La posta de Ambrosio, una historia que sigue vigente como siempre
La autora es docente de la escuela Nº 204 "José Jacinto Berrutti", ubicada en la ciudad de Bandera, departamento Belgrano.
Por Elva Guzmán
Hay historias que no necesitan estar escritas para permanecer en la memoria de un pueblo.
La de Ambrosio es una de ellas.
Hace muchos años, durante décadas, un hombre humilde, con muy poco, pero con un corazón enorme, preparaba cada Día del Niño un chocolate para los chicos de nuestra ciudad.
Lo hacía con esfuerzo, seguramente resignando cosas propias, pero encontraba su recompensa en algo muy sencillo: verlos felices.
Dicen que detrás de aquel gesto había una historia de dolor, y quizás, sin saberlo, Ambrosio encontró en las sonrisas de aquellos niños una manera de llenar un poquito aquel silencio.
Nunca sabremos cuánto de verdad había en aquella historia, pero sí sabemos que, año tras año, siguió preparando su chocolate.
Hasta que un día enfermó y se fue...
Durante un tiempo, pareció que también se iría con él aquella hermosa costumbre.
Pero las historias que nacen del corazón no siempre terminan cuando se van sus protagonistas.
Hoy, una familia de nuestra ciudad tomó aquella posta.
Con compromiso y generosidad, decidió continuar lo que Ambrosio había comenzado.
No para reemplazarlo, sino para mantener vivo su recuerdo...
Y quizás, como alguna vez Ambrosio encontró en la alegría de los niños una manera de aquietar un dolor, esta familia encontró en ese mismo gesto una forma de devolverle a la vida un poco de todo lo que ella les ha dado.
Hay maneras de agradecer que no necesitan palabras, basta con compartir y hacer felices a otros.
Así, mientras continúan el legado de Ambrosio, también escriben su propia historia de gratitud.
Por ello, cada Día del Niño, cuando los chicos se reúnen, seguramente algo de aquella vieja historia vuelve a hacerse presente.
Quizás eso sea lo más hermoso que Ambrosio pudo dejarnos.
Él lo hizo durante muchos años.
Y hoy, otra familia (Gómez) sigue escribiendo esa historia.
Hay gestos que aunque pasen los años, siguen viviendo en la sonrisa de un niño.
Ambrosio ya no está, pero su chocolate, de alguna manera, todavía se comparte.
¡¡ Feliz día del niño!!