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Santiago

Los próceres de la historia y el patrimonio Ricardo Levene (segunda parte) 

Por Eduardo Lazzari 

La participación de Ricardo Levene, un hijo de inmigrantes cuya formación fue fruto de la educación pública, en las instituciones fundamentales de la conservación de la memoria histórica intelectual y material es inigualable. Fundador de archivos, bibliotecas, institutos de investigaciones, comisiones patrimoniales y otros organismos, su actuación se destaca como promotor de la ciencia histórica desde la Academia Nacional y como promotor de la conservación del patrimonio desde su idea genial: la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos. Vamos a dedicar esta segunda parte de su biografía a la actuación de Levene en estas dos instituciones, que no estuvo exenta de grandes logros y de fenomenales polémicas

Levene en la Comisión

En su amplio recorrido institucional, Ricardo Levene dirigió la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, de la que fuera su creador. Esta señera organización estatal tiene su origen en el año 1938, cuando se promulgó el decreto del día 28 de abril, mediante el cual se creó la entonces denominada Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos con el fin de unificar la administración y el control del variado y rico patrimonio histórico-cultural de la república Argentina en toda su extensión. 

El entonces presidente de la Nación Roberto Marcelino Ortíz, puso en consideración pública la problemática de la preservación, recuperación y guarda de los hitos culturales de valor histórico-patrimonial para la Nación, nombrando a esos fines una Comisión dedicada a la difusión y cuidado de estos. El primer presidente de esta Comisión Nacional fue Ricardo Levene y su vicepresidente, el Sr. Luis Mitre. 

Paralelamente a la creación del organismo se determinó que fuese su sede el Cabildo de Buenos Aires, construyéndose en la década de 1950 y bajo la dirección del arquitecto Alejandro Bustillo un anexo al edificio histórico que representara una fachada colonial ubicada donde se encontraba por entonces el palacio municipal porteño. Por iniciativa de Levene, se incorporó a la Comisión en carácter de arquitecto adscripto Mario José Buschiazzo, a quien se encomendó la restauración del Cabildo, que se encontraba totalmente desfigurado de su portento histórico. 

Dos años más tarde, con la sanción de la ley 12.665 del 30 de septiembre de 1940, se estableció la Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos como institución estatal, con facultades para la declaratoria y la tutela de bienes patrimoniales en todo el territorio del país. Legendarios decretos firmados en 1942 nombraron monumentos, solares, lugares y sepulcros históricos a centenares de edificios y espacios de gran valor para el patrimonio argentino. Nunca se repetiría eso hasta hoy. Fue Levene presidente de la Comisión hasta 1946.

La Santísima Trinidad del Patrimonio Argentino

En un acuerdo tácito, tres grandes patriotas, como lo fueron Ricardo Levene, Enrique Udaondo y Mario Buschiazzo, lograron que se asumiera el patrimonio intangible, tangible y edilicio como sostén fundamental del relato histórico. Las décadas de 1920 y 1930 verán el nacimiento de decenas de museos: el de Luján, el de Arte Decorativo, el Palacio San José, el Museo Pampeano de Chascomús, el Museo Güiraldes de San Antonio de Areco, el Cabildo de Buenos Aires, la Casa Histórica de la Independencia, las estancias jesuíticas de Córdoba y centenares de iglesias y edificios coloniales, y sólo en un año se establecieron el 25 % de los monumentos históricos nacionales que existen hoy.

La gigantesca tarea material de Buschiazzo, restaurando decenas de edificios coloniales como el Cabildo de Buenos Aires, la Casa de Tucumán, el convento de San Francisco de Santa Fe, el convento de San Lorenzo, la iglesia de la Inmaculada Concepción de Tigre y varios más, forma parte del mayor aporte que la intuición genial de Levene significó para la conservación del patrimonio argentino: establecer que la historia sin sustratos materiales en los que sostenerse se convierte en un relato vacío. No es casualidad que en el último medio siglo ha sufrido todo lo vinculado al pasado que en forma de edificios está descuidado hasta el infinito. En próximos artículos encararemos la biografía de Buschiazzo y de Enrique Udaondo, fundador del Museo de Luján.

Levene en la Academia

Ya en 1915, con sólo 30 años, Levene se incorporó a la Junta de Historia y Numismática Americana, ocupando su presidencia entre 1927 y 1931, entre 1934 y 1951, cuando la convirtió en la Academia Nacional de la Historia en 1938; y finalmente entre 1955 y su muerte en 1959. Encabezando este organismo impulsó y dirigió durante dos décadas la colección de "Historia de la Nación Argentina"; desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862 en la que participaron más de cien historiadores y de la que aparecieron diez volúmenes en catorce tomos.

