El legado de doña Susana a la tradicional fiesta patronal del Señor Hallado
Por Luciana Heredia
La vida de Blanca Susana Jiménez, doña Susana para todos, es de esas historias que todos necesitamos conocer. Por inspiradora y ejemplar.
Fiel devota del Señor Hallado, dedicó toda su vida al servicio de la comunidad, entregada, valiente y fuerte.
La vida no fue fácil para ella, sin embargo, con su gran amor y trabajo honesto crió a sus 10 hijos. De profesión modista, realizaba labores y costuras; criaba animales, lo que le permitía mantener a su familia. Nada de lo que vivió la hizo dudar de su fe, ni renegar de su amor a Jesús.
Desde muy joven se hizo cargo de la animación y coordinación de la capilla, acompañaba a la comunidad con sus rezos. Nunca se negaba a quien se lo pedía. Rezaba en donde se le pedía, jamás decía que no, especialmente cuando se trataba de un responso. Comunidades vecinas acudían siempre a ella.
Gente de valor
Tenía su grupo de compañeros que siempre la apoyaban: Orlanda Ávila (doña Pocha), Facunda Palavecino, Úrsula Alderete, Dora Sandoval, Ubertel Jiménez, Marcelo Llanos, Carlota Sandoval, Ignacia Jiménez y Laurinda Navarro, entre otras.
Con el tiempo y las enfermedades, llegaron también las pérdidas de muchos de sus compañeros de camino. Sin embargo, ella siguió hasta el último día en que pudo caminar con su bastón.
Si bien los últimos años de vida no fueron nada fáciles, ella quiso seguir participando en la fiesta de su Señor Hallado, y ofreció su casa para recibir a todos los peregrinos y brindarles un rico desayuno para poder participar en la procesión de la fiesta.
Luego de unos años de lucha, falleció el 2 de septiembre de 2014, a la edad de 73 años.
Legado familiar
Su testimonio de vida no fue en vano, especialmente para su familia, que cada año en el mes de mayo para la fiesta del Señor Hallado regresa a su casa a recordarla como ella siempre quiso, preparando el desayuno para ofrecerles a los promesantes, peregrinos y jinetes.
Siempre lo preparan con mucho amor, especialmente su hija "Maga" (la asignada por su madre), quien se encarga de conseguir todo lo necesario. También la familia toda colabora de una u otra manera.
Algunos vecinos también ayudan con una zorra con leña, por ejemplo, y así entre todos poder ofrecer lo mejor a esos hermanos en la fe que llegan cada año a cumplir sus promesas.
Un locro memorable
Además, tradicionalmente son sus manos expertas las responsables de preparar el tradicional locro (encargado por ella a su hija Nilda, luego de que falleciera su amiga Dora Sandoval, quien solía prepararlo previamente) y quien desde ese entonces lo prepara junto a sus hijos, sobrinos y nietos.
Es el modo que tiene su familia de recordarla, seguir sus enseñanzas y dar testimonio de su amor. Los hechos del paso de doña Susana por esta vida también quedaron escritos en su memoria y la de su familia, ya que fueron atesorados por sus hijas, cuando cada día ella les contaba todo lo acontecido.
Mujeres de fe
Quizás hoy se extrañan esas mujeres entregadas a la fe, aun en medio de las dificultades propias de la vida, las pruebas por las que muchas veces se debe pasar, pero que reafirman el amor a Jesús. Hoy, más que nunca, estos testimonios mantienen la fe de su pueblo y encuentran en ellos un ejemplo vivo de amor y entrega.