Opinión

25 de Mayo: la revolución que todavía sigue pendiente

Por Greta Blasco Gustafson 

Cada año, cuando llega el 25 de Mayo, las escuelas argentinas vuelven a llenarse de escarapelas celestes y blancas, vendedores ambulantes y representaciones del Cabildo. Escuchamos hablar de los próceres, de la Primera Junta y de los "hombres de Mayo" como si la Revolución hubiese sido un momento claro, una semana ordenada, un acontecimiento heroico en el que todos compartían los mismos objetivos. Sin embargo, detrás de esa imagen tradicional existe una historia mucho más compleja, llena de tensiones, contradicciones, luchas e incluso silencios que todavía hoy continúan presentes en nuestra sociedad.

Pensar el 25 de Mayo no debería significar solamente recordar un acontecimiento del pasado. También implica preguntarnos qué tipo de país comenzó a construirse en 1810, quiénes participaron realmente de ese proceso y cuáles de los sueños revolucionarios siguen aún inconclusos. 

Durante mucho tiempo, la historia enseñó que las ideas revolucionarias habían llegado exclusivamente desde Europa. Se mencionaba la influencia de la Ilustración, la Revolución Francesa o la independencia de los Estados Unidos, como si América hubiese sido únicamente un espacio receptor de ideas extranjeras. Pero la realidad fue mucho más compleja. Antes de Mayo ya existían en América numerosas experiencias de resistencia al dominio colonial. Las rebeliones indígenas, campesinas y populares demostraban que el descontento contra el sistema colonial estaba presente mucho antes de 1810.

Uno de los antecedentes más importantes fue la rebelión encabezada por Túpac Amaru II quien se levantó contra los abusos del sistema colonial español, denunciando la explotación de los pueblos originarios, los impuestos excesivos y las desigualdades sociales. Tupac y su familia perdieron la vida por la causa, ya que fue brutalmente reprimido, este hecho dejó una marca profunda en toda América Latina. Demostró que el poder colonial podía ser cuestionado y que había sectores dispuestos a luchar contra las injusticias del sistema impuesto por España.

También tuvo enorme impacto la Revolución Haitiana, iniciada en 1791. Allí, personas africanas esclavizadas lograron derrotar a una potencia colonial europea y construir el primer Estado independiente de América Latina gobernado por hombres africanos antes esclavizados. La revolución haitiana fue uno de los acontecimientos más revolucionarios de la época porque cuestionó no solo el dominio colonial, sino también la esclavitud y el racismo. Aunque las élites americanas muchas veces observaron este proceso con temor, Haití demostró que la libertad podía ser conquistada incluso por aquellos sectores históricamente considerados inferiores por el sistema colonial.

Otro personaje fundamental fue Francisco de Miranda, quien participó activamente en la Revolución Francesa —al punto de que su nombre figura actualmente en el Arco del Triunfo de París— y difundió en América ideas independentistas mucho antes de 1810. Miranda imaginaba una gran nación latinoamericana libre del dominio español y sus ideas circularon entre muchos revolucionarios americanos. Todo esto demuestra que Mayo no nació únicamente mirando a Europa: América también producía pensamiento político, resistencia y proyectos de emancipación propios.

Sin embargo, la Revolución de Mayo tampoco fue un proceso homogéneo. Dentro de la propia Primera Junta existían profundas diferencias sobre el rumbo que debía tomar la revolución. Allí apareció una de las figuras más importantes y polémicas del período: Mariano Moreno. Moreno representaba el sector más radical del proceso revolucionario. Influenciado por las ideas ilustradas, defendía la soberanía popular, la libertad de prensa y la necesidad de transformar profundamente las estructuras coloniales.

A través de La Gazeta de Buenos Ayres, Moreno buscó difundir las ideas revolucionarias y generar participación política en la población. Consideraba que la revolución debía avanzar rápidamente para evitar el regreso del poder español y romper definitivamente con el viejo orden colonial. Su pensamiento quedó reflejado en el llamado "Plan de Operaciones", donde proponía medidas firmes para consolidar el nuevo gobierno y enfrentar a los enemigos de la revolución.

