Opinión

Hacia un cambio de régimen demográfico en Santiago del Estero

(Imagen ilustrativa de Google)

Por Juan Alberto Paiola.

Desde hace tiempo es motivo de reflexión, de preocupación e interés dentro de la sociedad santiagueña los cambios que se están produciendo en el comportamiento de ciertos indicadores vitales centrales para la sustentabilidad de la provincia a largo plazo. Particularmente hablo de las diversas consideraciones y observaciones que de un tiempo a esta parte se hacen sobre la evolución de su tasa bruta de natalidad. De algún modo los santiagueños hemos crecido con la creencia arraigada en que la cantidad de nacimientos entre nosotros es abrumadoramente alta, y es que probablemente mucho tiempo lo fue. 

Sin embargo, este trabajo postula que nuestra mirada debe centrarse más en otro indicador: el crecimiento vegetativo. Este es el resultado de la variación anual entre la natalidad y la mortalidad, y es el pilar central del crecimiento poblacional de la provincia a lo largo de los siglos. Su actual derrumbe implica una variación en su clásico régimen, o modelo o modo de crecimiento demográfico.

Del boom demográfico en el siglo XX a la actual caída del crecimiento vegetativo

En principio debemos decir que el crecimiento vegetativo (en adelante CV) fue el que contribuyó a sostener el tamaño de la población santiagueña a lo largo del siglo pasado y el actual, aun con altibajos, a pesar del problema de la emigración que es un fenómeno constante en las provincias del noroeste argentino.

En ese sentido podemos decir que merced al CV entre 1924 y 1949 hubo un "boom demográfico" en la provincia explicable porque ella entraba en la segunda fase de transición demográfica la cual infló de niños y niñas a la sociedad al aportar porcentajes de población nunca antes vistas -y que no se volvieron a repetir en el siglo pasado y muy difícilmente lo hagan en el futuro- por el despegue de la natalidad y la caída de la mortalidad al mismo tiempo.

Para dimensionar su aporte histórico al sostenimiento de la población, pensemos, por ejemplo, que entre el momento más crítico y de mayor decrecimiento intercensal absoluto y relativo -desde que se registra estadística oficial de la provincia- ocasionado por la emigración que tomó características de éxodo, hablamos del que se dio entre el censo de 1947 y 1960, fue el CV el que tocó su pico máximo en el año 1948 con un 3,8% y que a la vez fue su cenit.

Si observamos la línea de tendencia, punteada en el siguiente gráfico, ella se muestra apenas declinante a lo largo del siglo pasado hasta llegar los años '70.

Gráfico 1: Porcentaje de Crecimiento Vegetativo 1914-1970

Fuente: Elaboración propia

Si vamos a cifras más concretas diremos que el CV con números por arriba de 3% se dieron entre 1934 y 1949 en tanto el CV con números por arriba del 2% prácticamente dominaron toda la serie estadística del siglo XX a excepción de 1970 cuando bajó bruscamente a un 1,4% aunque luego se recuperó y en 1974 ya volvió a las cifras por arriba del 2%. 

Sin embargo, en 1977 hubo 18.437 nacidos vivos y 4.623 defunciones lo que marcó un 2,4% de CV y de allí en más la línea de tendencia es claramente declinante. En 1990 fue el último año en que ese creció a un valor por arriba o igual del 2%, más precisamente, fue a un 2,0%. 

Entre 1991 y 2019 este indicador tuvo en desarrollo de entre 1,5% y un 1,1%, y como podemos seguir viendo en el gráfico N° 2, ya en el año 2021 era de menos de un dígito lo cual supone un crecimiento muy bajo.

Gráfico 2: Porcentaje de Crecimiento Vegetativo 1970-2022

Fuente: Elaboración propia

Ahora bien, es todavía muy reciente pero este modelo de crecimiento demográfico, que se apoyó siempre en el CV y que se reflejó históricamente en el tamaño de la población, y que ya se venía debilitando hacia finales del siglo XX, desde los inicios del XXI parece haber ahondado su crisis a partir de la pandemia mundial del COVID 2019 que afectó también a nuestra provincia. 

En efecto, como se observa en el gráfico anterior, a la dramática y declinante línea de tendencia se le puede sumar el detalle de los números: ya para el 2020 la CV cae a menos de un dígito, más precisamente a un 0,8 %, en el 2021 a un 0,5% , en el 2022 que son las últimas cifras disponibles, se repite el 0,5 % lo cual genera una incógnita a futuro. Y ella es que siendo la santiagueña una sociedad cuyo crecimiento poblacional depende de su crecimiento vegetativo entonces cabe preguntarnos ¿estamos frente a un nuevo régimen demográfico en Santiago del Estero?. Como una respuesta tentativa podemos decir que evidentemente sí y que ese consistirá en un crecimiento vegetativo bajo al que hay que atender y tratar de mitigarlo a través de diversas medidas ya que es muy improbable su reversión. 

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