Santiago

27 de junio Día Mundial del Microbioma: Porqué los microbios son nuestros aliados esenciales

La ingeniera Claudia Guzmán es una prestigiosa científica santiagueña experta en ciencia y tecnología de los alimentos. En una entrevista con EL LIBERAL explicó a la perfección qué es el Microbioma, la diferencia de la Microbiota y la forma en que podemos cuidar nuestra salud a partir de los microbios.

¿Qué es el microbioma y qué se celebra en este día?

La percepción científica y social de los microorganismos ha dado un giro radical de 180 grados entre el siglo XX y el siglo XXI.

El siglo XX fue la era de los gérmenes y los antibióticos; los microbios se veían como enemigos a erradicar. Si bien, el descubrimiento de la penicilina salvó millones de vidas, se generalizó la idea de que "microbio" equivalía a contaminación y enfermedad. 

Pero en el siglo XXI, estudios genéticos revelaron que la mayoría de los microbios son neutros e incluso beneficiosos. Es así como cambió el paradigma y llegó la era del microbioma.

Por ejemplo, en el medio ambiente, los microbios son los motores biogeoquímicos que regulan el clima y reciclan nutrientes en el suelo; en Biotecnología se utilizan para limpiar la contaminación (biorremediación) y crear materiales sostenibles; en salud humana, el microbioma intestinal hoy se considera un "órgano" esencial para la digestión y la inmunidad.

Por estos hallazgos, se instituyó el27 de junio, el Día Mundial del Microbioma, que celebra precisamente este cambio de paradigma: pasamos de temer a los microbios a reconocerlos como aliados indispensables para la vida.

Hay que distinguir entre "Microbiota" y "Microbioma", dos términos que suelen utilizarse como sinónimos.

Cuando hablamos de la "microbiota humana", nos referimos a una comunidad de bacterias, virus, hongos y arqueas, que cumple funciones esenciales en nuestro organismo, como la digestión y el sistema inmune importante.

¿Cree que este aumento de la conciencia pública sobre la microbiota se traduce a cambios de hábitos en la población?

Cuidar la microbiota intestinal es crucial porque funciona como un "órgano" indispensable para la supervivencia humana. Su equilibrio (eubiosis) determina nuestra salud física y mental, mientras que su alteración (disbiosis) se vincula a enfermedades crónicas, obesidad y alergias. 

Cumple funciones digestivas al descomponer fibras que el cuerpo humano no puede digerir por sí mismo; produce nutrientes como la vitamina K y varias del grupo B; funciona como un escudo inmunológico; produce neurotransmisores como la serotonina, regulando el estado de ánimo y el estrés; regula el almacenamiento de grasas y el control de los niveles de azúcar en la sangre; protege la integridad de las paredes del intestino, impidiendo que toxinas pasen a la sangre.

A pesar de todo ese conocimiento, existe una brecha importante: la conciencia pública sobre la importancia de la microbiota ha crecido exponencialmente, pero la adopción de hábitos reales para cuidarla todavía se queda atrás. 

Cuidar la microbiota intestinal es crucial porque funciona como un "órgano"indispensable para la supervivencia humana. su equilibrio (eubiosis) determina nuestra salud física y mental, mientras que su alteración (disbiosis) se vincula a enfermedades crónicas, obesidad y alergias". 

La gran mayoría de las personas reconoce el término "microbiota" y sabe que influye directamente en la digestión y la inmunidad. Incluso repiten la frase "el intestino es el segundo cerebro" pero no tienen cabal conciencia del real impacto que tiene la microbiota en la salud y la calidad de vida.

La población general ya no ve a las bacterias solo como "gérmenes que causan enfermedades", sino como aliadas clave de la salud. Sin embargo, la transición de "saberlo" a "actuar en consecuencia" enfrenta desafíos estructurales importantes. 

¿Cuáles cree Ud. que son las principales barreras para una "real" conciencia práctica?

Mientras que "microbioma", es un término que abarca el ecosistema completo es decir, no sólo la comunidad sino sus genes y moléculas, su interrelación y el hábitat en el que vive esa comunidad.

Se habla cada vez más de cuidar la Microbiota ¿Por qué es a pesar de las buenas intenciones, existen tres grandes obstáculos que impiden que esta conciencia se traduzca en un impacto real cotidiano: aunque el conocimiento crece, los hábitos alimenticios globales siguen dominados por productos ultra procesados que dañan la diversidad bacteriana. Sigue costando elegir la fibra sobre el azúcar. 