En 1953, durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina no sufrió una disolución definitiva, sino una clausura e intervención institucional. Este episodio formó parte de una medida generalizada del segundo gobierno de Juan Perón, que afectó a la totalidad de las academias nacionales. El gobierno buscaba subordinar o integrar las corporaciones científicas, literarias e históricas al proyecto estatal de control cultural, hecho también manifiesto en la supresión de la autonomía universitaria. 

A través de la aplicación de normativas como la ley 14.007 de 1950 y, fundamentalmente, el decreto 7.500 de 1953, el Poder Ejecutivo suspendió la autonomía de las academias, forzando un "interregno" o parálisis total de sus actividades entre 1953 y 1955. Durante estos dos años, la Academia Nacional de la Historia dejó de nombrar miembros de número o correspondientes y fue el único período de su historia en el que no se designó presidente al frente de la entidad. Levene vio entonces congeladas sus funciones ejecutivas y corporativas. La parálisis institucional concluyó tras el derrocamiento de Perón en 1955. El 30 de noviembre de ese año las Academias Nacionales recuperaron su normalidad, personería e independencia jurídica. Levene fue sarcástico al reinaugurar las actividades de la Academia: "hace un tiempo que no nos reunimos".

Debate histórico con Enrique de Gandía

La legendaria "pelea" o rivalidad intelectual entre Ricardo Levene y el gran historiador Enrique de Gandía no fue un enfrentamiento violento o un duelo físico, sino una de las grandes polémicas metodológicas e interpretativas dentro de la historiografía argentina del siglo XX. Ambos formaron parte inicialmente de la Nueva Escuela Histórica. Sin embargo, la tensión radicó en un profundo choque de enfoques institucionales, egos y, sobre todo, interpretaciones contrapuestas sobre la Revolución de Mayo y el pasado colonial. En los años '30, Levene convocó a Gandía para escribir capítulos sobre las fundaciones de Buenos Aires. Pese a colaborar, Gandía, que era un erudito sumamente prolífico y de personalidad provocadora, empezó a distanciarse de la rigidez académica que imponía Levene. 

En 1951, Levene publicó su célebre tesis jurídica y política defendiendo que los territorios americanos hispanos no eran colonias secundarias, sino reinos incorporados en pie de igualdad a la Corona de Castilla. Aunque Gandía compartía ciertas visiones hispanistas, la interpretación de Levene a menudo chocaba con el revisionismo y con las vertientes más críticas de la época. Levene era el arquetipo de lo que se llamó "historia oficial": solemne, institucionalista, enfocada en el derecho y en las normas. Gandía, en cambio, poseía un estilo mucho más polémico, libre y revisionista dentro de las propias filas liberales, lo que generaba fuertes cruces en la Academia Nacional de la Historia. 

Su rivalidad y la percepción pública de sus figuras era tan notable en el ambiente intelectual argentino que incluso escritores como Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares se burlaban de ambos en paralelo. En sus diarios y notas satíricas, llegaron a escribir con ironía sobre el valor de los historiadores oficiales locales, llamándolos indistintamente "el finado Levene" o "el diligente Gandía", englobándolos en el mismo universo de la academia tradicional con la que ellos discrepaban. Se extraña en la Argentina de hoy un debate de tanta estatura intelectual, quizá porque falten pensadores como Levene y Gandía.

Sus obras escritas más importantes 

A pesar de su intensa actividad, fue capaz de producir una extensísima obra escrita sobre la historia argentina. Fueron las más significativas:"Los orígenes de la democracia argentina", "Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno", "Introducción a la Historia del Derecho Indiano", "Ideas sociales directrices de Joaquín V. González", "Vidas paralelas de los pueblos del Nuevo Mundo", "Las Provincias Unidas del Sud en 1811: consecuencias inmediatas de la Revolución de Mayo", "Historia de la provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos", "Celebridades argentinas y americanas", "Las ideas históricas de Mitre", "El genio político de San Martín", "El proceso histórico de Lavalle a Rosas", "Las Indias no eran colonias" y decenas de libros más que abarcaron la historia del derecho, de las ideas y de la economía nacional.

Su muerte y la necesidad de la recuperación de su figura histórica

Falleció en Buenos Aires el 13 de marzo de 1959. Toda su obra y sus bienes personales se encuentran en la Biblioteca, Museo y Archivo Dr. R. Levene, donada por su hijo homónimo Ricardo Levene al Estado Nacional en 1991 y desde 1997 quedó incluida en el ámbito de la Biblioteca Nacional de Maestras y Maestros.

Ricardo Levene debe ser considerado como uno de los intelectuales argentinos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Fue un estudioso y maestro de la historia de nuestro país y, si bien su obra se centró fundamentalmente en esta materia, también incursionó en la sociología y el derecho. Profesor universitario durante más de tres décadas, creó a varias generaciones de historiadores y desempeñó cargos jerárquicos en varias instituciones académicas. La memoria de los gigantes que nos precedieron, en este caso Ricardo Levene, nos permite subirnos a sus hombros y mirar lejos para pensar el futuro de la Argentina.

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