Una fiesta albiceleste bajo el calor de Miami: más de 64 mil almas empujaron a la Selección
Con un estadio colmado y una abrumadora mayoría de hinchas argentinos, el Hard Rock Stadium vivió una jornada inolvidable. Ni el intenso calor ni la humedad frenaron el fervor de los campeones del mundo.
MIAMI (Enviado especial).- La pasión argentina volvió a adueñarse de una ciudad estadounidense. Esta vez fue Miami la que se vistió de celeste y blanco para acompañar a la Scaloneta en un partido que terminó siendo mucho más sufrido de lo esperado. Según los datos oficiales brindados por FIFA, 64.465 espectadores dijeron presente en el Hard Rock Stadium y cerca del 97 por ciento de ellos fueron simpatizantes argentinos, que transformaron el escenario en una verdadera extensión del Monumental.
Desde las primeras horas de la mañana, miles de fanáticos comenzaron a llegar a los alrededores del estadio. Banderas, bombos, camisetas y canciones marcaron el color de una jornada que tuvo un claro dominio albiceleste tanto en las tribunas como en las calles que rodean el escenario del encuentro.
La espera no fue sencilla. Miami vivió un viernes agobiante, con una temperatura de 33 grados, una sensación térmica cercana a los 38, humedad superior al 90 por ciento y una lluvia que cayó alrededor del mediodía antes de dar paso a un sol intenso que acompañó el resto de la jornada. Pese a esas condiciones, el entusiasmo nunca decayó.
Ya dentro del estadio, el aliento fue incesante. El clásico "Muchachos" retumbó una y otra vez, mientras los hinchas acompañaron al equipo durante los 120 minutos de juego, incluso cuando Cabo Verde complicó seriamente el panorama y puso en jaque la clasificación del vigente campeón del mundo.
El desahogo llegó con el gol de Cristian Romero en el segundo tiempo suplementario. Tras el pitazo final, jugadores y cuerpo técnico se acercaron hacia una de las cabeceras para agradecer el respaldo. Con los brazos en alto, saludaron a los miles de argentinos que respondieron con una ovación, en un cierre cargado de emoción.
Una vez más, la Selección jugó lejos de casa, pero se sintió local. Miami fue testigo de otra multitudinaria demostración de amor por la camiseta argentina, en una noche en la que el sufrimiento terminó dando paso a un festejo que mantuvo vivo el sueño de seguir defendiendo el título del mundo.