Opinión

Despertaron a la bestia: qué hay detrás del odio kirchnerista a Messi y por qué el ídolo les resulta tan incómodo

(Foto: EFE)

Por Jonatan Viale.

Kong vivía tranquilo en una isla remota. Rey absoluto y feliz de la selva. Hasta que un grupo de explotadores llega a la isla, invade su mundo, lo captura y lo lleva a la gran ciudad. Lo encadenan, lo humillan, lo usan, lo exprimen, lo maltratan. Hasta que Kong se cansa, rompe las cadenas y desata toda su fuerza sembrando el caos. Moraleja: cuidado, porque han despertado a la bestia.

Hay dos Argentinas. Los Brancatelli de la vida que siguen tirando contra Messi y contra la Selección "gorila". Y el periodista Juan Alonso, que publicó en sus redes: "Sé que es muy pronto para pensar esto, pero alguien lo debe hacer. Soy argentino hasta los huesos y me resulta curioso cómo esta sociedad sale a festejar un triunfo en esta instancia. Un Mundial en EE.UU. mientras Donald Trump saquea la Argentina a través de Javier Gerardo Milei". Conclusión: no hay que festejar. Quedate en tu casa puteando con cara de tufez. No se puede festejar porque eran octavos de final, porque es el Mundial de Trump, porque gobierna Milei.

Estos tipos tienen la cabeza totalmente quemada por la política. El odio les nubló el cerebro en serio. Al punto de ir contra la Selección argentina. Al punto de criticar al argentino más querido del planeta. Pero bueno: sigan criticándolo, que el tipo responde. Evidentemente, despertaron a la bestia.

Lo lindo de Messi no es solamente sus valores, sino también su capacidad para levantarse una y otra vez de la derrota. Erró un penal, jugó mal, se fue a la derecha, sacó un centro, gol del Cuti, gol suyo, festejo con Enzo. Eso es Messi. La resiliencia hecha persona.

¿Cuánto sufrió para ganar el Mundial? Perdió la final de la Copa América 2007 con Brasil. Perdió la final del Mundial Brasil 2014 contra Alemania. Perdió la final de la Copa América 2015 contra Chile por penales. Volvió a perder la final de la Copa América 2016 contra Chile. Se hartó, se cansó, se pinchó, se entregó. Llegó a decir: "La Selección no es para mí". La revista Noticias llegó a titular: "El miedo a ganar", "Neuro-fracaso argentino", "Messi no ama", "Sociología, psicología y afectividad de un ídolo extraño".

Y el tipo se levantó. Y dijo: "Vamos de nuevo".

Eso es lo que los chicos deben aprender. Que la vida no es solamente ganar. Que la vida es perder, equivocarse, errar un penal y levantarse. Que la vida es levantarse tantas veces como sea necesario. Hay que levantarse de una deuda. Hay que levantarse si te echan del trabajo. Hay que levantarse si muere tu papá, tu mamá, un hermano, un abuelo. Hay que levantarse si te separás de esa mujer o ese hombre que amabas. Hay que levantarse si reprobaste ese examen para el cual tanto estudiaste. Siempre está la posibilidad de quedarse en la cama llorando, triste, amargado. Pero este pibe nos enseña otra cosa. La vida y el éxito no dependen solamente del talento, sino de la superación personal. Y la superación se logra con resiliencia.

Qué pena da que el kirchnerismo no conecte con Messi. Porque es el mejor líder espiritual que puede tener la Argentina. Porque es la historia de la superación en vivo y en directo. Y en Argentina tenemos un máster en levantarnos de golpes directos al corazón. Por eso cuesta entender por qué lo desprecian.

Lo bueno de Messi, del Dibu y de Scaloni es que les resbalan absolutamente las críticas de personajes menores y marginales. El 98% de la sociedad argentina y del mundo los ama. Y te aseguro que no tomamos conciencia de lo privilegiados que somos de ser contemporáneos de estos fenómenos. Messi ya no ha dejado récords por batir: máximo goleador en Mundiales, más Mundiales jugados, más victorias en Mundiales, máximo goleador de la historia argentina, máximo asistidor en Mundiales.

Más allá de los números, lo que estamos presenciando es el mejor capitán, el mejor líder que tuvo el fútbol argentino. Messi es humildad, sencillez en la gloria, perseverancia, constancia, disciplina, sacrificio, carácter, madurez, paciencia, serenidad, liderazgo sano y no tóxico, respeto y empatía por el otro, prudencia, dedicación al trabajo, método, inspiración para los chicos, caballerosidad, amor por la familia, generosidad, autenticidad. Y encima de todo no se deja comprar por la política. Tal vez ahí está el "pecado" que detestan los K. No lo pueden comprar, no lo pueden manipular, no se pueden adueñar de él.

Y como si no fuera poco, ha logrado revertir un clima de época. Muchos decían que haber sido campeones en Qatar generaba poco clima mundialista para el 2026. Incluso dieron vuelta ese clima negativo. Derribaron la mala onda que algunos pretendían instalar. No es fácil recuperar espíritu, mística, clima o aura cuando venís de ganar absolutamente todo. Este grupo ya ganó dos Copas América, la Finalísima, el Mundial, y hasta golearon a Brasil 4 a 1. Y acá están de nuevo, dándole alegría al pueblo argentino pese a los agoreros de siempre.

Sandra Russo criticó al "Dibu" Martínez por decir que en el fútbol "siempre se sufre". Ya critican cualquier cosa. La frase "hay que saber sufrir" no apunta al sufrimiento del pueblo. Es una metáfora. Es conceptual. Significa que nada es fácil en la vida, que ningún logro se consigue sin esfuerzo, sin método, sin sacrificio, sin perseverancia, sin insistir.

¿Qué vale más? ¿Algo regalado o algo logrado? Argentina no quiere sufrir. Argentina se está reconciliando con la cultura del esfuerzo, con la cultura del trabajo, del estudio y de la disciplina. Los grandes pueblos del mundo llegaron donde llegaron no por talento individual ni por experiencias populistas, sino porque aprendieron a valorar la educación y el trabajo como forma de vida. Tal vez la Selección Argentina es un espejo más que interesante para intentar reflejarnos en ella.

Por suerte, despertaron a la bestia.

Opiniones libres; hechos sagrados.

Fuente:TN

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