"Era un loco lindo": el emotivo recuerdo de la tía de Los Amigachos sobre Eduardo Groh Riemersma
Pamela Roldán recordó con profundo cariño al proteccionista fallecido. Desde su infancia, cuando la asistía en momentos de hambre, hasta el hermoso vínculo que formó con sus sobrinos en silla de ruedas, reveló el lado B de un hombre que trascendió la causa animal.
El dolor por la trágica muerte de Eduardo "El Polaco" Groh Riemersma sigue calando hondo en la comunidad de Bandera. Detrás de la figura pública del reconocido defensor de los animales se esconde una historia íntima de profunda generosidad que marcó a generaciones de familias locales.
En diálogo exclusivo con EL LIBERAL, Pamela Roldán (33) abrió su corazón para recordar al "Pola" desde una perspectiva que pocos conocían, ligada a la asistencia silenciosa, el compañerismo y un amor incondicional que se extendió durante décadas.
¿De cuánto tiempo data el vínculo de su familia con el "Polaco"?
Nosotros lo conocíamos al Pola desde mucho más antes, desde cuando yo era chiquita. Hoy tengo 33 años, y cuando me acuerdo de cuando tenía 6 o 7 años... nosotros habíamos pasado hambre y él siempre se encargaba de que todas las mañanas tengamos nuestros bizcochos, facturas, nos llevaba mercadería. El papá de él era patrón de un tío nuestro, pero como él sabía que pasábamos necesidad, él todas las mañanas se acordaba de nosotros.
Después de esos años de infancia, ¿cómo se volvieron a cruzar sus caminos?
Él siguió su camino y, al tiempo, volvió a caer en nuestra familia por dos de mis sobrinos que tenían una enfermedad genética, la distrofia muscular de Duchenne, y los dos estaban en silla de ruedas. Formó un vínculo muy hermoso con ellos. Los llevaba de paseo, los llevaba a ver sus canichones, les dio en adopción a dos perritos de esos. Los fines de semana siempre iba y pasaba momentos con ellos; a la noche caía a tomar unos mates, a compartir comida, a festejar cumpleaños. Cuando mis sobrinos se enfermaron y luego fallecieron, él siempre estuvo atento a todo, preguntando qué hacía falta, en qué podía ayudar.
¿Cómo los llamaba él cariñosamente a sus sobrinos?
Mis sobrinos se llamaban Kevin y Alexis. Y él les decía "mis amigachos". Todavía me acuerdo cuando le llegó la noticia de que había fallecido uno de los chicos; me dijo: "Nena, estoy destrozado, se me fueron mis amigachos". Así los nombraba. Incluso llevó a uno de ellos, a Kevin, a conocer el refugio para que le quede de recuerdo.
¿Cómo era esa relación en el día a día, teniendo en cuenta la discapacidad de los chicos?
Él fue un ángel para ellos porque, estando en silla de ruedas, no tenían muchas formas de distraerse. A él no le importaba: los alzaba, los subía a su camioneta, cargaba las sillitas y los llevaba a jugar a la PlayStation, a dar una vuelta por el bar... "A ver a las chicas", decía él en su mundo. Con todo su tiempo ocupado, siempre hacía un ratito para verlos.
¿Qué le diría hoy a la gente que solo lo conocía por los medios o por su labor con los perros?
Que él fue mucho más allá de los animales, aunque los amaba muchísimo. Quienes lo conocíamos sabíamos que era una persona excelente. Así loco como era porque tenía su forma de hablar que a veces a algunos les gustaba y a otros no, era un loco lindo que, cuando sabía que vos necesitabas, no dudaba en darte una mano. Si él no hubiese estado con sus canichones, hubiese estado hasta el último segundo con mis sobrinos, haciendo todo lo posible por ellos.