Santiago

Muerte súbita: cualquiera puede ser el primer eslabón que salve una vida

Por la Dra. Yanina Cangelosi Alba.

Una persona cae al suelo. No responde. No respira con normalidad. Alrededor, todos miran esperando que llegue alguien que sepa qué hacer.

Pero en una muerte súbita, los primeros minutos no pertenecen al médico, al cardiólogo ni a la ambulancia. Pertenecen a quien está ahí.

La muerte súbita ocurre de manera inesperada y, generalmente, como consecuencia de un paro cardíaco. En los adultos, la causa más frecuente es la enfermedad coronaria, aunque también puede producirse por arritmias u otras cardiopatías, incluso en personas jóvenes.

En Argentina no existe una estadística vital específica que registre todas las muertes súbitas como una categoría independiente. Sin embargo, el Ministerio de Salud estima, a partir de datos nacionales e internacionales, que podrían producirse alrededor de "40.000 casos por año", aproximadamente una muerte súbita cada mil habitantes.

Por este motivo, desde el punto de vista epidemiológico, resulta razonable establecer la obligatoriedad de contar con al menos un **desfibrilador externo automático (DEA)** en lugares públicos y privados de acceso público con una concentración o circulación diaria superior a 1.000 personas.

Reconocer primero

La mayoría de los paros cardíacos ocurre lejos de un hospital. Allí aparece una diferencia fundamental entre presenciar una emergencia y convertirse en parte de la solución.

Cuando una persona se desploma, no responde al hablarle o tocarla y no respira normalmente —o presenta respiraciones agónicas, irregulares, similares a jadeos— debemos pensar en un paro cardíaco.

No es necesario buscar el pulso durante largos segundos ni esperar a estar completamente seguros. Hay que pedir ayuda, activar inmediatamente el sistema de emergencias y comenzar las compresiones torácicas.

En estas situaciones, dudar también consume tiempo.

Las manos pueden mantener vivo al cerebro

La reanimación cardiopulmonar (RCP) no necesariamente "reinicia" el corazón. Su función inmediata es otra: al comprimir el tórax, se mantiene una cantidad de sangre circulando hacia el cerebro y los órganos vitales mientras llega el tratamiento definitivo.

La evidencia muestra que cuanto antes comienza la RCP, mayores son las posibilidades de supervivencia y de conservar una buena función neurológica.

Datos recientes de casi 200.000 paros cardíacos extrahospitalarios mostraron que iniciar RCP por parte de un testigo dentro de los primeros dos minutos se asociaba con una probabilidad de supervivencia sustancialmente mayor que no recibirla. Ese beneficio disminuía progresivamente a medida que pasaban los minutos.

Por eso, quien presencia el colapso no es simplemente un espectador: **es el primer eslabón de la cadena de supervivencia.**

¿Qué hay que hacer?

Si un adulto cae repentinamente, no responde y no respira con normalidad:

1. Pedir ayuda y llamar al sistema de emergencias.

2. Solicitar un desfibrilador externo automático (DEA) si hay uno disponible.

3. Colocar a la persona boca arriba sobre una superficie firme.

4. Comenzar compresiones fuertes y rápidas en el centro del pecho.

5. Continuar hasta que llegue la ayuda, la persona muestre signos claros de vida o el DEA indique qué hacer.

Para una persona sin entrenamiento, las compresiones torácicas continuas son una estrategia válida frente a un paro cardíaco súbito en un adulto. Las recomendaciones actuales siguen considerando las compresiones de calidad y la desfibrilación precoz como pilares del tratamiento extrahospitalario.

"No hace falta ser profesional de la salud para empezar"

El desfibrilador no reemplaza a quien ayuda: lo guía

Todavía existe miedo a utilizar un DEA. Sin embargo, estos equipos están diseñados precisamente para que puedan ser utilizados por personas sin formación médica avanzada.

Al encenderlos, indican mediante mensajes de voz dónde colocar los parches y analizan automáticamente el ritmo cardíaco. El aparato no descarga porque alguien apriete un botón al azar: solo recomienda una descarga cuando detecta un ritmo para el cual la desfibrilación puede ser útil.

Esto es especialmente importante porque algunas de las arritmias responsables del paro cardíaco, como la fibrilación ventricular, pueden revertirse mediante una descarga eléctrica precoz.

La desfibrilación temprana, junto con las compresiones, es uno de los elementos fundamentales para mejorar las posibilidades de supervivencia.

Por eso existen espacios cardioprotegidos y normas que establecen la disponibilidad de DEA en determinados lugares de gran circulación de personas.

Pero un DEA guardado en una caja que nadie sabe localizar sirve mucho menos que uno "visible, señalizado y acompañado por personas que saben cómo actuar".

La mayoría de las veces no será un desconocido

Tal vez imaginamos la RCP como algo que algún día podríamos hacerle a una persona en la calle. Sin embargo, gran parte de los paros cardíacos extrahospitalarios ocurre en domicilios particulares.

Eso cambia la pregunta.

Aprender RCP no es solamente prepararse para salvar a un desconocido. Puede significar estar preparado para ayudar a nuestra pareja, un padre, una madre, un hermano, un amigo o un compañero de trabajo.

Por eso, enseñar reanimación debería formar parte de la educación comunitaria: escuelas, clubes, gimnasios, lugares de trabajo y espacios públicos.

La experiencia internacional muestra todavía una gran brecha. Según las últimas Directrices de la Asociación Americana del Corazón sobre Reanimación Cardiopulmonar y Atención Cardiovascular de Emergencia, menos de la mitad de los adultos que sufren un paro cardíaco extrahospitalario recibe RCP por parte de una persona presente en el lugar.

No siempre faltan ganas de ayudar. Muchas veces falta saber qué hacer.

El miedo a hacerlo mal

"¿Y si le rompo una costilla?"

"¿Y si no era un paro cardíaco?"

"¿Y si empeoro la situación?"

Son dudas frecuentes.

Pero frente a una persona inconsciente que no respira normalmente, el riesgo mayor es no actuar.

Una persona en paro cardíaco necesita circulación inmediatamente. Esperar a que llegue la ambulancia sin iniciar maniobras deja pasar minutos decisivos.

Las compresiones pueden producir lesiones, pero un paro cardíaco sin tratamiento puede provocar la muerte.

El objetivo no es realizar una reanimación perfecta.

El objetivo es comenzar.

 Una comunidad también puede ser cardioprotegida

Prevenir la muerte súbita no depende solamente de tener buenos hospitales.

Reconocer un paro, llamar rápidamente a emergencias, comenzar RCP, disponer de un DEA y utilizarlo precozmente son acciones que involucran a toda la comunidad.

Por eso, resulta útil preguntarnos:

¿Sabemos cuántos DEA existen hoy en Santiago del Estero y dónde encontrarlos ante una emergencia?

No podemos evitar todos los paros cardíacos. Pero sí podemos evitar que los primeros minutos se pierdan esperando.

Ante una muerte súbita, cualquiera puede ser el primer eslabón que salve una vida.

Y para lograrlo, no hace falta ser médico: hace falta reconocer, llamar y actuar.

Acercar la ciencia a todos también es una forma de mejorar la salud pública.

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