Tabaquismo: cuando el daño también se justifica en la mente
Por Ariel Gandara, docente de la Licenciatura en Nutrición de UADE
Un dato alarmante que brinda la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que cada año mueren más de 7 millones de personas a causa del tabaco en el mundo. De ese total, 1,6 millones son los llamados "fumadores pasivos", víctimas de la exposición al humo ajeno generado por el consumo de tabaco de otras personas.
Sobre esta base, resulta importante e imperativo visibilizar y reflexionar sobre el daño que el tabaco provoca en la salud. Pero también es necesario abordar no solo sus efectos devastadores, sino el fenómeno psicológico que experimentan muchos fumadores y que se conoce como "disonancia cognitiva".
León Festinger, reconocido como uno de los grandes psicólogos sociales del siglo XX, describía ya en 1957 la disonancia cognitiva como "la incomodidad mental y el estrés que surge cuando un individuo sostiene al mismo tiempo dos creencias, ideas o valores contradictorios". Este concepto puede aplicarse particularmente al acto de fumar, dado que la gran mayoría de los fumadores son plenamente conscientes de los riesgos que el tabaco implica para la salud y, sin embargo, continúan haciéndolo.
Millones de fumadores experimentan este conflicto interno: una lucha mental entre el deseo de fumar y el conocimiento simultáneo de lo perjudicial que esto resulta para la salud. Esta tensión puede generar ansiedad, culpa y otros estados emocionales negativos.
Para reducir esa disonancia y lograr cierta coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace, el fumador suele recurrir a distintas estrategias. Una de ellas es minimizar la gravedad de la situación, con pensamientos como "conozco personas que han fumado toda su vida y no han tenido problemas de salud", subestimando así la posibilidad de que el daño lo afecte en primera persona.
Otra estrategia frecuente consiste en compararse con hábitos que se consideran más perjudiciales, mediante frases como "al menos no consumo alcohol o determinadas sustancias", estableciendo una jerarquía en la que fumar aparece, para quien lo justifica, como una conducta menos dañina. También suele aparecer la racionalización del acto de fumar, con argumentos como "fumar me ayuda a bajar la ansiedad" o "fumar es mi único vicio", que funcionan como excusas para sostener el hábito.
Estas y otras posibilidades suavizan y disminuyen el sentimiento de culpa del fumador. De esta manera, logra alinear sus creencias con sus actos y disipar la disonancia, dando lugar a un nuevo estado de coherencia o consonancia.
Superar el tabaquismo es un desafío que va más allá de la adicción física a la nicotina. También involucra complejas situaciones de autoengaño, justificación y negación. Para que esta batalla sea realmente efectiva, es fundamental no solo tratar la dependencia química, sino también ofrecer apoyo emocional y psicológico. Ayudar a los fumadores a enfrentar y superar su disonancia cognitiva puede hacer una gran diferencia en su camino hacia una vida más saludable y libre de humo.
Las campañas de sensibilización juegan un papel sumamente importante, ya que brindan información clara y accesible sobre los riesgos del tabaco y los beneficios de dejar de fumar. Esto ha permitido avanzar significativamente en el control del tabaquismo. Según datos recientes de la OMS, el consumo mundial de tabaco muestra una tendencia sostenida a la baja: mientras en el año 2000 aproximadamente 1 de cada 3 adultos consumía tabaco, en 2024 esa proporción descendió a cerca de 1 de cada 5. De acuerdo con el último reporte global del organismo, la cantidad de usuarios de tabaco pasó de 1.380 millones en 2000 a 1.200 millones en 2024.
El panorama es alentador, aunque todavía queda mucho por hacer. La OMS advierte que la epidemia del tabaquismo está lejos de terminar, especialmente por la rápida expansión de nuevas adicciones, como los cigarrillos electrónicos, entre las poblaciones más jóvenes. Por eso, aún queda por delante un arduo trabajo de regulación, prevención y concientización.
Como idea-fuerza final, resulta sumamente importante haber puesto en agenda, a través del Día Mundial sin Tabaco, una oportunidad para reflexionar sobre las múltiples facetas del tabaquismo, incluida la disonancia cognitiva. Abordarla es esencial para ayudar a los fumadores a alcanzar su deseo de una vida más saludable, con el apoyo necesario para superar la adicción y mejorar su calidad de vida y la de su entorno.