Interior
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Frías y un delirio descomunal por la Selección Argentina
No eran suficientes los abrazos en familia. Tampoco arrodillarse frente al televisor. Había que salir, había que ir hasta el Monumento a la Bandera para abrazarse con los amigos, con los vecinos, para descargar esa emoción que empujaba para salir del pecho al pie de la bandera argentina que flamea casi como si los abrazara desde 43 metros de altura y fundiéndose en perspectiva con el cielo.
Será tal vez el fútbol, y su ilógica, el disparador de una alegría que hace mucho no se sentía correr por la sangre.
Motos, autos, bicis, como en toda la provincia y como en todo el país, solo que al pie de un gigantesco monumento.