Viceversa

Las grandes mujeres del teatro rioplatense

Por Eduardo Lazzari, historiador.

La historia del arte en el río de la Plata, la región más pobre del dominio español americano ha quedado relegada en el relato, salvo por los grandes trabajos de los especialistas en cada uno de los temas referidos a la lectura de la producción artística en estas tierras desde los lejanos siglos XVI y XVII. También es cierto reconocer que no hay grandes muestras de la elevación de las almas por el arte en el actual territorio nacional, quizá por esa condición marginal en las corrientes culturales españolas hasta 1810. Y también es verdadero que recién hacia finales del siglo XIX es que la Argentina empieza a descollar en disciplinas tan variadas como la pintura y la escultura, el teatro y la literatura.

Lo ocurrido con el teatro tiene además el condimento vinculado a la condición de la mujer, relegada en el arte como en muchos aspectos de la vida social. Sin embargo, ya desde los tiempos del teatro griego, los primeros autores incorporaron a las féminas como protagonistas de las comedias y de las tragedias hace más de veinticinco siglos, aunque en las representaciones públicas de los comienzos del teatro se recurría a hombres caracterizados como mujeres para esos papeles.

Si se compara la participación de la mujer en el teatro, con la presencia en las demás artes clásicas, como la música, la escultura, la pintura, la arquitectura o la literatura, durante muchos años sólo estaba reservado el papel de invitada y vedado el rol de autora, compositora o artista y la interpretación sólo era ocasional. Toda selección siempre tiene un sesgo caprichoso e injusto. En este artículo nos dedicaremos hoy a dos mujeres que se destacaron, desde hace mucho, como las protagonistas excluyentes de su tiempo en el arte de los escenarios, fuere el teatro o el cine. Actrices que con su carácter marcaron épocas inolvidables.

TRINIDAD GUEVARA

La pionera de los escenarios del Río de la Plata

Trinidad Ladrón de Guevara nace en 1798 en el pueblo de Santo Domingo Soriano, en la Banda Oriental, en el hogar formado por don Joaquín, archivero y actor, y doña Dominga de Cuevas. Iniciado el siglo XIX, la familia se traslada a Montevideo, donde el padre de Trinidad es contratado en la Casa de Comedias, que era el primer teatro habilitado en la ciudad, para cumplir con su vocación artística: la actuación. La niña se destaca por su capacidad histriónica y el poeta Bartolomé Hidalgo, a quien se considera el pionero del teatro gauchesco en el Virreinato del Río de la Plata, la contrata para actuar como actriz secundaria cuando Trinidad cuenta con sólo trece años, obviamente con la autorización de sus padres. Eran los tiempos de la revolución de Mayo.

La actriz comienza a destacarse, fuera cual fuere el repertorio: dramático, cómico o satírico, por lo que cuatro años después, en 1815, ya desatada la guerra de la Independencia, consigue su primer papel protagónico, auspiciada por quien es considerada la primera actriz oriental, Petronila Serrano. Trinidad se convierte en una artista muy popular y lleva el teatro a su máxima expresión en todo el Río de la Plata.  

Su carácter independiente la lleva a convertirse en madre soltera, como consecuencia de su romance con Manuel Oribe, quien iba a convertirse años después en uno de los personajes más importantes del Uruguay como jefe del Partido Blanco, aliado al gobernador porteño Juan Manuel de Rosas, llegando a ser presidente del Uruguay. El nacimiento de su hija es en 1816, y las costumbres sociales de ese tiempo la obligan a entregarla para que sea educada por la familia de su amante. Sumado este hecho desgraciado a la invasión de las tropas portuguesas del Brasil al territorio oriental, cruza el "charco" y se radica en Buenos Aires en los inicios de 1817.

Se presenta en el Coliseo, único teatro porteño ubicado en las inmediaciones de la iglesia de la Merced, donde se convierte rápidamente en la preferida del público porteño, representando una gran variedad de obras, destacándose "Hamlet", "Otelo" y "Hernani", llegando a interpretar personajes masculinos con una solvencia que quedó registrada por la historia. Su popularidad la llevó a organizar giras por Córdoba, Mendoza y Santiago de Chile, regresando a su tierra, el Uruguay recién en 1848. Se despidió de los escenarios en 1856, interpretando "La Cisterna", en el teatro "El Porvenir" de la capital argentina. Queda evidenciada su larga permanencia en el favor del público ya que fueron 45 años de trayectoria en los escenarios.

