Santiago

De racismo, discriminación y otras yerbas

Por Alberto Tasso

La reciente vorágine de voces que hemos escuchado estos días desde distintos países acerca del racismo en Argentina han provocado numerosas –y comprensibles- reacciones, que van desde la indignación y el rechazo a la risa, a veces combinadas.

Tal es el caso de la actitud de la FIFA, que multó a la Asociación del Fútbol Argentina (AFA) al denunciar una serie de actos discriminatorios y abusos racistas llevados adelante por la hinchada local durante el partido con Colombia en las eliminatorias del Mundial en junio.

Mientras tanto, esa entidad multinacional convertida en corporación empresaria que maneja millones de dólares y ve en el fútbol un negocio antes que un deporte, no tuvo empacho en impedir que Haití usase una camiseta que llevaba el signo de su independencia, así como impidió que la selección iraní se alojase en Estados Unidos. Dócil al imperialismo yanqui, aceptó que Donald Trump eliminara una tarjeta roja aplicada a un jugador de la selección de su país. Ya vemos en manos de quien está el arbitraje.

Del "día de la raza" al "día del respeto a la diversidad cultural" 

Sabemos que el concepto de 'raza' no es adecuado hoy desde un punto de vista técnico, pero lo admitimos porque forma parte de la terminología colonial. 

El Día de la Raza fue propuesto en 1914 por el ex-ministro español Faustino Rodríguez-San Pedro para destacar la "unidad iberoamericana", concepto que denotaba el tutelaje colonial. En nuestro país fue establecido en 1916 por Decreto del Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen. En España fue declarado fiesta nacional por ley de Alfonso XIII del 15 de junio de 1918. 

Pero luego del quinto centenario en 1992 los países latinoamericanos tomaron el control dela fecha y la nombraron a su modo. En la República Bolivariana de Venezuela fue denominado Día de la resistencia indígena y la descolonización de América destacando que destacó que "el 12 de octubre no es el día del descubrimiento, ni del encuentro, ni de la raza, es el día de la conmemoración de la resistencia de los pueblos indígenas".

En nuestro país el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) presentó en 2007 un proyecto que modificaba el nombre de Día de la Raza por Día de la Diversidad Cultural Americana. Finalmente, consagrado como Día del Respeto a la Diversidad Cultural por medio del decreto de necesidad y urgencia 1584/2010 emitido por la presidenta Cristina Fernández. 

En 2024, ya durante la presidencia de Javier Milei, la Casa Rosada volvió a referirse al Día de la Raza a pesar del Decreto de 2010. Además, recordemos que el INADI fue eliminado el 6 de agosto de 2024 mediante el Decreto 696/2024. Sus funciones y recursos pasaron a la órbita del Ministerio de Justicia de la Nación. El mejor modo de negar el presente es retornar al pasado. 

Volviendo al caso que nos ocupa

No es menos sugerente que algunas de las críticas al 'racismo' argentino provengan de Estados Unidos, país cuya capacidad de visión es admirable: puede ver la paja en el ojo ajeno y no lo viga en el propio. ¿Qué decir de los países europeos que practicaron –y practican- el colonialismo en América, África y Asia como ideología de estado? 

Aunque el pensamiento decolonial adquirió fuerza y creció desde los '60 hasta hoy (basta citar a Augusto Salazar Bondi y Enrique Dussell entre muchos otros) no ha logrado entrar en la cabeza de las elites neocoloniales que disfrazadas de libertarias nos gobiernan a veces, como es el caso actual de nuestro país.

El verdadero problema no es racial sino étnico y cultural, expresado en los colores de la piel, las creencias religiosas o las opiniones políticas. Se trata de la discriminación y desigualdad que late en el supuesto de la supremacía del blanco sobre el negro del afro y el cobrizo del indio. 

La idea de la independencia en América Latina no es nueva pero no ha sido fácil de lograr. Se expresa en el abrazo de San Martín y Bolivar en Guayaquil, pero fue negado durante el período 'moderno' 

La pregunta ahora es si existe discriminación étnica en Argentina. La respuesta es positiva, agregando que existe desde el siglo XVI, que se acentuó en el XIX, disminuyó en el XX y en el actual crece de modo alarmante. 

Una definición del término 'racismo' me pareció necesaria para entrar al tema, y una vez más comprobé la utilidad del diccionario. Según me dice, es "una creencia, ideología o forma de discriminación que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre otros, lo que lleva al rechazo, al odio y al maltrato de las personas por su color de piel, origen o cultura. Según el Diccionario de la lengua española de la RAE, también se define como la doctrina política basada en ese mismo pensamiento de superioridad".

Me pareció claro, y útil para abordar las preguntas del día: ¿hay racismo en Argentina? ¿cuál es su historia? ¿cómo se manifiesta? Una respuesta amplia demandaría un libro, pero solo dispongo de quince renglones y una hora, ya que la hora de cierre se aproxima. Pues sí, creo que lo hay y está a la vista, como puede comprobarse en el pasado y el presente de nuestro país. 

En principio, el racismo y la discriminación que lo acompañan provienen del período colonial y su sociedad segmentada según el origen de la población: españoles y portugueses, americanos, africanos (blancos, indios y negros según las categorías usadas). Santiago del Estero tiene una rica historia en materia de procedimientos de coacción, exacción y mutilación que aplicó en la economía y la cultura.

Para el momento de la independencia en el siglo XIX el rígido sistema de castas inicial había menguado pero no desaparecido de modo alguno. Hubo pasos adelante en los que Argentina fue pionera, al menos en las leyes, como lo muestran la "libertad de vientres" y la abolición de la esclavitud. Otro fue el caso de los 'indios', que durante los primeros gobiernos constitucionales fueron víctimas del proyecto civilizatorio y el 'progreso'; parte de su costo fue el genocidio en la pampa, la Patagonia y el Chaco. 

La discriminación no solo involucra la cultura sino también al pensamiento político, que se muestra en la represión a los movimientos populares y a la generación crítica de los '60, en la que podían convivir el marxismo con el concilio de Medellín. Ambos fueron víctimas de una alianza entre el capital, las fuerzas armadas y un sector de la Iglesia. Lo que pasó es conocido.

¿Qué sucede hoy? Pues que se están dando pasos acelerados en materia de discriminación y segregación. Aunque los derechos de los pueblos originarios fueron reconocidos en la constitución de 1994, hoy se los agrede sin empacho, como lo muestran centenares de casos en todo el territorio. Pero además hay evidentes signos de limitación al libre pensamiento, al disenso y a la protesta. En este caso, no lo vemos en los libros de historia, sino en la calle y la prensa que si no es aliada es condenada.

Nos encontramos ante un enorme desafío, que es el de reconocernos en este descarnado retrato. Acaso lo más sólido de nuestra sociedad es su capacidad de resistencia y recuperación. Se trata de ponerla en juego ante la instancia neocolonial que hoy enfrentamos, una jugada de países y centros de poder que tienen, sin ninguna duda, más racismo que nosotros. 

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