El Gobierno apuesta a una baja de las naftas para acelerar la desaceleración de la inflación
En la Casa Rosada estiman que los combustibles podrían reducir su precio hacia septiembre si se mantienen estables el petróleo, el dólar y la política tributaria. La expectativa oficial es que la medida contribuya a llevar el IPC a sus niveles más bajos del año.
El Gobierno nacional proyecta una reducción en los precios de los combustibles durante los próximos meses y confía en que esa medida se convierta en uno de los principales factores para profundizar la desaceleración de la inflación. En la Casa Rosada consideran que, si las variables económicas acompañan, el descenso en los surtidores podría comenzar a reflejarse hacia principios de septiembre.
La estrategia oficial contempla que los valores actuales de las naftas permanezcan prácticamente sin modificaciones durante las próximas seis a ocho semanas. Ese plazo permitiría a las empresas petroleras recomponer parte del margen que resignaron cuando decidieron amortiguar el impacto del aumento internacional del petróleo sin trasladarlo completamente a los consumidores.
En ese contexto, fuentes del Ejecutivo señalaron que la expectativa es que, una vez concluido ese proceso, los precios puedan registrar una baja cercana al 17%. "Con esta baja, tenemos la expectativa de acercarnos a la inflación cero y de que se cumpla lo que dijo Milei", aseguraron desde el Gobierno al explicar las proyecciones económicas para el segundo semestre.
No obstante, las mismas fuentes reconocieron que ese escenario dependerá de diversos factores. "Es una apuesta, no una garantía", admitieron, al remarcar que la evolución del dólar, el valor internacional del petróleo, los impuestos a los combustibles y el comportamiento de otros precios regulados serán determinantes para que esa reducción finalmente llegue a los surtidores.
La expectativa oficial se sustenta en el retroceso que experimentó el precio internacional del crudo Brent luego del incremento registrado meses atrás por el conflicto en Medio Oriente. Según el análisis del Gobierno, esa caída abre la posibilidad de corregir los valores internos, aunque primero las petroleras intentarán recuperar parte de los ingresos resignados durante el período en el que absorbieron buena parte de la suba internacional.
En la Casa Rosada estiman que, siempre que el petróleo continúe estable y no se produzca una fuerte variación del tipo de cambio, las condiciones estarán dadas para avanzar con una disminución en los precios de los combustibles a comienzos de septiembre.
La administración de Javier Milei también mantiene bajo seguimiento el impuesto a los combustibles. En las últimas actualizaciones aplicó únicamente incrementos parciales y volvió a postergar buena parte de las subas pendientes con el objetivo de evitar que ese componente vuelva a presionar sobre el índice de precios al consumidor.
Sin embargo, el Ejecutivo reconoce que aún existe un importante atraso en la actualización de esos tributos. Si el Ministerio de Economía decidiera aplicar de manera completa los incrementos acumulados, el margen para reducir el precio final de las naftas podría verse considerablemente reducido.
En el Gobierno sostienen que el valor de los combustibles tiene un impacto que excede su participación dentro del índice de inflación. Consideran que influye directamente sobre los costos del transporte, la logística, la distribución de mercaderías y las expectativas de consumidores y empresas, por lo que una baja tendría efectos positivos sobre distintos sectores de la economía.
Las proyecciones oficiales apuntan a que la inflación continúe mostrando una tendencia descendente durante los próximos meses. Tras el 2,1% registrado en mayo, el Ejecutivo espera que junio se ubique por debajo del 2% y confía en que una eventual reducción del precio de las naftas contribuya a consolidar esa trayectoria.
Pese al optimismo, en la Casa Rosada admiten que el plan dependerá de factores externos e internos. Un nuevo aumento del precio internacional del petróleo, una suba significativa del dólar o una actualización plena de los impuestos podrían modificar el escenario previsto y postergar el objetivo de utilizar la baja de los combustibles como uno de los principales motores para seguir reduciendo la inflación.