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El River de Brito y Di Carlo gastó millones de dólares, pero no ganó nada: un análisis necesario

Jorge Brito y Stefano Di Carlo (Foto: prensa River)

Entre la gestión de Jorge Brito y el comienzo de la era Stefano Di Carlo, River construyó un gigante institucional, pero todavía no consigue construir un equipo a la altura de su propia historia. Ahora, después de otra eliminación y otro cambio de entrenador, aparece Ramón Díaz como un nombre que vuelve a sobrevolar Núñez.

River dejó de ser River. No dejó de ser grande, pero hace tiempo que dejó de comportarse como el River que aprendió a levantarse de sus peores momentos. Y quizás ahí esté el verdadero problema.

River sabe perfectamente lo que significa tocar fondo. Lo vivió en 2011, cuando el club descendió a la segunda categoría del futbol argentino durante la presidencia de Daniel Passarella. Aquello que parecía imposible se convirtió en realidad y obligó a una institución gigantesca a mirarse al espejo. Ese descenso también dejó una enseñanza.

River entendió que no podía volver a cometer los mismos errores. Que necesitaba reconstruirse desde las bases. Que la grandeza se administra, se planifica y, fundamentalmente, se sostiene con resultados. Entonces apareció Rodolfo D'Onofrio.

Entre 2013 y 2021, River recuperó prestigio, identidad y títulos. Y en el centro de aquella reconstrucción apareció Marcelo Gallardo. La historia es conocida: dos Libertadores, títulos nacionales, finales internacionales y una identidad futbolística que convirtió al club en uno de los grandes protagonistas del continente. Aquello no fue casualidad. Fue trabajo. Fue compromiso y fue respeto hacia un club grande.

Hubo dirigentes que entendieron que el fútbol necesitaba un proyecto. Hubo un entrenador al que se le dio poder y tiempo. Y hubo paciencia para atravesar momentos malos sin tirar todo por la borda. River volvió a ser River. Después llegó Jorge Brito.

Y hay que ser justos porque no se puede negar que durante su gestión River creció enormemente como institución. El Monumental se transformó, los ingresos aumentaron y el club alcanzó una dimensión económica inédita. El propio Brito explicó que durante su mandato se realizaron obras por aproximadamente US$200 millones en el estadio y las instalaciones del club. El problema es que River no es solamente un estadio, no es solamente una estructura moderna o una cuenta bancaria. River es fútbol. 

Pero también hubo una inversión millonaria en el plantel. Durante la gestión de Brito, River desembolsó alrededor de US$136 millones en incorporaciones, según distintos relevamientos periodísticos.  

Y ahí aparece la gran contradicción de estos últimos años, mientras el club se convirtió en una potencia económica, el equipo dejó de ser una potencia deportiva.

Durante estos años hubo incorporaciones millonarias, apuestas fuertes y nombres importantes, pero muchas veces la sensación fue que River compraba jugadores en lugar de construir equipos. Y cuando faltaron respuestas dentro de la cancha, apareció la billetera. Una y otra vez. Hasta llegar a 2026.

 Jorge Brito y Stefano Di Carlo. Foto La Nación.

Stefano Di Carlo asumió la presidencia en noviembre de 2025, con el respaldo de más del 61% de los votos y como continuidad del oficialismo que había comenzado con D'Onofrio y continuado con Brito. Pero la continuidad institucional no tampoco volvió a tener una continuidad futbolística porque River volvió a gastar. Y mucho.

En el último mercado desembolsó casi 70 millones de dólares por nueve refuerzos. Llegaron Nicolás Otamendi, Rafael Santos Borré, Ángel Correa, Thiago Almada, Mauro Arambarri, Giovani González, Lucas Beltrán, Tobías Andrada y Francisco Ortega. Una fortuna para el fútbol argentino.

Si bien se armó un plantel con nombres que cualquier entrenador quisiera tener y sin embargo, River volvió a quedarse sin respuestas.

Eduardo Coudet se fue después de menos de seis meses, tras la eliminación ante Independiente Santa Fe en la Copa Sudamericana. El Chacho, que había rescindido contrato con Alavés de España, vino con la idea de que su equipo sea protagonista, que sean muy físicos y agresivos, que miren siempre el arco de enfrente, algo que nunca sucedió. luego con la derrota ante Boca, empezó a ser mirado de reojo, hasta que el resultado de la billetera se vio en el campo de juego. El Chaco nunca pudo encontrarle la vuelta a un equipo que cada vez tenía problemas. Y se fue. Ahora, Leonardo Ponzio asumió como interino y River volvió a encontrarse, otra vez, buscando un entrenador.

 Otra vez a empezar de cero. Otra vez explicar un proyecto, a pedir paciencia y otra vez hablar de nombres.

River tiene uno de los planteles más valiosos del continente. Tiene ingresos extraordinarios. Tiene un estadio espectacular. Tiene una masa societaria enorme. Tiene recursos que la mayoría de los clubes sudamericanos ni siquiera puede imaginar.

Stefano Di Carlo asume como presidente de River. Foto: Marcelo Carroll.

Pero en la cancha no logra transformar esa superioridad económica en superioridad futbolística. Entonces ¿de qué sirve tener una Ferrari si nadie sabe conducirla?.

River necesita dejar de confundir inversión con éxito porque comprar figuras no garantiza armar un equipo y cambiar de entrenador tampoco garantiza solucionar un problema que, quizás, sea mucho más profundo.

Hoy el nombre de Ramón Díaz vuelve a aparecer y no es casualidad. Ramón cumple este sábado 67 años y es uno de los entrenadores más importantes de la historia de River. Ganó nueve títulos con el club y conoce como pocos lo que significa sentarse en ese banco. Su nombre vuelve a aparecer cada vez que River entra en crisis porque representa algo que el club parece haber perdido identidad.Pero traer a Ramón no puede ser simplemente otra reacción desesperada.

Si River realmente está pensando en volver a llamarlo, debería hacerlo porque existe un proyecto y porque creen que puede liderarlo. No para apagar otro incendio porque ese es justamente el error que River viene cometiendo. Primero fue Gallardo. Después Demichelis. Otra vez Gallardo. Después Coudet. Ahora Ponzio

Porque está comprobado que los millones que gastó Jorge Brito y los que viene desembolsando Stefano Di Carlo no alcanzan para responder esa pregunta. Con ambos al frente, River no sabe qué quiere ser, confunde todo. Y los resultados, terminan reflejándose en el campo de juego.

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