Fútbol, estadios y nueva generación: ¿pasión de multitudes o de una élite consumista?
Por Leonardo Innamorato.
Por Leonardo Innamorato | Licenciado en sociología y profesor en historia.
Si observamos detenidamente las últimas noticias del fútbol argentino, uno de los temas centrales son "la renovación y ampliación de aforos de los estadios"; primordial, aparte de los resultados deportivos. Desde hace unas décadas que el fútbol es un negocio, un fenómeno de masas, popular, televisado y narrado. Primero fue el público concurrente, aficionado, espectador, y luego llamado "hincha", el que acudía a la cancha. Luego en los años 90, las cifras de pases de futbolistas se potenciaron y se amplió exponencialmente esta actividad.
Este ecosistema social y deportivo fue creciendo en demanda de simpatizantes, socios e hinchas. Las prestaciones en comodidad y en seguridad en normativa FIFA, fueron ganando protagonismo y se cambió por otra idea de estadio: bello, cómodo, con espectadores gozando del confort y la seguridad del recinto.
Esta serie de renovaciones de agrandar los aforos viene desde hace algunos años, en el cuál la visión del Club River Plate -por ejemplo-, nos trae otro panorama que despierta cierto interés; porque pareciera ser que el futbol como pasión de multitudes y que apuntaba a la mayoría de un público de "estratos populares", va perdiendo cada vez más lugar por el concepto de estadio shopping y "fútbol espectáculo" en detrimento de la pasión de los hinchas y socios.
Este cambio identitario y cultural del nuevo hincha que acude a estos nuevos estadios de fútbol y a raíz de lo sucedido en un partido disputado entre River Plate y Belgrano de Córdoba, donde en la previa se aprovechó para homenajear a uno de los máximos ídolos millonarios, Norberto Alonso, a 40 años de su famoso partido con su clásico rival, Boca Juniors. La ceremonia fue una apatía por la mayoría de ese "nuevo público" que concurre a estos renovados estadios.
Es en este contexto actual que se reforman y amplían los estadios, a través de maquetas en futuras intenciones de sus dirigentes, inspirados en los europeos o norteamericanos. Estadios con niveles de confort y cultura consumista, que comienza desde comprar las entradas vía aplicación en la comodidad de nuestros hogares, pasando por el estacionamiento, luces leds, restaurantes y comidas rápidas. Dichos cambios no constituye un problema social, pero sí representa una transmutación generacional del hincha, que con sus prácticas y valores de cancha, están siendo removidos por otros, y que bien vale la pena prestar atención.
En palabras del periodista Pablo Ladaga: "no lo ovacionaron; que vayan al estadio y no sepan quién fue el Beto Alonso es imperdonable. Estamos en la era del meme, lo cual es la rapidez para dejar una opinión y destratar, faltar el respeto, y algunos periodistas e hinchas se retroalimentan de esas noticias mediáticas". Se pasó del hecho ante la ejecución de un penal, la ansiedad, el ritual de santificarse o apelar a algún tótem o amuleto para que el jugador convierta el gol, a depender y registrar ese momento de una pantalla de teléfono celular para registrarlo y no vivirlo a pleno.
Lejos de justificar la pavorosa "cultura del aguante" (defensa de los colores por fanáticos hinchas, donde están dispuestos a dar todo por sus equipos, donde esas prácticas implica la descalificación y hechos de violencia). Actualmente, el panorama en las plateas hay una enorme porción de la gente que no va a ver fútbol, sino más bien, a estar pendientes de sus dispositivos celulares, del goce y disfrute de algún sector privilegiado VIP al campo de juego; de decir "qué bien la estamos pasando y aquí en el nuevo estadio estamos".
La idea del estadio "shopping"
Atrae a otros sustratos poder concurrir a una cancha donde el trato sea de primera. La idea de la familia acudiendo al estadio con el último merchandising del mercado, un estacionamiento seguro vigilado, las localidades, los sanitarios pulcros y reservado de antemano justificaría pagar entradas a precios elevados. Luego, en ese recinto, poder disponer en todo momento de algún sector de vistas privilegiadas, con pantallas de todos los colores a todo momento que permitan un enfoque sobre alguna jugada polémica.
Esta nueva fisonomía, de "complejo deportivo", pensada de antemano con la intención de acercar, -sobre todo a los sectores con alto poder de consumo-, distante a los hechos de violencia, la familia y el goce de algún que otra personalidad de la farándula, son viñetas que vienen desde la tendencia norteamericana con las Arenas del basquetbol de la NBA, y del cada vez más creciente interés por estas latitudes del afamado "Súper Bowl". En este nuevo formato de estadio de "fútbol espectáculo", convergen personalidades y es común encontrarse con influencers, el famoso tik tok que viendo el desarrollo del partido y muchos con entradas de protocolo. Porristas, colorido cotillón, esquemas de globos y colores, animadores a través de los altavoces y hasta la ola mexicana; la constante distracción de la pantalla central en publicidades o propuestas comerciales de moda. De tal forma, se pasa del concepto del hincha típico al del "fan".
La realidad -o lo que atrae lo que los medios deportivos y alguna dirigencia quiere que veamos y terminemos aceptando-, es esta nueva fisonomía, más "ligth", rostros sonrientes en primer plano, en contraposición del hincha que siempre va, acompaña, alienta, sufre y da todo el fervor por su equipo. ¿Será que el tipo de "hincha ideal y comprometido con su club" está siendo reemplazado por otro tipo de espectador? Por lógica, esta industria deportiva debe ser considerada "fútbol como mercancía global" (Alabarces, 2.016).
Es acertada la idea de los organizadores de contar con estadios con mayor capacidad, confortables y seguros. Estas últimas prácticas consistentes en desalentar y sacar del primer plano al sector popular, al verdadero público de cancha, al hincha genuino, al que va a alentar, al que da todo por los colores de sus amores; al que junta el dinero con sacrificio y va en transporte público, fuera de los primeros planos de las transmisiones, de su carnaval típico de hincha. Es un llamado de atención, pero es preocupante ciertos rasgos de hedonismo y fetiche que se observan.
Son los que verdaderamente en primera línea, mantienen viva la llama del fútbol, saben del historial de su institución, de los logros de sus "ídolos", de los dirigentes; son ellos los que aportan a las instituciones y quieren que este noble deporte no pierda el verdadero carnaval, el acceso a las entradas a precios accesibles y que los cánticos y algarabía en las gradas no se termine desvaneciendo por una cultura deportiva "excluyente y más fría". A no callar o disimular los cánticos, el enojo o el sano folklore del fútbol con menospreciar los audios de las hinchadas en las transmisiones; es parte de la esencia que rodea un partido de fútbol, no un acto de barbarie de la turba.
Los clubes de fútbol con la riqueza en sus historiales, no deberían perder la esencia de su identidad y el compromiso tanto social como deportivo. Me aventuro a sostener ante este proceso de cambio cultural, llegará un momento,- como escenario futuro-, en que cada vez importará menos lo que ocurra dentro del campo de juego. A tener en cuenta, desde la labor de los periodistas, los dirigentes, los jugadores y el mismo Estado, en no descuidar estos aspectos; no justifica estadios fastuosos tipo centros comerciales para aumentar el precio de las entradas.
El futbol es una actividad eminentemente social y popular. El viraje al futbol espectáculo de entretenimiento el cuál fusiona el deporte con la cultura pop, la gastronomía local y lo último en tecnología y luces. Según los datos, el fútbol como actividad deportiva y social está en reconfiguración, y el aspecto popular y pasional de masas va perdiendo frente a estas nuevas tendencias.