Alerta del ODSA: la pobreza dejó de caer y se acerca a un piso estructural
Analisis del Observatorio de la Deuda Social que dirige el Lic.Agustin Salvia sobre los datos de pobreza e indigencia del primer semestre de 2026.
Según el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza y la indigencia en los 31 aglomerados urbanos se ubicaron en 32,3% y 7,5% de las personas respectivamente, durante el primer semestre de 2026, respectivamente. Frente al segundo semestre de 2025 cuando alcanzaron 28,2% y 6,3%, estos valores implican un aumento de 4,1 y 1,8 puntos porcentuales.
El dato semestral debe leerse junto con la trayectoria trimestral. Un nivel de pobreza en torno a 32,3% sería similar -aunque incluso algo superior- al del primer semestre de 2025 (31,6%), pero la dinámica es ahora inversa: aquel registro formaba parte de una fase de descenso que continuó hasta el tercer trimestre de 2025; el semestre actual, en cambio, se construye sobre una secuencia ascendente iniciada desde ese piso.
La pobreza pasó de 26,9% en el tercer trimestre de 2025 a 29,9% en el cuarto, a 30,0% en el primero de 2026, y a 34,6% en el segundo trimestre de 2026. Por lo tanto, el dato central no es solo el nivel semestral, sino el cambio de tendencia: la fase de fuerte reducción de la pobreza monetaria se agotó durante la segunda mitad de 2025 y fue reemplazada por un proceso de estancamiento y posterior aumento.
La mejora inicial fue real, aunque la medición oficial, tal como sabemos, sobreestimó su magnitud. El ODSA-UCA ha mostrado que la reducción de la pobreza observada hasta 2025 fue significativa, pero estuvo sobredimensionada por problemas de comparabilidad de la medición oficial. Entre ellos se encuentran los cambios en la captación de ingresos de la EPH, la utilización de una Canasta Básica Total basada en ponderadores desactualizados y el desfase temporal entre los ingresos declarados y las canastas empleadas para evaluarlos.
En el ejercicio de descomposición realizado por el ODSA-UCA, entre 2022 y 2025 la pobreza disminuye 10,9 puntos porcentuales según la metodología oficial, pero solo 3,1 puntos cuando se integran los ajustes metodológicos; en la indigencia, la reducción pasa de 2,3 a 0,5 puntos. La conclusión es doble: existió una mejora efectiva, pero fue mucho menor que la que surge de la comparación directa de las tasas oficiales. Que la pobreza vuelva a aumentar incluso bajo la medición sin corregir constituye, por eso, una señal especialmente relevante.
Factores que explican el cambio de tendencia
1. Menor dinamismo de la actividad y deterioro de la calidad del empleo. La caída desestacionalizada del PIB en el segundo trimestre de 2026 se combina con destrucción de empleo registrado y mayor presencia de ocupaciones informales y precarias. El problema no es solamente cuántos empleos se generan, sino su productividad, estabilidad y remuneración.
2. Menor impulso de los ingresos laborales. La recuperación real de los ingresos laborales que acompañó la caída de la pobreza perdió fuerza hacia fines de 2025. Durante el primer semestre de 2026 los salarios registrados volvieron a mostrar retrocesos reales respecto del semestre anterior, en un contexto de mayor fragilidad del empleo.
3. Reversión de los precios relativos favorables. Entre 2024 y buena parte de 2025, alimentos y otros componentes de las canastas básicas aumentaron por debajo del nivel general de precios, lo que favoreció la reducción de la pobreza aun con una recuperación limitada de los ingresos. Desde fines de 2025 ese efecto comenzó a revertirse, especialmente por el mayor aumento de alimentos y servicios básicos.
4. Menor capacidad protectora de las transferencias sociales. La AUH, las jubilaciones y otras prestaciones continúan cumpliendo un papel central, pero su capacidad de compra se debilitó. Las actualizaciones con rezago y la pérdida neta de cobertura de la Prestación Alimentar frente al costo de las canastas redujeron su potencia para seguir bajando la indigencia.
5. Mayor presión de tarifas, alquileres y servicios básicos. Son gastos difíciles de sustituir y crecieron con mayor intensidad que otros precios y que numerosos ingresos familiares. Su mayor peso reduce el ingreso disponible para alimentos y otras necesidades, un efecto que la medición monetaria tradicional capta de manera incompleta cuando cambia la estructura del gasto de los hogares.
Un núcleo de pobreza crónica que la estabilización no logra remover
Más allá de las oscilaciones coyunturales, los datos vuelven a mostrar la persistencia de un núcleo estructural de pobreza del orden del 30% de la población y de pobreza extrema cercana al 7%. No se trata de un "piso natural", sino de una expresión de déficits acumulados de integración laboral, productividad, educación, hábitat, acceso a servicios y protección social. La desaceleración inflacionaria puede reducir rápidamente la pobreza monetaria cuando mejora los precios relativos, pero no modifica por sí sola esas condiciones estructurales.
Al mismo tiempo, la política social sigue evitando un deterioro mucho mayor. Las simulaciones del ODSA muestran que, al descontar del ingreso de los hogares la AUH, otros programas de transferencias y pensiones no contributivas, la indigencia prácticamente se duplica. Según nuestras estimaciones, en el escenario actual, en ausencia de esas transferencias el orden de magnitud contrafactual se ubicaría aproximadamente entre 14%-15%. Esto muestra la fuerte contribución de la política social para contener la pobreza extrema, aun cuando su capacidad protectora haya perdido intensidad durante 2025-2026.
El desafío, por lo tanto, es doble. Preservar y mejorar la eficacia de las transferencias dirigidas a los hogares más vulnerables y, al mismo tiempo, avanzar sobre las causas que reproducen la pobreza: informalidad laboral, bajos salarios, productividad insuficiente, déficits educativos y de formación, precariedad habitacional y desigual acceso a servicios básicos. Sin una transformación de esas condiciones, la economía podrá alternar fases de mejora y deterioro, pero tendrá dificultades para perforar de manera sostenible el núcleo de pobreza crónica que afecta a cerca de un tercio de la población.