Opinión

León XIV llega con Francisco

Por Diego Ramos | Politólogo.

«¡El Pastor viene a encontrarse con su pueblo!» Con estas palabras comienza el comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina que anuncia la visita del Papa León XIV a nuestro país. La noticia se dio a conocer, precisamente, al día siguiente de conmemorarse los 50 años del martirio del obispo Enrique Angelelli, asesinado por la última dictadura militar y sectores de la oligarquía riojana.

Resulta imposible evitar la pregunta —cargada de intensas emociones— de por qué no pudo concretar este viaje el Papa Francisco: un pontífice constantemente tensionado por distintos sectores de la sociedad, de la política y de la propia Iglesia. Dicha tensión suele reducirse a un diagnóstico simplista: que Francisco es un «Papa político» o, peor aún, «populista».

Sin embargo, el interrogante que se extiende sobre a qué habría venido Francisco —o qué hubiera pasado si su visita se hubiese concretado— empieza a responderse desde una pregunta del presente: ¿en qué contexto llegará León XIV y qué espíritu teológico-pastoral lo mueve? León XIV llegará en un marco que ya habíamos advertido en artículos anteriores: un nuevo orden mundial que se va forjando bajo la lógica de la instrumentalización teológica por parte de ciertos líderes políticos, quienes intentan imponer la creación de un «nuevo mundo» destructivo.

El Génesis del Dios creador —cuyo espíritu de vida encomendó a los hombres la responsabilidad de cuidar la Creación: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado y todas las fieras de la tierra…»— se enfrenta hoy a un supuesto «realismo político». Este último está impulsado por un espíritu que promueve un Génesis inverso y destructivo, desatando la furia de una «nueva creación» dominada por las bestias.

«Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de "nueva creación" desvinculada del pasado… creyendo que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse», expresa el propio León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.

Cabe recordar que, cada vez que un cardenal es elegido como nuevo líder de la Iglesia Católica, el Decano del Colegio Cardenalicio se acerca al electo y le formula la pregunta ritual: «Quo nomine vis vocari?» (¿Con qué nombre quieres ser llamado?). No se trata de una elección ingenua; por el contrario, hay un profundo profetismo histórico —o no— en el nombre con el que cada uno decide ser llamado. En este sentido, tanto Francisco como León XIV comulgan en una misma espiritualidad, muy alejada de la mentalidad corriente que opone el espíritu a la materia. Para ellos, la materialidad de la vida —el comer, la salud, la educación y el trabajo digno— no está disociada de su visión teológica y pastoral. Ambos rechazan esa noción abstracta de «espíritu» que, en lugar de encarnarse, termina utilizándose para justificar el sacrificio de los pueblos traducido en hambre, desempleo, desprotección sanitaria y en las atrocidades de las guerras.

León XIV llegará a nuestro país en el mes de noviembre entramado en el mismo espíritu de Francisco. Se los puede presagiar ya en un diálogo susurrado al oído de la patria, donde León advertirá: «Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido; no es justo permanecer neutrales ni basta con no ser cómplices». Y Francisco le responderá en perfecta consonancia: «¡No, por Dios! La memoria es garante para construir un futuro más justo. No se trata solo de recordar, sino de asumir la perspectiva de las víctimas».

Así, las encíclicas se volverán abrazo y la teología se hará camino encarnado en nuestra historia. Fratelli Tutti y Magnifica Humanitas trazarán el horizonte cuyo espíritu promueve una ética del cuidado, convocándonos a construir una agenda de unidad y de profunda humanidad. El llamado a la paz y a la justicia será, sin duda, una agenda genuinamente incómoda: decidida a ponerse de pie en defensa de la vida y de la fe amenazada.

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