Crónica de la medium en el Teatro 25 de mayo
Por Belen Cianferoni
Buen día croniqueros. Fui a una sesión especial en el teatro. Fui a ver a una medium. Está mal elegido ese verbo, así que me corrijo. Fui a sentir emociones en un evento realizado por una medium.
Me he ido en llanto y en risas, como decimos los Santiagueños. Buenisimo, lo recomiendo.
Cuando me preparaba para salir, elegí un vestido rojo y una turmalina como colgante. Decidí no maquillarme.
Quería ir con la cara limpia, dispuestaa vivir la experiencia y a soltar lágrimas si era necesario. Y no me equivoqué.
Todos tenemos historias que contar. Hablar cura.
Me sentía como aquella mujer que fue a pedirle ayuda a Buda para que reviviera a su hija. Él le respondió que lo haría si conseguía un grano de mostaza de una casa donde nunca hubiera muerto nadie. La madre, desesperada, recorrió pueblo tras pueblo hasta comprender que esa casa no existía. Ni existirá jamás. No hay ser humano que no haya conocido la pérdida.
Muchos compartían sus experiencias con la muerte y, por momentos, el duelo dejó de ser un lugar seguro.
No voy a mentir. Pero sí se volvió un poco más comprensible. Un poco más humano. Eventualmente, cuando uno logra razonar la pérdida, algo empieza a acomodarse. Porque, en el fondo, solo tememos a lo que desconocemos y al silencio.
Hace bien llorar. Hace bien hablar. La mayoría de nosotros no puede conversar con los muertos, así que todavía nos quedan los vivos. Nos quedan quienes siguen aquí para decirles cuánto extrañamos, cuánto aprendimos y cuánto amor quedó suspendido en el aire.
No es lo mismo, claro. Pero también es una forma de estar vivos. Una de las tantas facetas... y facturas... que tiene habitar este planeta.
Me imaginaba todas las lágrimas que podían entrar en el teatro 25 de mayo, y mientras muchas almas se conectaban con sus seres queridos, yo me volvía pequeña imaginando los átomos de esas lágrimas flotando en el espacio.
Quizás mis seres queridos también se hayan convertido en partículas que viajan por el cosmos. Y tal vez, de vez en cuando, me visiten desde ese universo microscópico.
Ese día, en los ojos de mi amiga Estefanía, en el rojo de mi vestido, sentí que los aromas de mi infancia regresaban para decirme: "No dejes de hablar. No dejes de escribir. Porque nosotros también vivimos en tus letras".
A la salida del teatro me quedé tarareando esa canción que cantaba con mi abuela y con mi papá.
"En alguna estrella los dos andarán Allá no hay tranqueras pa' los gauchos pobres Tienen todo el cielo, ¿pa' qué quieren más?" De don Argentino Luna, hermosa zamba.
Ojalá mis hermosos seres de luz sean partículas vibrando en las cuerdas de la guitarra de algún músico de manos dulces y ágiles, para escuchar música cada vez que lo deseen.
Al menos en esta dimensión me despido, esperando que hayan tomado su tecito de ruda y que les sea facil, al menos hoy, todos sus trámites, y agradezco la hermosa foto a Eugenia Suárez del teatro. Si tienen alguna oportunidad, vayan. Es una belleza
Hasta el próximo domingo.