Los que pintaron la Revolución de Mayo
Por la Dra. María Mercedes Tenti.
Desde que concurríamos al jardín de infantes y a la escuela primaria, las maestras nos enseñaban a identificar la gesta de Mayo con imágenes y símbolos tradicionales: el cabildo, los vecinos reunidos en la plaza de Mayo con paraguas porque el día 'amaneció lluvioso', French y Berutti repartiendo escarapelas de color 'celeste y blanco', los sectores populares, especialmente negros o mulatos, vendiendo mazamorra, empanadas y velas, mezclados con damas con peinetón y mantillas y caballeros con levita y galera. Seguramente nos tocó interpretar a algunos de ellos en los actos escolares, para lo que recurríamos a pintarnos con corcho quemado para representar a la población afrodescendiente, o alquilar vestidos o trajes para la ocasión, en los que se celebraba la semana de Mayo y, en particular, el 25 de mayo, el día en que 'nació la Patria'.
Este trabajo sintetiza cómo se fueron forjando esas imágenes que identifican la empresa revolucionaria -desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX- impulsadas por la dirigencia política que buscaba instaurar una idea homogénea de nación, en particular ante la proximidad del centenario de la revolución de Mayo y destacar quiénes fueron sus protagonistas.
Desde la aplicación de las reformas de los hombres de la denominada generación del 80, Buenos Aires se fue transformando en una ciudad moderna, no sólo por sus adelantos urbanísticos, sino también por la circulación de publicaciones periódicas y folletos ilustrados, además de revistas y otras imágenes impresas. El Museo Histórico Nacional y el Museo del Cabildo de Buenos Aires atesoran obras, que muestran cómo se fueron gestando las imágenes de la revolución y de sus actores, de los que muchos no se contaban con retratos en litografías, dibujos o pinturas. Por ello, la labor de los artistas plásticos que reprodujeron la epopeya libertaria implicó un trabajo previo de investigación, para poder representar los rostros y las escenas icónicas del proceso.
El uruguayo Juan Manuel Blanes, de padre español y madre argentina, fue uno de los primeros que comenzó a bocetar las escenas de mayo, en especial el cabildo abierto del 22, investigando en documentación de la época y en relatos orales de algunos protagonistas, que vivían todavía en la década de 1870. Su obra se trata de un óleo sobre tela, de 28,2 x 40 cm (43 x 56 cm con marco) adquirido por el Museo Histórico Nacional en 1901.
El método de Blanes, según el historiador del arte Roberto Amigo era historicista, ya que recurría a archivos, a entrevistas a protagonistas, al análisis de objetos de la época, para ser lo más fiel posible en su reproducción. La obra estuvo dedicada al Dr. Ángel Carranza, director del MHN por entonces. Roberto Amigo afirma que "la iconografía de la voluntad popular era cara a la tradición revolucionaria francesa cuya cabeza de serie era el "Juramento de la Cancha de la Pelota", de David, al paso que afirmaba la identidad republicana como signo esencial de la región. " En realidad su obra es sólo un boceto, que nunca terminó como obra completa, pero que marca el inicio de la pictografía de Mayo, comenzando con el Cabildo abierto del 22 de mayo, en el que se decidió deponer al virrey Cisneros y formar una junta de gobierno patrio. En la pintura se ve a Juan José Castelli, destacando su figura, rodeado por los asistentes y las comunidades coloniales en un segundo plano: los funcionarios del Cabildo al fondo y el obispo y los miembros de la real Audiencia en los costados.
Próximo a celebrarse el centenario de la revolución, el director del Museo Histórico, Carranza, convocó a un concurso de pinturas históricas sobre el tema. Pedro Subercaseaux, pintor chileno de reconocida trayectoria, pintó el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810, Mariano Moreno en su Mesa de Trabajo y El Himno Nacional en la sala de Mariquita Sánchez de Thompson, donde se cantó por primera vez, en 1813. Subercaseaux junto con Guillermo Da Re y Egidio Querciola, son los que iniciaron la elaboración de las imágenes de la revolución. El concurso tenía la finalidad de premiar y adquirir cuadros históricos comprendidos en tres categorías: la primera, el retrato de todos los miembros de la Primera Junta, la segunda de costumbres nacionales y la tercera un contenido de la época de la Independencia.
Los óleos premiados fueron: La Noche del 20 de mayo de 1810 en casa de Nicolás Rodríguez Peña de Guillermo Da Re, que plasma la imagen de los días previos en que los patriotas realizaban reuniones conspirativas; El Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810 de Subercaseaux; la asunción de la Primera Junta con la aguada Juramento de la Junta Gubernativa, 25 de mayo de 1810, de Da Re y al genio de la Revolución, Mariano Moreno representado en dos situaciones especiales, como pensador y escritor en el óleo Mariano Moreno en su Mesa de Trabajo, de Subercaseaux, y al momento de su muerte con Últimos Momentos de Mariano Moreno, óleo de Egidio Querciola.
La pintura de Subercaseaux -de gran tamaño (óleo sobre tela, 299 x 396,5 cm (319 x 416,5 cm con marco), diferente a la de Blanes, intenta resaltar en el cabildo abierto la figura de Moreno, pensativo al frente, a la derecha. Castelli en el centro de la escena, hacia la izquierda, y hacia la derecha los representantes del clero ocupando un lugar central. Esta obra constituye, sin lugar a duda, la más importante de la iconografía revolucionaria. En sus Memorias escribe el autor: "Después de estudiar detenidamente el tema, me construí una maqueta, a escala, de la sala del Cabildo de Buenos Aires a fin de obtener los juegos de luz y perspectiva y lograr así el efecto realista, que yo deseaba".
El retrato de Mariano Moreno o Mariano Moreno en su mesa de trabajo, del mismo autor (óleo sobre tela, 170 x 159 cm, 192 x 182,5 cm con marco). Representa al patriota, en su escritorio, con la pluma en una mano y con la otra tocándose la sien, pensativo, en medio de libros abiertos y cerrados y hojas por escribir, desparramadas en la mesa de trabajo, de noche, alumbrado por una lámpara. Indudablemente quiere representar el genio de la revolución, quien sintetiza los ideales de mayo.
Mención especial merece Léonie Matthis, pintora de origen francés, vino a la Argentina casada con el español, retratista, Francisco Villar. Matthis pintaba en acuarela en una técnica denominada gouache, realizada con capas de pinceladas con acuarela opaca y los colores claros y luces con blanco. Al secarse, los matices ofrecen una tonalidad clara de aspecto trasparente. Su pintura "25 de Mayo de 1810" muestra la movilización de la población de Buenos Aires hacia el Cabildo, caminando, en carretas, a caballo, la plaza de Mayo cerrada, al frente la Recova y al fondo el Cabildo. Se puede observar la influencia de las litografías de Carlos Enrique Pellegrini en la reconstrucción edilicia de la plaza. Asimismo, buscó el asesoramiento de historiadores como Ricardo Levene y Guillermo Furlong, como recurso historiográfico en la búsqueda de antecedentes históricos. La obra es patrimonio del Museo del Cabildo y la Revolución de Mayo y se encuentra en exhibición en la Sala Capitular.
Para finalizar no podemos obviar la obra del pintor catalán Francisco Fortuny, quien a fines del siglo XIX se radicó en Buenos Aires y comenzó a trabajar en periódicos y revistas como La Prensa, Caras y Caretas, Plus Ultra, Billiken, Fray Mocho, La Nación y los manuales Kapeluz, entre otros. Sus dibujos muestran la vida cotidiana del período de entre siglos, pero su huella de mayor alcance la logró a través de la ilustración de libros de lectura para escuelas primarias y secundarias, como la Historia de Grosso y las obras de Mariano Pelliza .
En ocasión del centenario patrio Fortuny produjo la que parece ser su única actividad editorial propia: el Álbum Histórico Argentino. Está compuesto de sesenta cuadros, con láminas en blanco y negro, de escenas notables de la independencia del país y breves textos explicativos. Este álbum muestra una composición más pictórica, que sus dibujos para textos y revistas escolares. Quizás sus obras "25 de Mayo", que muestra el Cabildo con la gente reunida con paraguas y al frente tres hombres, uno de espaldas, y "La primera Junta", que representa a los nueve miembros del primer gobierno patrio, alrededor de una mesa, sean las dos imágenes más difundidas de los fastos de Mayo.
Conclusiones
El análisis de la iconografía sobre la Revolución de Mayo permite comprender cómo la construcción de la identidad nacional argentina no solo se cimentó sobre discursos escritos y documentos oficiales, sino de manera muy potente a través de la producción visual entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Las imágenes tradicionales de la gesta de Mayo (el Cabildo lluvioso, los paraguas, los vendedores ambulantes y los próceres en posturas solemnes) no fueron registros contemporáneos a 1810, sino recreaciones artísticas posteriores. Estas fueron impulsadas deliberadamente por la dirigencia política y cultural de la Generación del 80 y las décadas posteriores con el objetivo de consolidar una idea de nación homogénea, unificada y con mitos de origen claros, especialmente ante la llegada del Centenario en 1910 y el impacto de la inmigración masiva.
Lejos de ser meras invenciones caprichosas, las obras de artistas como Juan Manuel Blanes, Pedro Subercaseaux, Léonie Matthis y Francisco Fortuny implicaron un exhaustivo trabajo de investigación. La consulta de archivos, las entrevistas a sobrevivientes, la construcción de maquetas a escala y el asesoramiento de historiadores de renombre (como Levene o Furlong) demuestran que la pintura histórica funcionó como una extensión de la ciencia historiográfica de la época, buscando la mayor fidelidad posible en la reconstrucción de rostros, vestimentas y arquitectura.
Cada pieza analizada seleccionó y jerarquizó a los protagonistas de acuerdo a los valores que se querían ensalzar. Mientras Blanes y Subercaseaux decidieron iluminar y centralizar las figuras de Castelli y Moreno para encarnar el "genio" y la acción revolucionaria, Matthis optó por recuperar el espacio urbano y la movilización popular, y Fortuny inmortalizó la institucionalidad en la imagen de los miembros de la Primera Junta.
La eficacia de esta presentación iconográfica alcanzó su punto culminante a través de la cultura escolar y los medios gráficos (revistas como Billiken o los manuales de Grosso y Kapelusz). La reproducción sistemática de las ilustraciones de Fortuny y otros artistas en los libros de lectura y los actos escolares fijó de manera indeleble en la memoria colectiva desde la más tierna infancia la estética de "cómo debió verse" el nacimiento de la Patria. En definitiva, el patrimonio atesorado en museos como el Histórico Nacional o el del Cabildo demuestra que la pintura de historia en la Argentina no solo ilustró el pasado, sino que ayudó a crearlo en el imaginario popular, transformando el boceto y el óleo en verdaderos documentos fundacionales de la identidad nacional.