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Día del Padre: Manolo Herrera y el legado eterno de Elpidio, el creador de la sachaguitarra 

El hijo del creador de la sachaguitarra comparte recuerdos íntimos, enseñanzas y emociones que atraviesan generaciones.

Hay padres que construyen un legado imposible de medir. En el caso de Elpidio Herrera, el músico y luthier santiagueño que creó la emblemática sachaguitarra y falleció en 2019, su mayor patrimonio fue la pasión por la música, la alegría de vivir y una filosofía que continúa guiando a quienes compartieron su camino.

Ese legado tiene hoy un custodio privilegiado: Manolo Herrera, su hijo, quien desde muy pequeño recorrió escenarios junto a él y hoy continúa difundiendo la obra del artista que revolucionó el folclore santiagueño con un instrumento único.

En el marco del Día del Padre, Manolo recordó a su "viejo" con una sonrisa antes que con nostalgia.

"Lo primero que se me viene a la memoria es alegría. Mi viejo siempre nos contagiaba eso. Decía que en la vida había que tratar de estar bien porque el estado de ánimo del otro también depende de uno, como si la alegría se contagiara", cuenta.

La relación entre ambos fue mucho más que la de un padre y un hijo. Compartieron escenarios, kilómetros de ruta, talleres de carpintería y hasta la organización artística del grupo. Para Manolo, haber transitado esa experiencia es una bendición que hoy adquiere un significado aún más profundo.

"Tuve la suerte de acompañarlo desde muy chico. Conocí lugares que jamás imaginé. Ya desde 2002 me tocaba organizar grabaciones y movimientos del grupo, siempre con su aprobación. Hoy estoy al frente de Las Sachaguitarras y, además, me acompaña mi propio hijo. Eso es algo grandioso", relata.

Más que una enseñanza musical, Elpidio dejó una forma de enfrentar la vida. Una frase quedó grabada en la memoria de Manolo y se convirtió en una especie de bandera que intenta transmitir a sus compañeros: "Él decía: 'Si te gusta lo que haces, disfrutá. Primero disfrutá; el resultado se verá con el tiempo'. Yo vivo así. Disfruto de viajar, de cantar, de andar con la música. No estoy pensando qué vendrá después o cuánto dinero dejará. Disfruto", remarcó.

Aunque muchos lo consideran el heredero natural del creador de la sachaguitarra, Manolo prefiere otra definición. "La palabra heredero nunca me gustó porque parece una obligación. Yo creo que mi viejo hizo un buen trabajo y por eso hay continuidad. Ahora me toca hacer un buen trabajo para que esa continuidad siga existiendo. Me gusta pensar que continúo su obra y las cosas que hicimos juntos".

Cada presentación mantiene vivo ese vínculo. Lejos de resultarle doloroso interpretar las composiciones de su padre, encuentra en eso una manera de reencontrarse con él. "Ninguna canción me cuesta cantar porque él siempre está presente. Incluso muchas personas me llaman por el nombre de mi viejo y después me piden disculpas. A mí eso me alegra porque significa que sigue vivo en el recuerdo de la gente y que su obra continúa llegando al corazón".

El orgullo también aparece cuando imagina qué sentiría Elpidio al verlo seguir difundiendo la música sachera. "Mi mamá me contó que él decía que estaba tranquilo porque Las Sachaguitarras quedaban en buenas manos. Haberme dado la confianza para manejar sus cosas cuando aún estaba vivo me hace pensar que debe estar orgulloso".

Pero lejos del escenario existía otro Elpidio, el hombre trabajador que nunca bajó los brazos. "Era un tipo alegre, lleno de ocurrencias. Cuando dejó de trabajar en la escuela dependíamos de la música y también de la carpintería. Hacíamos puertas, ventanas, arreglábamos lo que fuera para llevar el pan a casa. Hoy trabajo en un colegio secundario y esos recuerdos vuelven. Fueron tiempos difíciles, pero aprendimos a luchar".

Si tuviera la posibilidad de compartir un último Día del Padre con él, Manolo no habla de grandes discursos ni de despedidas solemnes. Prefiere quedarse con esas conversaciones sencillas que escondían profundas enseñanzas.

"Era un tipazo. Muchas veces no daba un consejo directamente. Contaba una historia o una charla cualquiera y ahí dejaba el mensaje."

A siete años de su partida, Elpidio Herrera continúa sonando en las cuerdas de la sachaguitarra y en la voz de quienes mantienen viva su música. Y, sobre todo, sigue presente en el corazón de un hijo que encontró en su ejemplo la mejor manera de honrarlo: disfrutar el camino y seguir cantándole a la vida.

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