Santiago: una tierra de pie, una esperanza en camino
Por: Pbro. Dr. Marcelo Trejo.
Difícilmente pueda eludirse la grave situación económica que atraviesa la Argentina y que recae, de manera angustiosa, sobre la población socialmente más vulnerable. Se trata de un amplio sector popular que maniobra la cotidianeidad hasta lo inverosímil.
El arzobispo Jorge García Cuerva, en su visita al Santuario de Liniers, remarcaba: "Hoy en San Cayetano estamos pedigüeños: como cada 7 de agosto te pedimos trabajo, pero vamos por más: te pedimos mejor trabajo, te pedimos mejor pan, te pedimos más salud, te pedimos paz para nuestro pueblo; y lo hacemos con mucha fe, a pesar de la exclusión, de la inflación, del desencanto y de los sueños rotos".
Sin duda alguna, la mirada orante debe buscar esos horizontes de esperanza para el buen vivir. Desde ellos se sostienen - siete y setenta veces siete - los escenarios posibles y eficaces de la coyuntura cotidiana como los procesos más amplios que la atraviesan.
Más aún, para los cristianos se trata de una experiencia de cruces a la espera de nuevos tiempos. Estas emergen de una vivencia angustiosa y dubitativa, en medio de una barca sociopolítica tambaleante, con riesgo de hundirse frente al fuerte oleaje, como en el tiempo de Jesús y sus discípulos (cf. Lc 8, 22-25); o bien, en el contexto de una noche larga y oscura del apóstol Pedro, capaz de negar tres veces a su Maestro, rodeado de fuerzas derrotistas conocidas y vilipendiado por sus propios coetáneos (cf. Mt 26, 69-75).
Así, con más incertidumbres que certezas, de ayer y de hoy, la barca zarandeada en el mar de la historia continúa su ajetreo. Sin embargo, el rumbo del timón hacia donde deseamos y entendemos que debemos ir nos incluye; nos responsabiliza. "Nadie queda fuera de la barca, ni nadie se salva solo", afirmaba el papa argentino.
Entonces, recordar y festejar Santiago no es cosa vana. De las grandes crisis "se sale mejor o peor, pero no igual" (S. S. Francisco). El orgullo conquistador de la Autonomía (1820) y su configuración institucional en el Pacto de Vinará (1821) sustentan este gran desafío, tanto como un hálito identitario santiagueño que sostiene la vida y la proyecta hacia nuevos horizontes.
¿Cómo una telera campesina entreteje su manta de mil colores frente al paisaje telúrico gris y opaco? ¿Dónde está el hechizo de esta tierra? ¿Cómo se cantan versos que enamoran y emocionan ante las añoranzas perdidas? ¿Y cómo se hace fiesta y danza aún en tiempos de extraña agonía? La fascinación está en ese amasijo íntimo de sueños esperanzados que afloran sobreponiéndose al contexto vital de lo adverso. El movimiento es del "adentro profundo" al "afuera externo y paralizante": una identidad escindida, aunque de pie y en lucha, como siempre lo fue.
En este contexto, reafirmar la "Nueva Autonomía" bien podría destrabar el mito del intimismo provinciano "vivir para adentro" y deconstruir, con un ideario político-institucional, el imaginario de un "Santiago inviable". Esta perspectiva viene con estrategias, procesos y etapas de corto, mediano y largo plazo, pero con un único fin: revertir el desfavorable escenario territorial que otrora hacía desfallecer.
Un nuevo afuera urbano atrae y conquista la mirada, así como un nuevo afuera campesino-rural recrea su hábitat y desafía emprendimientos. Ya no se trata de sobreponer, evitar ni menos infravalorar la provincia. El movimiento del espíritu ahora también es de "afuera hacia adentro". La Nueva Autonomía recompone aquella identidad truncada. ¡No solo estamos: ahora somos!
«Al igual que hace 200 años, estamos en un momento fundamental. Somos Santiago del Estero proyectado hacia el mundo, que se desplaza hacia un uso más intensivo del conocimiento; un tiempo en el que el Estado debe estar a la vanguardia de su desarrollo, diseñando políticas públicas para fomentar la innovación, empujar las fronteras tecnológicas y democratizar el acceso a la información y al conocimiento», aseveraba Gerardo Zamora (Discurso, Legislatura de Santiago del Estero, 2021)
En este estado de cuestión, festejar es un derecho ciudadano y popular, junto con el recuento de los nuevos tiempos. Aquí, la encrucijada del camino se impone, y hay que "plantar banderas" (Ignacio de Loyola). No quedan chances. Tres sendas se convierten en opciones políticas, ya sea por pasado, por ausencia o por presencia activa. Ni botas represivas ni vetos de castigo, sino votos conscientes de la historia y militantes de sueños venideros.
Una democracia con sobrenombre propio Participación Popular en un Santiago que asume metas habilitadas y todavía por alcanzar: una Nueva Autonomía Provincial.
Entonces, que los bombos del 25 de julio se conviertan luego en votos santiagueños. Que los ecos legüeros recuerden el pasado angustioso por dentro y denigrado por fuera. Que esos votos timoneen la barca "hacia delante y mar adentro" (cf. Lc 5, 1-11). Ni vetos ni botas. Es tiempo popular de un Santiago movilizado en democracia.