¿Cómo cortar el cordón umbilical con tu madre al casarte?
Por Anna Ashkova
Entre la lealtad emocional, la dificultad para establecer límites y el miedo a decepcionar, a algunos hombres les cuesta distanciarse de su madre. Una dinámica que plantea interrogantes y que a menudo pone a prueba el equilibrio de su vida sentimental y familiar. ¿Cómo cortar el cordón umbilical sin problemas?
En muchas parejas, el tema de la suegra surge de forma casi inevitable. A veces de forma velada, otras de manera directa. Y a menudo, con la misma sensación por parte del hombre: la de sentirse dividido entre dos mujeres, sin poder decidirse y sin cortar el cordón umbilical con la madre. Una situación que, con el paso del tiempo, puede convertirse en una fuente de tensiones recurrentes, o incluso de profunda incomprensión en la pareja. No necesariamente porque la suegra se entrometa a propósito (aunque eso pueda suceder), sino sobre todo porque su influencia sigue muy presente en las decisiones, los hábitos o las reacciones del hijo ya adulto.
"Las relaciones entre un hombre y su madre, y entre una mujer y su madre, son diferentes", explica Bérengère de Charentenay, terapeuta matrimonial y familiar en Morbihan. "En algunas mujeres se observa una gran complicidad con su madre, y les resulta más fácil tomar distancia". Entre las parejas a las que acompaña, hay una constatación que se repite con frecuencia: las mujeres expresan más fácilmente el deseo de que su pareja consiga distanciarse de su madre.
Lo contrario es mucho más raro. "Para algunos hombres, el conflicto es difícil y no siempre comprenden los retos relacionales que están en juego", añade. Detrás de esta observación, una pregunta central: ¿por qué es tan difícil este distanciamiento?
Las múltiples facetas de la relación madre-hijo
Según la especialista, existen varias configuraciones. Empezando por aquella en la que la relación madre-hijo sigue siendo muy fusional hasta la edad adulta. "Hay hombres que permanecen en una posición de 'hijo de', y a quienes les puede resultar difícil afirmarse como adultos frente a sus padres. Para tomar una decisión, siguen recurriendo en gran medida a su madre, como si ella se cerniera simbólicamente sobre ellos.
Existe entonces un miedo a desagradar o decepcionar", explica Bérengère de Charentenay. En estas situaciones, la madre se convierte en una referencia implícita permanente, incluso en las decisiones cotidianas. Alice, de 40 años, observa este funcionamiento en su marido Jean:
"Nos casamos tarde y, antes de conocerme, mi marido siempre había vivido con sus padres. Es el benjamín de la familia, y su madre lo mimaba mucho, hasta el punto de elegirle la ropa El resultado es que, en nuestra vida cotidiana de recién casados, a menudo le cuesta tomar decisiones y liberarse de la influencia de su madre".
Para comprender mejor esta dinámica, Bérengère de Charentenay propone una pregunta sencilla: ¿qué forma parte de mi pertenencia familiar y qué hago para diferenciarme y poder existir plenamente? Esto también remite a la seguridad afectiva construida en la infancia: ¿era el vínculo lo suficientemente seguro como para permitir la separación psíquica? "El desacuerdo no afecta al amor, recuerda la consejera. El amor parental incondicional no está condicionado a las elecciones o a los comportamientos".
La pareja como un nuevo espacio por construir
A esta lealtad se suma a menudo el miedo al conflicto. Decir "no", poner un límite u oponerse puede vivirse como una forma de traición, incluso cuando la relación es sólida. Sin embargo, el desacuerdo no significa ruptura. La dificultad radica más bien en la capacidad de reorientar el vínculo sin romperlo. En esta dinámica, la pareja desempeña un papel central. Se convierte en un espacio propio que debe encontrar su propia organización.
"En la pareja, es esencial delimitar fronteras, sobre todo al inicio de su construcción, ya que necesita crear su propio núcleo familiar, con sus propias reglas y límites", explica Bérengère de Charentenay. Esto no significa excluir a las familias de origen, sino definir el lugar que les corresponde. Se trata de construir un espacio de pareja diferenciado, manteniendo a los padres como personas cercanas, pero fuera de la intimidad conyugal.
Aceptar que la relación con los padres evoluciona es un paso esencial. Esto puede incluso ir acompañado de un cierto proceso de duelo, sobre todo por parte de los padres, ante la diferenciación de su hijo, que ya se ha convertido en adulto. Pero la calidad del vínculo no desaparece por ello. "No disminuye, pero ya no se sitúa en el mismo terreno", concluye la asesora. "Hacerse adulto implica diferenciar las relaciones y hacerlas evolucionar, aunque no siempre sea fácil", concluye Bérengère de Charentenay.
Fuentes consultadas: Aletia.