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Interior

Una Cápsula de la memoria para reconstruir su génesis

Lic. Julieta Savio Dramaturga y Docente - Especial para EL LIBERAL

El arte escénico tiene la magia de traer al presente aquellas historias escritas en la vida de un pueblo por su gente.

"Alguien se preguntará el porqué de este anhelo". Así se titulaba, por el año 2021, la obra de teatro que escribí, que no solo hablaba sobre mi ciudad, sino también de un lugar en particular: la casa de mi abuela. En realidad, no era otra cosa que viajar en mis recuerdos hasta ese pedacito de Santiago donde se gestó mi vida.

Pensar en Frías es pensar en parras, cigarras, pan casero y carnaval. Es calor de verano con perfume de infancia que invita a jugar en las calles, hacer nuevos amigos y dar unas vueltas por la plaza. En fin, es enamorarse.

El teatro fue mi primer amor, y lo encontré en esas siestas calurosas de enero, jugando a ser alguien más cuando mis padres dormían o cuando nos reuníamos en familia. No importaba el lugar ni el contexto, solo importaba tener el público, porque en el teatro siempre necesitamos al otro, cuando nos encontramos con el espectador, aparece la magia. Y ya no hay vuelta atrás.

Comprendí que el teatro me había enseñado, mucho antes, que no hay una sola manera de ser, de mirar, de contar una historia o de habitar la escena. Con el tiempo entendí que hacer teatro significa encontrarse. El arte también es identidad cultural de nuestro lugar en el mundo y, entre sus obras y guiones, guarda aquello que podría perderse. Da refugio a quienes se sienten vulnerables y permite gritar a los que creen no tener voz. Una obra de teatro, si se quiere, puede convertirse en una gran cápsula de memoria. Y quizás, muchos años después, alguien pueda encontrar ahí una parte de sí mismo.

Por eso Frías también merece ser contada desde sus artistas donde todas las generaciones puedan imaginar, equivocarse, jugar y volverse a equivocar. Como la vida misma. Quizás por eso, tantos años después de aquellas siestas de enero en la casa de mi abuela, sigo creyendo en el teatro. Porque todo comenzó con un juego: alguien mirando y alguien actuando. Y si una niña de Frías pudo encontrar allí un lugar para imaginarse otra, ¿cuántas otras historias estarán esperando que alguien las mire?

Hoy, veinticuatro de septiembre, guardo en esta cápsula de memoria mi primera idea, mi primer plan. Ese primer boceto de obra que deseaba con todo mi corazón que llegara a la gente, que la conmoviera. Tengo garabateadas palabras, escritas sin pensar demasiado:

"El viaje de regreso a Frías de una bailarina que llega para quedarse y que con su arte vaya encontrándose con su historia en cada emblemático espacio de su ciudad".

Que a la historia no le falte aventura, mucho menos ternura; que, si la protagonista siente incertidumbre, mueva las estructuras; que se ría mucho. Que se pregunte cosas como: ¿qué música haría el cielo si tuviera una canción? Que no se quede con asignaturas pendientes y que siempre camine por las vías. Vías que conectan historias. Que recuerdan abrazos. Que atraviesan generaciones y llevan consigo la memoria de quienes alguna vez llegaron a esta tierra. Que su andar sea la conexión con la vida de esta hermosa ciudad".

Aquí te guardo, mi primera idea. Porque las obras guardan memoria, pero también la guardan los papeles, los bocetos, las palabras que alguna vez alguien escribió sin saber que algún 24 de septiembre se convertirá en una obra de teatro. Feliz Cumpleaños querida Frías.

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