Opinión

¿Es bueno tener ambiciones a lo largo de nuestra vida?

Por Hélène Diethrich

Tener ambiciones en diversos campos y aspirar a lo más alto para superar los propios límites proporciona una sensación de logro y libertad. Esto es cierto independientemente de lo que algunos puedan pensar, mirando con envidia a esa persona que destaca entre las demás.

¿Quién es el más indicado para promocionarse a sí mismo? Nosotros mismos. Creer en uno mismo es una profecía autocumplida. Repetirse a uno mismo "lo conseguiré, lo conseguiré" da sus frutos de forma misteriosa. Sea cual sea la edad, uno puede encontrar la voluntad de lanzarse a escribir un libro, presentarse a un examen de música o de pilotaje, solicitar un ascenso o construir la casa de campo de sus sueños, así como otras ambiciones.

"Impón tu suerte, sirve a tu felicidad y ve hacia tu riesgo", escribió el poeta René Char. Dios conoce los talentos de cada uno de nosotros y sabe que somos únicos e irremplazables. Nos corresponde a nosotros mejorar el mundo pensando en grande, en los ámbitos académico, profesional, relacional, deportivo, espiritual… A la hora de acostarse, a los anglosajones les gusta decirles a sus hijos: "Sleep well and dream big" ("Duerme bien y sueña en grande").

El síndrome de la amapola gigante

Esta expresión hace referencia a una cultura de grupo que busca mantener una cierta uniformidad entre los distintos talentos y logros de sus miembros. En ella, está mal visto destacar por encima del nivel medio del grupo. La imagen de la amapola más grande del campo, a la que se le corta la cabeza para devolverla a su "correcto" tamaño, ilustra cómo, en ciertos entornos, se frenan los talentos. El éxito ajeno se interpreta como una desvalorización para alguien que, por su parte, no busca superar sus límites.

La persona brillante se convierte entonces en objeto de maledicencias, insinuaciones y cuestionamientos sobre su legitimidad. Un ejemplo: "le va bien en el trabajo porque no tiene nada más en su vida". Este síndrome de la amapola grande reprime las veleidades de innovar o de distinguirse de los demás. Un estudio canadiense realizado en 2023 por el colectivo Women of Interest reveló que casi el 90 % de las personas encuestadas había experimentado este fenómeno en su entorno profesional.

Brillar por uno mismo no implica eclipsar a los demás, ni anteponer los intereses personales a los del colectivo.

Virginie Louault, autora de "Tan alto como una amapola grande", replica que brillar por uno mismo no implica eclipsar a los demás, ni anteponer los intereses personales a los del colectivo. Tampoco excluye celebrar los éxitos de los demás. Cada uno de nosotros tiene la misión de brillar, sea cual sea el ámbito. Destacar entre los demás es loable. Aspirar a elevarse por encima del grupo revela en nosotros posibilidades más amplias y una embriaguez de libertad, explica la coach Clotilde Dusoulier en su podcast "Cambiar mi vida / Mantener mi impulso". Este estímulo puede provenir de rodearse de personas que también tengan ambiciones.

A veces, la autolimitación de las ambiciones proviene de las etiquetas que se le han pegado a esa persona, reduciéndola a un comportamiento o a un diagnóstico ("nunca has sido de los estudios", "as matemáticas no son lo tuyo"). Aunque resulte tentador encasillar a la gente, las consecuencias no son insignificantes.

Esta estigmatización puede ser paralizante, ya que, al escuchar constantemente estos juicios, el individuo acaba interiorizándolos, explica el investigador en psicología social Robert-Vincent Joule en su libro Petit traité de manipulation à l'usage des honnêtes gens (PUG, 2024). Comprender el papel que desempeñan estas "etiquetas" en las decisiones vitales permite desprenderse de ellas poco a poco.

Intentarlo dando lo mejor de uno mismo nos libera del arrepentimiento de no haberlo intentado. El fracaso, si llega a producirse, no es más que el primer intento de alcanzar el éxito. Se aprende mucho de los reveses que se sufren en la vida. El pastor estadounidense Norman Vincent Peale, autor del libro El poder del pensamiento positivo, recomienda de forma muy bonita apuntar a la Luna: "Apunta a la Luna, y si no la alcanzas, caerás entre las estrellas".

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS