Santiago

Reflexión sobre la Autonomía de Santiago Del Estero al cumplirse 206 años de su proclamación

Por Clemente Di Lullo. Historiador.

Desde la perspectiva que da el transcurso de dos siglos y un poco más de la Declaración de la Autonomía de la provincia de Santiago del Estero, se hace necesaria una reflexión profunda sobre el devenir del proceso desde aquel 27 de abril de 1820 hasta el presente.

Para comenzar, debemos ponerla relación de contexto con la Revolución de Mayo de 1810 y la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816, pues fue hija de ellas. 

 Afirman destacados historiadores santiagueños (Alén Lascano, Mercedes Tenti, Cecilia Rossi, entre otros) que dichos sucesos "no cambiaron mucho la vida de las ciudades del interior". Efectivamente, las jurisdicciones virreinales seguían vigentes al igual que la designación desde Buenos Aires de las autoridades (gobernadores – intendentes). Es más, crecía en ellas la percepción de que "se había sustituído el despotismo de Madrid por el de Buenos", comenta enfáticamente el historiador Félix Luna en "Breve Historia de los Argentinos (1980, p. 80).

Esta desconsideración política provocó un hondo sentimiento de frustración y desconfianza creciente porque los principios de libertad, igualdad y fraternidad proclamados por los dos hitos históricos mencionados no se cumplían. 

Dicha situación provocó un complejo proceso de tensión entre el interior y Buenos Aires cuya deriva fue la cruenta guerra civil fratricida conocida como "anarquía del año XX" en cuyo contexto las ciudades se dieron su autonomía al mismo tiempo que proclamaron su adhesión al principio republicano, representativo y federal.

Avanzando en el derrotero histórico, es conocido que los protagonistas principales de la autonomía de Santiago del Estero, cada uno dentro de su circunstancia temporal fueron "el capitán Pedro Domingo Isnardi, en abril de 1815, comandó la primera rebelión en pro del autonomismo santiagueño, quien contó con el apoyo de la élite político militar separatista consolidada después del movimiento de Fontezuelas y la caída de Alvear" (Peralta Puy, H. (2019); el Coronel Juan Francisco Borges, quien encabezó dos levantamientos (setiembre de 1815 y diciembre de 1816) en oposición a los atropellos y abusos cometidos por el Teniente de Gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, de quien dependía entonces la ciudad de Santiago del Estero en calidad de Tenencia de Gobernación. Fue él quien encendió en los espíritus abatidos de la población el ímpetu y las ansias de luchar contra la opresión tucumana para lograr la libertad política de la ciudad al mismo tiempo que proclamaba su adhesión a los principios federalistas, en su versión artiguista. Por eso es reconocido como precursor de nuestra autonomía a la vez que primera víctima del proceso autonomista ya que derrotado en Pitambalá fue fusilado en Santo Domingo, en enero de 1817,por orden dada por Manuel Belgrano, en cumplimiento por lo dispuesto por la resolución del Congreso de Tucumán; a continuación, el protagonismo se desplaza hacia la figura de Comandante de Abipones, Juan Felipe Ibarra, quien convocado por el Cabildo santiagueño, se hizo presente en la ciudad con su ejército, depuso a los miembros del Cabildo adictos a Aráoz y poco esfuerzo le costó derrotar a las fuerzas enviadas desde Tucumán a las que venció sin atenuantes el 31 de marzo de 1820 y acto seguido, el 27 de abril hizo que los nuevos integrantes del Cabildo firmaran el Acta de Declaración de la Autonomía, que fue reconocida poco tiempo después por las autoridades tucumanas mediante el Tratado de Vinará. Síntesis: Sin Borges no hubiéramos tenido Ibarra ni tampoco autonomía.

El análisis de las acciones emprendidas por Ibarra como primer gobernador de Santiago del Estero no modificaron el tablero político, económico y social de la población. Como resúmen, exponemos que el único avance se dio en el sentido de afirmar la autonomía y el federalismo convirtiéndose en líder regional y caudillo invencible para el centralismo porteño. También tuvo logros en cuanto a extender el sentimiento de pertenencia y unidad espiritual entre la comunidad santiagueña. De igual modo resalta su permanente reclamo a Rosas, al frente de la Confederación Argentina la reunión de una Asamblea Constituyente que organizara el gobierno nacional en unión con las provincias. Su gobierno duró hasta 1851, año en que fallece.

Le sucede la trilogía de la familia Taboada, Manuel (el gobernador), Ramón Antonino (el militar) y José Gaspar (el economista o financista). 

