Santiago

José de San Martín: El libertador de medio continente (Tercera Parte)

Por Eduardo Lazzari, historiador.

El genio militar de don José de San Martín va a ser valorado en extremo cuando culmine su campaña libertadora en el Perú. Fue allí donde quedó clara la capacidad notable del Libertador de plantear estrategias y tácticas, cada una para el escenario geográfico y político que enfrentaba. Luego del cruce de los Andes planteó derrotar al ejército español en forma contundente, en un solo golpe. Casi lo logra en Chacabuco y en Maipú culminó su tarea trasandina. Vamos a recorrer hoy esa brillante expedición chilena que lo ubicó como el "Señor de los Andes" y la cautelosa campaña peruana que lo elevó a la categoría de "Libertador de América".

La estrategia de las grandes batallas y la independencia de Chile

El 12 de febrero de 1817 la batalla de Chacabuco desafió todas las teorías militares, ya que el ataque de San Martín no tuvo en cuenta la cantidad de hombres necesarios para tomar una posición y el triunfo completo no evito una rencilla que estaba latente entre el general chileno O'Higgins y el general porteño Soler, quién acusó al primero de no respetar las órdenes de San Martín. El peligro de la discordia en el bando de los revolucionarios hizo que San Martín tomara una decisión no deseada que fue enviar a Buenos Aires a su querido Soler. La alianza política con O'Higgins fue privilegiada por sobre la razón militar.

El 16 de febrero de 1817, reafirmando la independencia chilena, convocó a una asamblea para elegir gobernante. No aceptó ser él el jefe político, ya que manifestó la voluntad libertadora de los pueblos y Chile debía ser gobernado por un chileno. Así fue como O'Higgins resultó elegido director supremo del país naciente. Vale notar que se eligió el mismo camino institucional de las Provincias Unidas y es una demostración del carácter libertador de la gesta sanmartiniana. A principios del año siguiente sería proclamada la independencia de Chile, probablemente escrita por uno de los colaboradores de San Martín, el tucumano Bernardo de Monteagudo.

La sorpresa de Cancha Rayada durante la madrugada del 20 de marzo de 1818 puso en riesgo la libertad de Chile, siendo herido O'Higgins y resultando fracturado su brazo. Una acción audaz y genial del general Juan Gregorio de Las Heras salvó al grueso del Ejército Unido, formado por el antiguo Ejército de los Andes y el Ejército Chilena, y permitió seguir adelante con la campaña. En sólo una quincena San Martín reorganizó a las tropas y el 5 de abril arrasó al ejército imperial en el valle del Maipo, en la batalla que conocemos como Maipú, la más extraordinaria victoria militar en el cono sur. Chile fue independiente para siempre y ha quedado como imagen de esa batalla el abrazo de los dos libertadores, que figuró durante décadas en los billetes de 5 pesos.

La campaña de las Sierras. "Protector del Perú"

Desde Santiago de Chile, San Martín decidió seguir adelante con el plan continental. Fortaleció a su ejército, al que desde entonces llamó Unido. Contrató al almirante británico Thomas Cochrane para conducir a sus hombres hacia Perú por mar. Logró, con una estrategia de guerrillas, es decir de ataques selectivos de poca potencia, desarmar el aparato defensivo de la capital española de América, Lima. Vale destacar que la expedición que desembarcó en Paracas, al sur del Perú, el 8 de septiembre de 1820 contaba con una tropa de 5000 hombres que debieron enfrentar a un ejército de cerca de 20.000, lo que agiganta la proeza realizada.

Tomó la capital imperial sin combatir y el 28 de julio de 1821 declaró la independencia del Perú, país que lo reconoce como su máximo héroe nacional. Vale un artículo especial la gestión de nuestro Libertador como Protector de la Libertad del Perú y el efecto de sus encantos en las damas limeñas. Fue San Martín quien soñó los colores de la bandera peruana, aunque en una disposición geométrica diferente a la enseña actual. La decisión del general Simón Bolívar de detener el avance de sus ejércitos para fortalecer la posición de San Martín en Lima generó uno de los más interesantes debates historiográficos del continente, sobre todo por la razón y la oportunidad de su demora.

La Entrevista de Guayaquil, el mayor misterio de la historia

San Martín, un hombre pragmático en lo militar y prudente en lo político, vio el riesgo de una derrota que retrotraería la guerra de la Independencia a sus principios. Fue esa la verdadera motivación de su decisión de viajar a Guayaquil, para vencer todas las resistencias de Simón Bolívar, y terminar el largo conflicto contra España, el más prolongados del siglo XIX. Nunca se sabrá con exactitud que hablaron el 26 de julio de 1822, los dos libertadores que, junto a George Washington, fueron los más importantes hombres de la historia de América, según la definición de Bartolomé Mitre, nuestro primer historiador científico.

Ha quedado para la historia y de alguna manera insinúa el resultado negativo de la reunión la carta que San Martín, luego de la decisión de retirarse del escenario político y militar en beneficio de Bolívar, le enviara al venezolano: "Le escribiré, no sólo con la franqueza de mi carácter, sino también con la que exigen los altos intereses de la América. Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa".

Es nuestra opinión que el carácter megalómano del Libertador Bolívar impidió la colaboración entre ambos colosos de la historia y se prolongó la guerra de la independencia generando conflictos civiles que se habrían podido evitar en los escenarios del Perú y del norte continental. La muerte en el exilio de Bolívar, habiendo visto fracasar su proyecto político de la Gran Colombia, un solo país que resumiera a todos los dominios españoles de América, es el signo que muestra que ser libertador no es lo mismo que ser emperador. Pero imaginar lo que hubiera pasado si no hubiera pasado lo que pasó es una imprudencia que debe evitar cualquier historiador.

Su regreso al Perú, a Chile y Argentina. La muerte de Remedios

San Martín regresa sigilosamente al Perú, renuncia a su protectorado y devuelve el poder al Congreso General, parte rumbo a Chile donde se descalabra la situación política que terminaría con el exilio limeño de su amigo Bernardo O'Higgins. Cruza por última vez los "Colosos de América", los Andes. Llega a Mendoza en 1823, y las intrigas políticas del Plata lo advierten, a través de Estanislao López, el gobernador federal de Santa Fe, de los peligros de un viaje a Buenos Aires. En su "ínsula cuyana", su lugar en el mundo recibe la noticia de la enfermedad de su esposa Remedios, que iba a morir al poco tiempo. El mundo le iba cerrando sus puertas.

Decide viajar a Buenos Aires, seguramente luego de negociar con el hombre fuerte porteño y antiguo adversario Bernardino Rivadavia sobre su viaje. Es claro que el Libertador no fue molestado de ninguna manera al llegar a la capital porteña, por lo que se dedicó a la dura tarea de recomponer su situación familiar. Encarga la sepultura de su esposa. Allí plasmará en palabras el amor que sentía por la madre de su única hija. Pide a Felipe Bertress que la lápida de su Remedios, la más antigua existente en el Cementerio de la Recoleta, exprese su sentimiento. Dice el mármol "Aquí descansa Da. Remedios de Escalada. Esposa y amiga del Grl. San Martín". En tiempos solemnes, mucho es el cariño que marca ese epitafio.

Luego de una pelea con su suegra, logra hacerse de Merceditas, y parte, para siempre, desde el puerto de Buenos Aires, en el buque "Le Bayonnais", rumbo a Europa, el 10 de febrero de 1824. Intentaría volver en 1829, pero los avatares de la guerra civil, transmitidos por sus viejos amigos y conocidos, lo hacen desistir de desembarcar. Recaló en el puerto de Buenos Aires, pero no volvió a pisar tierra argentina. En ese viaje anuncia que comenzaba su campaña militar más difícil: "conquistar el corazón de mi hija" que prácticamente no lo conocía.

El exilio europeo

Su exilio fue tranquilo, a pesar de que nunca perdió contacto con las realidades de su tierra y del mundo. Era un hombre de consulta en la política europea. Sus problemas económicos no fueron muchos, ya que siguió cobrando, aunque desordenadamente sus sueldos de la Argentina, Chile y el Perú por sus servicios. El encuentro casual con su amigo Alejandro Aguado, su antiguo colega del regimiento de Murcia, le permitió disfrutar de la generosidad del marqués de las Marismas del Guadalquivir. En 1844 escribió su testamento, donde lega su sable al gobernador Juan Manuel de Rosas, poniéndose a su disposición para defender el país de las agresiones extranjeras; y dispuso lo siguiente: "Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires". La interpretación de esta cláusula será polémica: ¿significaba en el "cementerio" de Buenos Aires, o en el "corazón" de Buenos Aires? En esos años fue entrevistado por dos gigantes de nuestro pensamiento político: Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento y se presume que el filósofo alemán Carlos Marx pudo haber solicitado su opinión sobre Bolívar en 1843.

Queda pendiente, para el próximo domingo en estas páginas de "El Liberal", la culminación de la vida terrena y el comienzo de la inmortalidad del Padre de la Patria.

 

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