Opinión

Más ocupados, menos empleados: la trampa del dato que viene

Por Juan Pablo Chiesa.

El dato de la semana es el desempleo: 7,9% en el segundo trimestre de 2026, tres décimas más que un año atrás, 1.793.000 personas buscando trabajo sin encontrarlo. Es un número malo, pero no es escandaloso, y por eso conviene no quedarse ahí. La tasa de desocupación es, de todos los indicadores laborales, el que menos dice sobre la calidad de un mercado de trabajo.

Miremos lo que hay debajo. En el último año la población económicamente activa creció en 338.000 personas y la economía generó 265.000 ocupaciones. Ósea : se está produciendo trabajo. En el mismo período, desde noviembre de 2023 a junio de 2026, se perdieron 245.664 puestos asalariados registrados en el sector privado, una caída del 3,9%, y se sumaron 169.026 monotributistas, un alza del 8,3%.

Léanlo junto, porque juntos dicen algo que por separado no se ve: el mercado argentino está creando ocupados y destruyendo empleados. Hay más gente trabajando y menos gente con contrato de trabajo. La ocupación crece; la relación de dependencia se achica. Eso no es desempleo.

Los datos de la consultora Invecq sobre el primer semestre lo confirman desde otro ángulo: 46.000 trabajadores privados formales menos entre diciembre de 2025 y junio de 2026, a un ritmo de 7.500 puestos por mes. Los sectores que concentran la mitad del empleo privado registrado —industria, construcción y comercio— perdieron cerca de 93.000 puestos desde junio de 2025. Y acá está lo incómodo: los sectores llamados ganadores, el agro, la minería, el petróleo, las finanzas, que explican el 23% del empleo, también perdieron 18.100.

Mientras tanto, el empleo informal creció 4,8% desde noviembre de 2023. Los ocupados con descuento jubilatorio cayeron 0,7% interanual; los que no tienen descuento subieron 2,5%. La dirección es inequívoca y viene siendo la misma hace dos años: el trabajo se sigue haciendo, pero se factura en vez de liquidarse.

Vengo señalando en esta columna que el empleo no se crea con derecho del trabajo. Lo sostengo. Pero hay una precisión que los últimos datos permiten hacer y que corrige, en parte, lo que yo mismo escribí hace tres semanas. No estamos frente a una economía que no genera trabajo: 265.000 ocupaciones nuevas en doce meses no son poca cosa. Estamos frente a una economía que genera trabajo y no lo convierte en empleo. El problema no está en la demanda de trabajo, está en el camino que va del trabajo al contrato.

Ahora lo que viene, porque conviene decirlo antes y no después.

El 1° de noviembre entra en vigencia el Fondo de Asistencia Laboral, la pieza central de la ley 27.802, reglamentada por el decreto 408/2026: 1% de la remuneración para las grandes empresas, 2,5% para las PyMEs, computable a cuenta de las contribuciones patronales y deducible de Ganancias. Y el 28 de noviembre vence el plazo del Régimen de Promoción del Empleo Registrado, que permite blanquear relaciones laborales iniciadas hasta el 5 de marzo de 2026 con condonación de hasta el 90% de la deuda para MiPyMEs.

Los dos hechos caen en el mismo mes. Y el segundo va a producir, mecánicamente, un salto en la estadística de empleo registrado en el último trimestre del año.

Ese salto no va a ser creación de empleo. Cada trabajador que se blanquee bajo el PER aparecerá el mes siguiente como un alta en el SIPA, pero ese puesto ya existía: lo que cambió no es que alguien consiguió trabajo, sino que alguien que ya trabajaba pasó a ser visible. Es una buena noticia , el blanqueo mejora la vida concreta de esa persona, que gana obra social, aportes y antigüedad, pero es una noticia distinta de la que va a titularse.

Lo digo con anticipación deliberada: si en diciembre o enero alguien presenta la suba del empleo registrado como el efecto de la reforma laboral, va a estar contando otra cosa. El modo honesto de leer ese dato va a ser separar las altas del PER del resto, y el dato limpio va a estar disponible: ARCA sabe exactamente cuántas regularizaciones se hicieron bajo el régimen.

Para el empleador, dos cosas concretas y con fecha. Si tiene personal sin registrar o mal registrado, el PER vence el 28 de noviembre y no va a repetirse en estas condiciones; con 90% de condonación para una MiPyME, el costo de regularizar hoy es incomparablemente menor al de una demanda mañana, y la ley 27.802 eliminó las multas de las leyes 24.013 y 25.323 pero no eliminó las diferencias salariales ni los aportes adeudados. Y si tiene personal registrado, desde noviembre hay un desembolso mensual nuevo que conviene presupuestar ahora y no en la primera liquidación.

Para el trabajador, una advertencia. El crecimiento del monotributo no es neutro. Quien factura no tiene indemnización, ni preaviso, ni vacaciones pagas, ni licencia por enfermedad, ni cobertura de riesgos del trabajo. Si la prestación es personal, en un lugar y horario fijados por otro, con instrucciones y sin organización propia, hay contrato de trabajo aunque se emita factura: el artículo 23 de la Ley de Contrato de Trabajo presume la relación laboral por el solo hecho de la prestación de servicios, y esa presunción la 27.802 no la tocó.

Un país puede bajar el desempleo y empeorar el empleo al mismo tiempo. Es exactamente lo que está pasando. La discusión que viene no es cuánta gente trabaja, sino bajo qué figura, y esa pregunta no la contesta la tasa de desocupación. La contesta el recibo de sueldo que existe o el que no.

Fuente: Ámbito.

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