A ellos les tocó actuar en un nuevo periodo de transición política, ya que la derrota de Rosas en la batalla de Caseros puso fin a su gobierno y le obligó a exilarse en Inglaterra. terminado el gobierno de Rosas. Hacemos referencia al período conocido como el de la Organización Nacional que dio origen a la sanción de la Constitución de 1853 que impuso el sistema de gobierno republicano, representativo y federal. La unión definitiva con Bs. As. recién se concretó mediante la aprobación de la Reforma Constitucional de 1860 que otorgó al gobierno porteño el manejo de la recaudación de impuestos aduaneros por derecho de exportación e importación. Claramente esta disposición permitió la constante prosperidad económica de Buenos Aires en proporción asimétrica con la decadencia y debilidad económica y política de los gobiernos provinciales

Esta familia utilizó como estrategia el "acomodamiento a las circunstancias". Asi, pasaron de rosistas a urquicistas y finalmente hicieron alianza con Bartolomé Mitre, el nuevo Presidente de la Nación Argentina entre 1862-1868. 

La etapa taboadista se caracterizó por dar forma a creaciones institucionales como la primera Legislatura Provincial y la Primera Constitución Provincial (1856), ley de creación del Juzgado Federal (1863) y ley Orgánica y Reglamento de Administración de Justicia (1864), pero esto avance organizativo, según M. Tenti "más bien configuran las correspondientes a un proto estado, en donde conviven formas institucionales del antiguo régimen y del caudillismo ibarrista".

En procura de insertar a la provincia en el mercado nacional e internacional se puso en marcha el proyecto de Canalización del río Salado que, a su vez, permitiría el aprovechamiento de los espacios económicos incorporados después de empujar a los indios cada vez más lejos del Salado, desde siempre frontera natural histórica. El ambicioso proyecto terminó en fracaso y con él cayó el sueño dorado del desarrollo regional del NOA. Entonces, sin posibilidades de aumentar los recursos económicos la autonomía siguió siendo una esperanza a largo plazo y solo se sostuvo por el apoyo económico del gobierno nacional, como se dijo anteriormente. Pero la llegada de D.F. Sarmiento a la presidencia de la Nación (1868 - 1874), a quien no apoyaron los Taboada, dejó una secuela muy grave de marginación política y de decadencia económica, que configuró a Santiago del Estero como una de las provincias más pobres de la región.

Las dos últimas décadas del siglo XX fueron testigos de la caída de la hegemonía política liberal mitrista, reemplazada por la corriente progresista que encarnó la Presidencia del general Julio Argentino Roca. El nuevo régimen significó la imposición de la obediencia (sin términos medios) a la autoridad presidencial por parte de los gobernadores provinciales que vieron perdido "todo afán autonomista" (Alén Lascano, "Historia de Santiago del Estero", p. 397)

El despliegue modernista del roquismo tuvo su mayor símbolo en la introducción del ferrocarril y la explotación forestal que aplicada a Santiago del Estero dio lugar, a principios del siglo XX, a la expoliación de millones de quebrachos colorados, la desaparición del bosque y la pobreza con signos de miserabilidad para la población de los pueblos que habían surgido en torno a las estaciones del ferrocarril. Otro sueño de despegue económico que terminó hecho añicos y puso en jaque la estabilidad política como lo demuestra el hecho de que a fines del siglo XIX, la provincia fue intervenida por el gobierno nacional en siete oportunidades y en el siglo XX, treinta y tres veces, lo que representa 25 años en los que el gobierno de la provincia estuvo en manos de foráneos. Ergo, nada de autonomía y mucho de pobreza. Fue entonces que Santiago "expulsó más de un millón y medio de sus recursos humanos disponibles. No existe economía en el mundo capaz de soportar tal proceso sin acusar impacto en su desarrollo económico" (López, C. Diario "El Liberal". Edición del Centenario, p. 442)

Finalizamos nuestras reflexiones diciendo que pasados 200 años de la declaración de la autonomía provincial, son más los fracasos que los logros por parte de quienes tuvieron en sus manos la posibilidad de tomar las grandes decisiones que aúnen el compromiso de los gobernantes, sectores económicos productivos, grupos intermedios de consensuar un proyecto integral que permita la fortaleza política y económica que sirviera para afirmar la presencia y acción de Santiago del Estero en el concierto nacional como una provincia capaz de sostener por sí misma la dignidad de estado definidamente autónomo.

Esos doscientos años los vivimos como una democracia híbrida, es decir con formato legal autónomo pero con precariedad económica que aumenta la dependencia política.

Se trata, entonces, de asumir los errores del pasado y afirmar nuestra responsabilidad ciudadana como vector del cambio, para lo cual, obligadamente, debemos realizar un cambio profundo en nuestra mentalidad político – socio – cultural que nos haga verdaderos protagonistas de nuestro norte geográfico y nuestro sentido histórico de provincia autónoma dentro de un sistema de gobierno republicano y federal.

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