Otra barrera es el consumo irresponsable de antibióticos. 

Una gran parte de la población todavía desconoce que el uso indiscriminado de antibióticos barre de forma agresiva con las bacterias buenas, debilitando la microbiota a largo plazo. 

Por último, falta la trasposición a la clínica en forma masiva: aunque el trasplante de microbiota fecal y la medicina de precisión avanzan rápido en laboratorios, la nutrición personalizada basada en la microbiota todavía no es accesible ni común en las consultas médicas de atención primaria. 

¿En qué otros casos la medicina actual está usando los microbios para curar enfermedades?

La ciencia ya no sólo estudia la microbiota, sino que la utiliza como una herramienta médica directa y revolucionaria: trasplante de Microbiota Fecal (tMF): es el tratamiento más efectivo y aprobado para combatir la infección por la bacteria Clostridioides difficile, la cual causa diarreas mortales y es resistente a los antibióticos comunes. Consiste en transferir bacterias de un donante sano al colon del paciente para restaurar el equilibrio.

Oncomicrobiótica (Cáncer): se ha descubierto que la composición de la microbiota determina si un paciente responderá bien o mal a la inmunoterapia contra el cáncer. Hoy en día se modula el intestino de los pacientes para multiplicar la eficacia de los tratamientos oncológicos.

Psicobióticos para la salud mental: es una de las áreas con mayor crecimiento. Se están utilizando cepas específicas de probióticos (como ciertos Lactoba cillus y Bifidobacterium) para ayudar a regular el cortisol (la hormona del estrés) y mejorar los síntomas de la ansiedad y la depresión a través del eje intestino-cerebro.

La ciencia médica actual ya no ve al intestino como un órgano aislado, sino como el centro de comando que se comunica con otros órganos a través de ejes:

Eje intestino-Cerebro (neurología y Psiquiatría): su estudio es clave en el tratamiento de la ansiedad, depresión, autismo y enfermedades neurodegenerativas. 

Eje Intestino-Piel (Dermatología): Un intestino inflamado empeora condiciones como acné, rosácea, psoriasis y dermatitis atópica. 

Eje intestino-Corazón (Cardiología): Ciertas bacterias intestinales elevan el riesgo de aterosclerosis, hipertensión y eventos cardiovasculares. 

Eje intestino-Músculo (Medicina Deportiva y Geriatría): La microbiota intestinal regula la masa muscular, previene la sarcopenia (pérdida de músculo por envejecimiento) y mejora el rendimiento deportivo. 

Por eso, cada vez más especialidades de la medicina, consideran a la microbiota intestinal como un factor aliado o amplificador en sus tratamientos.

¿Cómo podemos cuidar nuestra microbiota en el día a día?

La alimentación y el estilo de vida afectan a nuestra microbiota.

La microbiota intestinal no es estática. Cambia constantemente según lo que comemos y nuestro estilo de vida. Las decisiones diarias pueden hacer que prosperen las bacterias beneficiosas o que se multipliquen las dañinas. 

Las recomendaciones son: Consumir más prebióticos, ya que son el alimento de las bacterias. Los encontramos en el ajo, la cebolla, los puerros, las alcachofas y los plátanos. 

Sumar alimentos fermentados, aporta bacterias vivas: probióticos bebibles, yogur natural, el kéfir, chucrut, kimchi, kombucha, aceitunas, pan de masa madre.

Buscar la regla de los 30. 

Intentar comer 30 plantas distintas por semana. incluye verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales. 

Reducir los ultraprocesados.

El exceso de azúcar, las grasas trans y los edulcorantes artificiales dañan la diversidad bacteriana. 

Dormir de 7 a 8 horas. 

El insomnio y los horarios irregulares alteran el ritmo circadiano de las bacterias intestinales. 

Controlar el estrés crónico. 

El estrés eleva el cortisol. Esta hormona debilita la barrera intestinal y altera la composición de la microbiota.

Moverse de forma reglar.

El ejercicio moderado aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta. Estos compuestos protegen el colon. 

Evitar el uso innecesario de antibióticos. Estos medicamentos eliminan las bacterias malas, pero también arrasan con las buenas. Usarlos sólo bajo receta.

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