno del presidente Perón, Evita ocupa un lugar poco destacado, pero con paciencia se convierte en una pieza esencial de la acción social y de la imagen del trabajo gubernamental. Sus discursos encendidos, su activa participación en todos los actos oficiales, sus condiciones actorales y sobre todo la empatía que lograba en su relación con los sectores populares, la hicieron crecer en la consideración y alcanzó tal popularidad que competía con la del propio Perón.
Sin embargo, no hubo competencia entre ellos, ya que naturalmente uno era el líder político y la otra la compañera, formando el equipo político más sólido en la historia moderna de la Argentina.
Su actuación política y su muerte
Su primera acción política fue un viaje exitoso a la Europa católica, que incluyó Portugal, España, Suiza, Italia y la Santa Sede. La creación de la Fundación María Eva Duarte de Perón fue fundamental para que el gobierno peronista, a través de esta organización paraestatal, se encargara de muchas de las tareas sociales que hasta entonces realizaba la Sociedad de Beneficencia, que fue intervenida y desactivada. A través de la fundación se crearon barrios obreros, complejos turísticos, hospitales, una ciudad infantil y otra estudiantil, pero sobre todo se implementó un eficaz sistema de reparto de asistencia social que llegó a enormes sectores de la población. Esto fue acompañado por una gran campaña de propaganda, la que sumada a la obligación impuesta a las empresas para realizar aportes a la fundación, iba a formar parte de la resistencia de otros sectores sociales a las actividades promovidas y encabezadas por Evita.
Fue entronizada como gestora del voto femenino por lo que, una vez sancionada la ley, los diputados y senadores le entregaron el texto original que permitió ese sufragio en las elecciones nacionales de 1951. Su libreta cívica fue la Nº 1 y en homenaje a su lucha se permitió que votara en el hospital que hoy lleva su nombre, donde se encontraba internada a raíz de la enfermedad que la llevaría a la tumba: cáncer de cuello de útero. En 1951 intentó disputar la candidatura a la vicepresidencia, pero por motivos nunca del todo aclarados, pero seguramente vinculados a su enfermedad y a la resistencia que su figura provocaba entre los altos mandos militares, el apoyo de la CGT no fue suficiente y el 31 de agosto, en un emotivo evento realizado en el centro de Buenos Aires, renunció a la candidatura. Nunca fue funcionaria, pero la gigantesca acción social que desarrollara, sobre todo a través de la fundación que llevaba su nombre, su cotidiano trato con los humildes y su temprana muerte, el 26 de julio de 1952, a los 33 años, la convirtió en un mito y una leyenda, tanto entre sus seguidores como entre sus detractores.
La historia espantosa de su cuerpo muerto
La historia terrible de su cuerpo es una síntesis de los peores años de la violencia política del siglo XX en la República. A pedido de Perón, el cadáver es embalsamado por el médico español Pedro Ara, quién realiza uno de los trabajos de momificación considerado entre los mejores. Vale destacar que Ara llegó a la Argentina enviado por Francisco Franco, el dictador de España, para conservar los restos de Manuel de Falla, el músico, muerto en Alta Gracia, en Córdoba en 1942 y luego se radicó en nuestro país. Los funerales de Evita, los más grandiosos de la historia argentina, duran catorce días, durante los cuales cientos de miles de personas se acercaron a su ataúd.
Comenzaron una serie de exagerados homenajes, como renombrar la provincia de La Pampa y la capital de la provincia de Buenos Aires como "Eva Perón", la detención de los relojes públicos a las 20,25, hora de su muerte, hora en la que todas las radios del país debían realizar un minuto de silencio todos los días del año. Además, se estableció luto obligatorio a todos los empleados públicos.
El cuerpo de Eva Perón fues venerado en la Confederación General del Trabajo hasta el derrocamiento de Perón en 1955, cuando comienza una serie de eventos aterradores. El cadáver es secuestrado por el teniente coronel Carlos Moori-Koenig el 23 de noviembre y escondido en una dependencia del Ejército, luego ocultado detrás de la pantalla de un cine en el barrio de Villa Crespo en Buenos Aires, más tarde en una casa perteneciente a la entonces SIDE en el barrio de Belgrano, y finalmente, en esta etapa, uno de los encargados de custodiarlo lo lleva a su casa. En medio de la paranoia que la responsabilidad le provocaba, una noche ve una sombra detrás del ataúd, le dispara y mata a su esposa embarazada.
Los responsables políticos de esos tiempos deciden enviar el cuerpo a Italia, y el 23 de abril de 1957, con un nombre falso y sugerente (María Magis de Magistris, "la mayor de las maestras") es enterrado en la sepultura 41 del sector 86 en el Cementerio Maggiore de Milán, gracias a una discreta gestión del Vaticano. El 28 de agosto de 1971, los militares que nuevamente ejercían el poder en la Argentina, deciden la entrega del cadáver dañado por los traslados a su viudo, exiliado en ese entonces en su casa de Puerta de Hierro, en Madrid. Luego de un viaje por rutas de Italia, Francia, cruzando los Pirineos y España, Perón lo recibe y lo reconoce el 1 de setiembre de ese año.
El 17 de noviembre de 1974, luego de la muerte de Perón, en Buenos Aires, mientras ejercía su tercera presidencia, su cuerpo es traído a la Argentina, luego del robo del cadáver de Pedro Eugenio Aramburu por parte de los Montoneros, que exigieron cambiarlo por el de Evita. Finalmente Evita fue ubicada en una cripta en la residencia presidencial de Olivos, junto al ataúd de Perón, y exhibió el cuerpo impúdicamente. Terminó este periplo siniestro cuando en 1976, Evita fue sepultada en el panteón de la familia Duarte en el cementerio porteño de la Recoleta, donde yace hasta hoy por decisión de sus hermanas Blanca y Erminda, respetada por sus descendientes.
No cabe duda que Evita es la mujer más significativa del siglo XX argentino, y su vigencia queda demostrada por las polémicas que aún despierta su actuación pública y su personalidad, a pesar de los 74 años que nos separan de la muerte de la "abanderada de los humildes". Sin duda este artículo ha hecho una apretada síntesis de la vida apasionante de una mujer apasionada, y muchos hechos han quedado omitidos, pero es la intención realizar una pintura de la vida y de la obra de la segunda esposa del presidente Juan Perón.