Los niños pequeños y su manía de pegar: por qué lo hacen y qué recomiendan los pediatras
Los especialistas sugieren reemplazar el castigo por un modelo de enseñanza basado en la redirección y el refuerzo positivo.
Pegar, morder o arrojar objetos entre los dos y los cuatro años es una conducta esperable del desarrollo. No responde a mala intención, sino a la falta de lenguaje y de herramientas para regular la frustración, los celos o el cansancio. Así lo sintetiza el Dr. Ángel Muratore, médico pediatra, docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, en el marco de un incremento de consultas respecto de esta conducta de los niños.
El especialista resalta que por ese motivo, la Academia Americana de Pediatría propone en sus guías más recientes reemplazar el castigo por un modelo de enseñanza basado en la redirección y el refuerzo positivo.
"La intervención recomendada en el momento es breve y clara. Una frase corta, con voz tranquila, que nombre la conducta: no se pega, pegar duele. Inmediatamente después, se redirige la atención hacia una alternativa aceptable. Si el motivo fue que le quitaron un juguete, se le puede ofrecer otra forma de expresar el enojo, como pisar fuerte, respirar o pedir ayuda con palabras", fundamenta Muratore, al tiempo que ejemplifica la situación.
Los especialistas sugieren ponerle nombre a la emoción antes de corregir el comportamiento. Decirle que se entiende que está frustrado o enojado porque algo le pareció injusto ayuda a que su sistema nervioso se calme más rápido. Solo cuando se siente comprendido puede escuchar la indicación.
"Si se utiliza el tiempo fuera, debe ser entendido como una pausa para calmarse y no como un castigo. Debe ser breve, en un lugar sin distracciones, pero a la vista y seguro, nunca el dormitorio. La referencia que usa la AAP es un minuto por cada año de edad, aunque en muchos casos treinta segundos son suficientes. Una vez finalizado, se retoma el juego sin sermones ni pedidos de disculpas obligados. La reparación, como acercar un juguete o hacer un gesto cariñoso, tiene más valor cuando surge después de haberse calmado", advierte.
A largo plazo, lo más efectivo es el refuerzo positivo específico. Elogiar de forma concreta la conducta deseada, como esperar el turno, compartir o pedir con palabras, enseña con claridad qué se espera que repita y fortalece el vínculo con el cuidador.
"La consistencia en la respuesta de los adultos también es clave. Responder de la misma manera cada vez que aparece el golpe ayuda a que el niño construya el patrón de autorregulación. La evidencia actual indica que los niños que crecen con límites claros, sostén emocional y refuerzo de las conductas positivas desarrollan mejor autorregulación, empatía y habilidades sociales que aquellos criados principalmente con castigos", cerró Muratore.
Qué no hacer cuando un niño pequeño pega
Una vez que el niño actuó con forma violenta, no devolver el golpe ni siquiera de forma suave con la intención de que sienta lo que hace, ya que aumenta la agresión.
"No gritar, insultar, humillar o etiquetar al niño como malo o pegador. No exponerlo frente a otros, compararlo con hermanos o amigos ni prolongar el reto, porque la atención intensa ante la conducta inadecuada tiende a reforzarla. No aislarlo por tiempo prolongado ni dejarlo solo llorando. A esta edad el aislamiento prolongado se vive como abandono. No obligarlo a pedir perdón de forma forzada mientras aún está desbordado y no quitarle privilegios que no tienen relación directa con lo ocurrido, como la televisión de la noche, porque no logra conectar causa y consecuencia", aconsejó.