El Mundial y León XIV levantan el ánimo: los Milei apuestan al segundo semestre, mientras cascotean a Bullrich
Por Marcos Novaro.
Salvo el diputado Benegas Lynch, inflexible ideólogo en guerra abierta contra la doctrina social de la Iglesia católica, todos en el gobierno se tomaron las palabras del arzobispo García Cuerva en el Tedéum con mucha más soda que otras veces. Consideraron "componedor" que solo hiciera referencias elípticas contra la economía de mercado, el individualismo y todos los demás valores que abraza LLA. Y agradecieron que las críticas a la polarización aludieran a problemas que "vienen de muchos años", es decir, que en todo caso se comparten con el kirchnerismo.
Apenas si molestó al Presidente que hablara contra el "terrorismo en las redes", pero hay que entender que para un liberal como Milei, que la Iglesia se preocupe por los daños que puede acarrear la tecnología, como hace con este asunto nuestro arzobispo para ponerse en sintonía con la nueva onda que emana del Vaticano (focalizada en la IA), es un problema menor comparado con el que enfrentaban cuando ella promovía un antiliberalismo cerril, una guerra abierta contra el libremercado.
¿Por qué García Cuerva se moderó y los mileistas minimizaron sus desacuerdos? Porque los dos bandos, la Iglesia argentina y la Casa Rosada, están rezando al unísono para que León XIV no sobrevuele nuestro país, como hizo varias veces su antecesor, y nos regale con una visita llena de bendiciones y buenos presagios. Si por seguir cascoteándose entre las dos esquinas de Plaza de Mayo, en el Vaticano decidieran no hacer ninguna escala entre Uruguay y Perú, sus dos destinos más seguros en la gira que emprenderá el Papa en noviembre por la región, sería una catástrofe para ambos. Y si en cambio éste confirmara la visita, sería un regalo del cielo, en particular para el gobierno: tendrá el premio que no consiguieron Cristina, Macri, ni Alberto, sin esforzarse ni una décima parte que todos ellos.
Una similar estrategia componedora intenta Milei, vía su ministro Mahiques, para no complicarse el disfrute de un eventual buen desempeño de la scaloneta en el Mundial que está por comenzar.
El papa, el Mundial y la AFA
Si no fue eso debió ser el Espíritu Santo el que logró que la Cámara Federal de Casación Penal bloqueara el pase de las causas contra los capos de la AFA al juzgado de Campana, que pretendían los implicados, pero no se las entregaran a nadie más, sino que delegara la decisión al respecto en otra cámara, la de Apelaciones en lo Penal Económico, postergando un buen tiempo cualquier avance sustantivo en el asunto. El tiempo es oro para todos los involucrados: les permitirá disfrutar de unos meses de sano entusiasmo deportivo, mientras negocian una salida, que seguramente se irá inclinando para un lado o el otro según cuánto avance el equipo de Messi en el campeonato. Y como sucede con la posible visita de León, si el premio termina siendo grande podrá compartirse, no habrá ofensa previa que impida un buen arreglo.
Se entiende por todo esto que pese al malhumor social reinante y las guerras intestinas entre sus funcionarios más destacados, Milei esté mostrándose confiado en que la peor parte del año ya pasó, y lo que viene va a ser más fácil. Sobre todo porque confía en que así será para la economía, que va a empezar a dar buenas noticias, después de meses y meses de malaria. Y porque, como dijo tras las fotos de alegre comunión oficialista que circularon el 25, no hay nadie capaz de desafiarlo, el gobierno se pelea consigo mismo porque no tiene nada enfrente.
La evidencia más contundente al respecto la brinda el hecho de que mientras se discute si esas fotos de comunión son más o menos forzadas, o cómo será el próximo round de una pelea interna solo momentáneamente silenciada, nadie discute que LLA sea la única fuerza nacional que puede, hoy por hoy, brindar una imagen semejante: Cristina y Kicillof no se dejan retratar juntos hace meses, ni piensan hacerlo; en el radicalismo no habría forma de conseguir una imagen como esa, y tampoco en el PRO. En todos esos partidos las internas son además de más profundas, por las irreconciliables diferencias ideológicas, estratégicas y de liderazgo que las animan, mucho más frías y desangeladas: no hay en ninguno de ellos el combustible de ambición y recursos que brinda estar en el poder, o cerca de conquistarlo. Así que tienen muchas menos chances de resolverse.
Tal vez sea también por eso que Santiago Caputo y Martín Menem se han estado cascoteando tan abierta y alegremente este último tiempo: ninguno de los dos piensa abandonar el barco, ni hacer nada que pueda afectar seriamente su rumbo y velocidad, y tampoco creen estar poniéndolo en riesgo frente a enemigos amenazantes, porque no los hay. Esta es, al menos, la explicación que brindó Milei, y con la que quiso hacernos entender por qué no piensa introducir cambios en su sistema de toma de decisiones, en la división del trabajo algo confusa que impera en su equipo, ni tampoco en la composición del mismo. Va a dejar todo como está, y cree que todas las facciones en que se dividen sus colaboradores pueden ser felices y prosperar gracias a esa "no decisión". Y a juzgar por las imágenes que se brindaron el 25, parece que lo está logrando.
El caso Patricia Bullrich
Aunque hubo alguien que sonrió solo lo mínimo indispensable: Patricia Bullrich, objeto de varios maltratos en el Tedéum (la sentaron bien atrás, entre la multitud) y el Cabildo (donde ni siquiera la dejaron entrar). Con razón en la foto que luego se ofreció de la Mesa Política fue, por lejos, la que menos se esforzó en poner cara de feliz cumpleaños.
Lo peor seguramente fue tener que soportar que Milei se abrazara con entusiasmo a Jorge Macri, en una señal que seguro no tuvo nada de inocente: ¿no revela acaso que los hermanos están por lo menos barajando la posibilidad de abrir otro escenario componedor con los primos que gobiernan la ciudad, pretenden seguir haciéndolo e igual que los Milei ven con poco o ningún agrado que pase a manos de la senadora?
Finalmente esa es la fórmula que va a aplicarse en buena parte del país: reelección de los mandatarios locales a cambio de no interferencia en la reelección del presidente. Los Macri lo entienden y tienen solo un reclamo: que la ciudad sea considerada otra provincia más, la autoincineración de Adorni haga olvidar la derrota del PRO en el distrito del año pasado y el acuerdo se selle públicamente, para evitar traiciones de último momento. Mientras puedan, los Milei van a escapar a tal arreglo, porque algo de territorio también necesitan. Pero a la luz de los gestos de autonomía que hizo Bullrich en los últimos tiempos, no es seguro que les convenga aceptar que el único territorio propio que podrían con cierta seguridad conquistar termine no siendo realmente propio.
Fuente:TN