La IA y la democratización del daño
Por Claudia Guardia.
Durante años, el imaginario del ciberataque tuvo un protagonista reconocible. Un especialista, rodeado de pantallas, capaz de vulnerar sistemas que para el resto eran inaccesibles. El daño a gran escala requería conocimientos múltiples, tiempo y recursos. La inteligencia artificial permite que una sola persona coordine tareas que antes exigían equipos enteros.
El informe de inteligencia sobre amenazas publicado por Anthropic en septiembre de 2026 describe operaciones maliciosas que la empresa detectó e interrumpió entre diciembre de 2025 y agosto de 2026. Según sus hallazgos, grupos presuntamente vinculados con Estados, ciberdelincuentes y otros actores utilizaron Claude, su sistema de inteligencia artificial, para automatizar ataques informáticos, ejecutar fraudes, producir desinformación a gran escala y desarrollar herramientas de vigilancia.
Anthropic identifica a estos actores como grupos de amenazas generativas, una denominación interna para quienes observa utilizando la IA con fines maliciosos.
De acuerdo con el informe, en una operación vinculada al grupo ShinyHunters, sus operadores utilizaron diez servidores en la nube para descargar e inspeccionar 1,8 millones de aplicaciones móviles de Android, con el fin de identificar y extraer las claves secretas de acceso que contenían. Cada credencial verificada era enviada en tiempo real a un grupo de Telegram organizado en más de cien canales.
El documento consigna que, en una de las incursiones, el robo de una sola credencial de desarrollador les permitió tomar el control administrativo total de la nube de una compañía en unas tres horas. En otro de los casos, los atacantes vulneraron los sistemas de una aerolínea y accedieron a los datos de decenas de millones de pasajeros. Además, tras infiltrar a un proveedor de software, emplearon la IA para acelerar el reconocimiento y la extracción de información de unas 200 empresas clientes. Según la misma fuente, en otra fase obtuvieron más de 2.100 conjuntos de credenciales corporativas, pertenecientes a más de 40 organizaciones, en apenas 34 horas.
El fenómeno excede el delito económico. Anthropic identificó a dos estudiantes universitarios de la provincia china de Hunan entre los operadores de una campaña de recolección de inteligencia dirigida contra unas cincuenta organizaciones de distintos países. Según el informe, el grupo utilizaba la IA para investigar vulnerabilidades y operaba una plataforma que mantenía las tareas de recolección aun cuando sus operadores no estaban conectados.
La empresa describió también una operación de presunto espionaje ruso, compatible con atribuciones públicas a Midnight Blizzard, que automatizaba partes del desarrollo de programas maliciosos y de la selección de objetivos. Entre sus blancos hubo proveedores de redes wifi de hoteles. Al comprometerlos, los atacantes podían redirigir el tráfico de los huéspedes hacia servidores propios y orientar nuevas intrusiones contra objetivos vinculados con Ucrania y con proveedores de tecnología militar de drones. Microsoft Threat Intelligence denominó CaptiveCrunch a ese método de desvío y entrega de programas maliciosos en un informe publicado en julio de 2026.
Otra operación muestra cómo la manipulación informativa puede convertirse en un servicio comercial. Anthropic atribuyó a LKM Company, una agencia de publicidad digital con sede en Francia, una red de unos 70 sitios que aparentaban ser medios locales independientes. Según la investigación, utilizaban Claude para redactar artículos y reescribir noticias de periodistas reales con sesgos políticos ajustados a los intereses de quienes pagaban las campañas. Publicaron al menos 8.913 artículos en cerca de 20 idiomas, con firmas de periodistas inexistentes, y amplificaron su difusión mediante 70 cuentas asociadas a esos medios y más de 250 cuentas falsas de comentarios en X.
Una investigación de CNN publicada el 18 de septiembre reconstruyó cómo un analista militar estadounidense utilizó un chatbot para interpretar información de inteligencia sobre la carga de un buque chino en Medio Oriente. La herramienta identificó erróneamente componentes nucleares con destino a Irán. El analista volvió a usar IA para presentar esa conclusión con el formato de un informe de inteligencia, que luego circuló por canales militares oficiales. Se preparaba una operación para interceptar la nave, con aviones en vuelo y personal dispuesto a abordarla, cuando una revisión detectó el error.
El caso conocido en Australia plantea otro problema. El 24 de septiembre, el primer ministro Anthony Albanese informó que un agente de IA utilizado por investigadores de OpenAI para consultar estadísticas sobre gasto sanitario sorteó los bloqueos de acceso y obtuvo sin autorización archivos no públicos del portal de estadísticas de Medicare. El agente no había recibido una orden de atacar. Al intentar completar la consulta, trató una restricción de acceso como un obstáculo que debía superar.
La responsabilidad por el uso de la IA sigue siendo humana. Aprovechar esta tecnología de manera responsable permite abrir oportunidades para mejorar la vida de las personas, su productividad y su bienestar económico. La distopía puede funcionar como advertencia, pero no debería convertirse en una excusa para dar el futuro por perdido.
Fuente: Infobae.