Opinión

El plan estratégico para industializar el campo

Por Miguel Mandrille.

Santiago del Estero se consolida como una de las economías más ordenada del país y se prepara para dar un salto tecnológico histórico. A través de los lineamientos conceptuales para un nuevo "Acuerdo Productivo Provincial 2026-2030", el Consejo Económico y Social (CES) diseñó una hoja de ruta que busca acelerar la industrialización local, multiplicar el valor de las exportaciones y garantizar que el crecimiento se traduzca de forma directa en más empleo registrado y mejores salarios para los santiagueños.

El informe interno del organismo, derriba viejos mitos estructurales. Santiago del Estero no arrastra una inercia económica que deba ser rota, sino una dinámica de crecimiento que urge sostener. En las últimas dos décadas, la economía provincial experimentó una expansión acumulada cercana al 90% (creció un 50% entre 2004 y 2011, y otro 25% entre 2011 y 2025). Hoy, la provincia genera un flujo anual de bienes y servicios (PBG) de 10.000 millones de dólares, lo que representa el 1,7% del PIB nacional, posicionándola como la tercera economía de la región NOA.

El ordenamiento macroeconómico de la provincia se ha transformado en su principal carta de presentación para atraer inversiones. El documento del CES destaca tres indicadores clave en los que Santiago sobresale a nivel país:

-Liderazgo fiscal: La provincia ocupa el primer puesto en el scoring nacional de superávit fiscal, formando parte del exclusivo grupo de apenas ocho distritos con cuentas públicas en equilibrio sostenible de largo plazo.

-Balanza comercial positiva: Se ubica en el 6.° lugar del ranking nacional de saldo neto positivo entre exportaciones e importaciones.

-Plataforma exportadora: Se posiciona en el 10.° escalón país por origen territorial de sus exportaciones, interviniendo en casi el 30% de las ventas externas de todo el NOA.

El motor de este crecimiento sostenido ha sido el sector bio-agropecuario industrial, apalancado en el factor tierra. En los últimos 20 años, el mapa productivo se reconfiguró por completo: la superficie cultivada de la provincia pasó de representar el 1,5% al 5% del total continental de la Argentina.

Esta fuerte expansión horizontal vino acompañada de un salto en la eficiencia técnica: se duplicó la productividad por hectárea cosechada. Actualmente, contabilizando los principales cultivos, Santiago supera los 6 millones de toneladas anuales de granos. En el plano ganadero, el liderazgo regional es absoluto, con un stock que supera el millón de cabezas bovinas y roza el medio millón de caprinas.

A pesar de la solidez de las cifras, el informe enciende luces amarillas sobre asignaturas pendientes que limitan el desarrollo del entramado local. La principal debilidad detectada es que las cadenas productivas "son cortas" y concentradas en los primeros eslabones.

Esto genera situaciones paradójicas. Por un lado, la industria local manufacturera adquiere apenas el 15% de la materia prima que se genera en el suelo provincial. Por el otro, tanto el campo como las fábricas santiagueñas deben "importar" de otras provincias o del exterior el 50% de los insumos que necesitan para operar.

A esto se suma una brecha en el sistema financiero: la provincia concentra el 2,3% de la población del país, pero maneja solo el 1% del capital financiero nacional. Lo llamativo es que los depósitos y ahorros de los santiagueños superan de forma permanente a los préstamos locales, lo que demuestra que hay liquidez propia disponible para financiar proyectos si se generan los canales adecuados.

El desafío logístico tampoco es menor. Al ser una provincia plenamente mediterránea, las empresas locales deben enfrentar costosas distancias de transporte para llegar a los grandes centros de consumo urbano y a los puertos de ultramar.

El "atajo" tecnológico y los ejes del futuro

De cara al período 2026-2030, el CES propone un cambio de estrategia: 

1.Reforma normativa: Modernizar la Ley de Promoción Industrial, una herramienta que operó con éxito durante dos décadas pero que requiere adecuarse a las nuevas lógicas de agregación de valor tecnológico e IA.

2.Inversión en infraestructura: Articular capitales públicos y privados para optimizar el transporte, la energía, el manejo del agua y la conectividad digital.

3.El Bono de Capital Humano: Explotar de forma estratégica las próximas dos décadas de una Población Económicamente Activa (PEA) mayoritariamente joven, fortaleciendo su salud y su capacitación técnica mediante programas como "Santiago crece con vos".

4.Desarrollo de la "Marca Santiago": Potenciar una veintena de cadenas de valor identificadas con fuerte potencial, que van desde los alimentos cárnicos, el textil, la alfalfa y la bioenergía, hasta las industrias del conocimiento como el software y la ciencia de datos.

Finalmente, el documento propone que este crecimiento no sea solo estadístico. El CES medirá la efectividad del acuerdo de manera objetiva: el crecimiento económico se evaluará mediante la evolución del PBG por habitante, mientras que la inclusión social se medirá periódicamente a través de la relación entre los salarios y el producto bruto generado. El escenario está listo; el éxito del plan dependerá ahora de la prolijidad institucional y de la colaboración estratégica entre el sector público y el empresariado privado.

Miguel Mandrille - Secretario del Consejo Económico y Social

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