Su vida privada no estuvo exenta de polémica, ya que mantuvo una relación estable con un hombre casado con el que tuvo seis hijos. El ambiente conservador de esos tiempos la declaró "prostituida", a instancias de la Iglesia, pero no dejó de actuar salvo en contados momentos. Murió en Buenos Aires a los 75 años en 1873, en medio del olvido. Muchos años después comenzó el reconocimiento a su carrera teatral, creándose el premio que lleva su nombre y es el más prestigioso del teatro argentino. En la década de 1990 a algunas calles del país y del Uruguay se le impuso su nombre. El teatro municipal de Luján en la provincia de Buenos Aires lleva su nombre.

BLANCA PODESTÁ

La musa del gran clan del teatro criollo

La ciudad de La Plata era en 1887, a sólo cinco años de su fundación, la demostración del carácter argentino y su confianza en el futuro. Dice Félix Luna que La Plata fue el mejor plan de gobierno de la historia, por su planificación, su realización y su continuidad. La nueva capital será testigo del comienzo artístico del clan Podestá, la dinastía más importante de los escenarios argentinos, caracterizada sobre todo porque su patriarca, don José, se convierte en el creador del circo criollo, la primera manifestación cultural del arte escénico con carácter nacional. 

El 6 de julio de 1887 nace en la capital de la provincia de Buenos Aires Luis Blanca Podestá, hija de Jerónimo y Ana Viscay, que también sería hermana de María, sobrina de Pablo, Antonio y Pepe, el legendario Pepino el 88, todos los Podestá. El carácter trashumante de los artistas hace que sea bautizada en la catedral de Córdoba al año siguiente. Ya por entonces la familia disfrutaba de un prestigio y una popularidad única, sobre todo desde la puesta en escena de "Juan Moreira", obra de Eduardo Gutiérrez considerada el inicio del teatro criollo, cuyo éxito estuvo también vinculado a la polémica que desató la exaltación de un personaje también considerado por muchos un bandido. Hoy un teatro con forma de circo en la ciudad de La Plata se llama Coliseo Podestá en homenaje a todo el clan. 

Blanca, criada en ese ambiente bohemio, debuta en los escenarios a los seis años, y nunca más dejó la actuación. De los pocos hechos no vinculados al teatro que se recuerdan es su casamiento con Alberto Ballerini. El gran dramaturgo español Jacinto Benavente la calificó como la actriz "de mayor carácter dramático del teatro del Río de la Plata". Durante años Blanca transitó por los teatros sudamericanos representando obras clásicas y sobre todo protagonizando los estrenos de los más diversos autores, sin importar la temática sino la calidad artística de las obras.

Se destacó en la década de 1930 como una notable actriz de radioteatro, demostrando una gran ductilidad en la interpretación de personajes de las más variadas características. Podía representar a una dama de la alta sociedad con tanta solvencia como a una mujer de la calle. Supo además transitar por los repertorios clásicos y modernos, tanto de autores extranjeros como argentinos. Le fascinaba representar al autor Belisario Roldán, que por su capacidad oratoria y la facilidad de incorporar discursos a sus obras era conocido como "pico de oro". Era la actriz predilecta de los autores argentinos para los estrenos de sus obras. Desde 1943 se convierte en actriz de la Comedia Nacional, y deslumbra en las temporadas del Teatro Cervantes, único teatro nacional en la Argentina. A lo largo de su vida artística representó más de quinientos personajes.

En el cine se destacó por interpretar a personajes de la historia argentina, habiendo filmado en 1910 la primera versión del drama "Camila O'Gorman", dirigida por Mario Gallo, pionero del cine argentino. En 1925 se convierte en "Manuelita Rosas" y en 1942 participa de "Sendas Cruzadas", una película que será su despedida de la pantalla grande. Muere en Buenos Aires el 17 de mayo de 1967, a los 79 años, y está sepultada en el panteón de la familia García Velloso, en el cementerio porteño de la Recoleta. Pocos meses después de su muerte, el teatro porteño "Smart" cambió su nombre por el de "Blanca Podestá" siendo la primera sala argentina en recibir el nombre de una actriz. Lamentablemente, hace pocos años, al convertirse en un teatro con varias salas, se le quitó el nombre que engalanaba la calle Corrientes. Hay calles y plazas con su nombre en todo el país.

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