Opinión

IA y verdad: por qué necesitamos más que solo tener la razón

Crédito: Drazen Zigic | Shutterstock

Por Mar Dorrio.

Recientemente se publicó un artículo en el que hablaban del gran fallo de ChatGPT, el sistema de Inteligencia Artificial que se ha convertido en el mejor amigo de gran parte de la humanidad. Su problema, decían, es que está totalmente diseñada para darnos la razón y no siempre la verdad.

Encontrando el peligro

Si le presentas un plan de inversión abocado al fracaso, puede encontrar argumentos para defenderlo. Si le planteas una decisión equivocada, puede ayudarte a construir una magnífica justificación. Si le cuentas que has elegido mal, puede explicarte por qué, en realidad, tu razonamiento estaba muy bien planteado. Y, si hace falta, buscará argumentos que avalen tu posición.

Pero nosotros no necesitamos una inteligencia que nos dé siempre la razón. Necesitamos una inteligencia que nos ayude a encontrar la verdad.

El dilema de la verdad y la razón

Cuando alguien solo te da la razón, llega un momento en que deja de darte seguridad. Es como esos hijos que, cuando su madre les dice que están guapísimos, se preguntan si realmente lo piensa o si lo dice simplemente porque es su madre. Necesitamos amigos que nos den garantías. Amigos de los que sepamos que son tan leales que nos dirán la verdad cuando apetezca decirla y cuando no.

Benedicto XVI lo explicó de una manera certera: "Sin la verdad, la caridad se convierte en mero sentimentalismo". El amor se convierte en una cáscara vacía que podemos rellenar arbitrariamente. Y ese es el riesgo del amor en una cultura que ha decidido prescindir de la verdad.

El amor ante la corrección

El buenismo mal entendido de ChatGPT no deberíamos dejar que nos contagie a nosotros. Porque para corregir, para educar y para ayudar al otro a descubrir la verdad, necesitamos amor. La verdad necesita un cauce. Y ese cauce lo crea el amor.

Una verdad dicha sin amor puede llegar como una ola de tsunami: arrasa, golpea y destruye. Puede ser cierta y, sin embargo, estar mal dicha. Puede convertirse en una bofetada.

Cuando el amor llega antes, la verdad llega de otra manera. No se trata de ocultarla, o suavizar hasta hacerla irreconocible y evitarla para no incomodar. Se trata de buscar la mejor manera de decirla, externando el cariño para que duela lo menos posible.

San Agustín lo resumió en una frase que se ha hecho universal: "Ama y haz lo que quieras". No significa que el amor convierte cualquier cosa en buena. Significa que, cuando la raíz es verdaderamente el amor, nuestras acciones buscan el bien del otro.

Amor y verdad para una buena amistad

Ya hemos visto que el amor sin verdad no sirve de nada. Pero también que la verdad sin amor puede convertirse en una bofetada. Junta las dos y encontrarás a esa persona leal, de fiar, que piensa, que reza, que busca la mejor manera de decirte la verdad cuidando de que duela lo menos posible.

Ese es el amigo que todos necesitamos

Y quizá también esa sea la verdadera inteligencia que todos necesitamos: no la que nos confirma constantemente que tenemos razón, sino la que busca nuestro bien.

La inteligencia humana es la única que puede rezar por ti. La única que puede rezar antes de corregirte un defecto, antes de decirte una verdad que puede doler. La única que puede pedir luz para saber cuál es el mejor consejo que puede darte, cuándo debe decirlo y cómo debe hacerlo.

Por eso, quizá el gran error que ninguna inteligencia artificial podrá subsanar es precisamente ese: no puede rezar.

Puede encontrar argumentos, comparar respuestas, buscar soluciones y hasta ayudarnos a pensar. Pero no puede ponerse de rodillas y pedir a Dios que le enseñe a buscar nuestro bien.

Y ahí está la gran diferencia. La verdadera inteligencia no consiste solo en saber qué decir. Consiste también en saber para qué, cuándo y por quién merece la pena decirlo. Y para eso hace falta algo que ChatGPT nunca podrá hacer: rezar.

Para Aleteia.

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