Pero las ideas de Moreno encontraron fuertes resistencias dentro de la Junta. El sector liderado por Cornelio Saavedra defendía posiciones más moderadas y vinculadas a los grupos tradicionales de poder. Mientras Moreno pretendía acelerar las transformaciones revolucionarias, Saavedra buscaba mayor prudencia y estabilidad política. Estas tensiones reflejaban proyectos distintos de país y marcaron el inicio de divisiones políticas que luego continuarían a lo largo de toda la historia argentina.

Con el paso del tiempo, estas tensiones políticas adoptaron distintas formas: unitarios y federales en el siglo XIX, radicales y conservadores a comienzos del XX, y posteriormente peronistas y antiperonistas. La Argentina nació atravesada por conflictos políticos acerca de quién debía ejercer el poder, cómo distribuir la riqueza y qué modelo de país construir. Muchas veces estas diferencias terminaron generando enfrentamientos violentos, crisis institucionales e incluso golpes de Estado. Por eso, el 25 de Mayo también puede pensarse como el comienzo de debates políticos que todavía siguen abiertos.

Pero además de las divisiones políticas, existe otro aspecto fundamental que durante mucho tiempo quedó invisibilizado: la participación de las mujeres en la Revolución de Mayo. La historia tradicional construyó durante décadas un relato protagonizado casi exclusivamente por hombres. 

Muchas colaboraron organizando reuniones políticas, transmitiendo información, reuniendo recursos económicos o funcionando como espías y mensajeras. Mariquita Sánchez de Thompson convirtió su casa en un espacio de encuentro para revolucionarios e intelectuales. Otras mujeres participaron directamente en las guerras por la independencia, como Juana Azurduy, quien luchó en el Alto Perú defendiendo la causa revolucionaria o María Magdalena (Macacha) Güemes como espía en el Norte.

Entre las figuras más importantes recuperadas recientemente aparece también María Remedios del Valle, conocida hoy como "Madre de la Patria". Afrodescendiente y perteneciente a sectores populares, acompañó al Ejército del Norte durante las campañas revolucionarias, asistió soldados heridos y combatió en distintas batallas. Sin embargo, durante mucho tiempo su figura fue ignorada por la historia oficial. Su recuperación permite comprender cómo la memoria nacional invisibilizó no solo a las mujeres, sino también a afrodescendientes y sectores populares que participaron activamente en la construcción del país.

La exclusión de estas voces no fue casual. Durante gran parte del siglo XIX y buena parte del XX, la historia argentina se escribió desde una mirada centrada en las élites políticas y militares. Recuperar hoy la participación femenina y popular implica construir una visión más democrática e inclusiva del pasado. También nos obliga a preguntarnos cuántas historias siguen todavía silenciadas.

Más de dos siglos después, muchos de los problemas que atravesaban a la sociedad revolucionaria continúan presentes. La desigualdad social, la concentración económica, la pobreza y la dependencia externa siguen siendo temas centrales en la Argentina contemporánea. La revolución proclamó ideales de libertad e igualdad, pero esos derechos no alcanzaron a todos por igual. Las mujeres quedaron excluidas de la participación política formal durante décadas; los pueblos originarios continuaron siendo perseguidos y despojados de sus territorios; y los sectores populares siguieron enfrentando enormes dificultades para acceder a mejores condiciones de vida.

Por eso, recordar el 25 de Mayo no debería limitarse a repetir fechas o nombres importantes. También debería servir para reflexionar críticamente sobre nuestra historia y sobre los desafíos que todavía permanecen abiertos. La revolución no fue un hecho terminado en 1810. En muchos sentidos, sigue siendo una tarea inconclusa.

Tal vez la pregunta más importante no sea únicamente qué ocurrió frente al Cabildo aquella semana de Mayo, sino qué significa hoy construir una patria más justa, más igualitaria e inclusiva. Una patria donde todas las voces sean escuchadas y donde la historia no vuelva a dejar afuera a quienes también ayudaron a construirla. 

Muchas veces, como sociedad, seguimos buscando soluciones y modelos exclusivamente en experiencias extranjeras, sin detenernos lo suficiente a pensar nuestras propias realidades y necesidades. Tal vez uno de los desafíos pendientes sea justamente construir respuestas desde nuestra historia, nuestra cultura y nuestro presente como nación y mirar como cambiarla desde nuestro pequeño lugar que hoy nos toca como ciudadanos de esta bella nación. Porque quizás el verdadero sentido del 25 de Mayo no esté solamente en mirar el pasado con orgullo, sino en animarnos a pensar qué país queremos construir hacia el futuro.

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS