Claudia Piñeiro y los jóvenes de ultraderecha: "El discurso del progresismo no ha sido efectivo"
Por Marcelo Jozami
La reconocida escritora Claudia Piñero presentará esta noche en la 16ª Feria Internacional del Libro de Santiago del Estero su nueva novela: El Canto invisible, donde aborda la polarización ideológica en las familias, entre otros temas de la actualidad. En una entrevista a fondo con EL LIBERAL, anticipó detalles de su obra y también analizó las razones detrás del acercamiento de los jóvenes a la ultra derecha. Además, a través de una analogía con el comportamiento de las aves, reflexionó sobre la falta de escucha, el desencanto de los jóvenes con el progresismo.
-A través de Julia Muntaner y Martina Martinelli, los personajes de su nueva novela, los secretos privados y los mandatos familiares revelan tensiones muy profundas de una época.
-La novela se llama El canto invisible, habla del canto de los pájaros, pero también está hablando de otros cantos invisibles. Quizás a lo que apela en esta época es a esa falta de diálogo entre distintas posiciones políticas o distintas ideologías. Julia es una mujer, como su amiga Marina, que está cerca de los sesenta y pico de años y tienen una ideología muy cercana a lo que vivieron en los años 70, pensando en los derechos humanos, en determinadas posibilidades de progreso social y en todo lo que tiene que ver más con la centroizquierda. Su nieto es un chico que está muy compenetrado con las nuevas ideas, más de la derecha. Entonces ahí, al principio, hay como un enojo; a muchas familias argentinas les ha pasado esto, que los adultos más grandes tienen una ideología y los más jóvenes empiezan con otras ideas, y lo primero que pasa es un enojo y una falta de reconocimiento. No hay un diálogo abierto para entender por qué llegó a esas conclusiones y por qué yo, que pienso otra cosa, no pude convencerlo de que era mejor un mundo con mis ideas. Me parece que hay una falta de comunicación y ese "canto invisible" tiene que ver con que, a lo mejor, estos chicos nos venían diciendo algunas cosas que no escuchamos durante mucho tiempo. En ese sentido, creo que la novela, que es una novela íntima de dos amigas que se meten por una hendija, refleja algo que está pasando en la sociedad.
-¿Por qué esos oídos sordos recurrentes hoy?
-No tengo un por qué. Más bien lo que hago es observar lo que sucede, y creo que tiene mucho que ver con esto. Cuando viene un pibe joven, sobre todo varón, y te hace algunos comentarios sobre la realidad social, vos decís: "¿De dónde sacó esto?". Por ejemplo, en mi generación, en algún momento les decíamos a los chicos: "No votes esto porque vas a perder todos tus derechos laborales", y el pibe te dice: "Si yo no tengo ningún derecho laboral". Entonces hay una cosa que no fuiste escuchando y te sorprende de pronto cuando estalla. Recuerdo mucho una situación durante la pandemia: en los noticieros decían que nos laváramos las manos con mucha frecuencia, y de pronto salió que en un barrio carenciado muy cerca de Buenos Aires no tenían agua potable. No tenían agua potable desde antes de la pandemia y era grave también, sin embargo, nosotros no escuchábamos ese reclamo. Recién lo escuchamos en la pandemia cuando salió en los diarios que no se podían lavar las manos. ¿Por qué no lo sabíamos antes y lo escuchamos en la pandemia? Y probablemente hoy ya lo olvidamos.
-En su nuevo libro, ¿prima humanizar y no demonizar como suele suceder?
-Yo creo que siempre lo mejor es poder comprendernos. Ninguna persona en general -hay excepciones- es mala en sí misma; las personas actúan como creen que es lo mejor; y a lo mejor nosotros mirándolo de afuera hacemos valoraciones que no tienen que ver con una mala intención del otro. La única forma de acercarnos es escuchando para comprender por qué piensa o actúa como actúa, siempre dentro de la normalidad. En general, las personas lo hacen porque están convencidas de que eso es lo mejor para ellos y para su familia. La única forma de acercarnos es conversando y buscando lugares donde nos encontremos. Quizás no nos encontremos en algunos puntos, pero no sabemos que en muchos otros sí podemos encontrarnos porque no conversamos.
-Además, aborda temas puntuales como la salud pública, cómo se van imponiendo las derechas particularmente en los jóvenes y la enorme grieta ideológica. ¿Cuál es su reflexión?
-Mi reflexión probablemente es en parte el motivo por el que escribí esta novela. Sentí que cuando vi a tanta gente joven más cerca de la derecha o ultraderecha, y alejados de otros conceptos que tienen que ver con un "progresismo" -una palabra a la que le quieren dar mala connotación y en la que yo me considero inserta-, te das cuenta de que el discurso desde mi lado no ha sido efectivo por muchos motivos. Hay que hacerse cargo de la parte que nos toca en ese no poder transmitir ciertas utopías porque fracasaron muchos de los modelos que nosotros planteábamos como soluciones para la sociedad. La ultraderecha les da ciertas esperanzas casi mesiánicas, casi religiosas, y nosotros nos quedamos vacíos de un discurso esperanzador. Tenemos que encontrar la forma de poder transmitir este canto que ahora quedó invisibilizado para estas generaciones y encontrar un discurso esperanzador que ofrezca un modelo de mundo basado en la justicia social y los derechos humanos.
-¿Qué rescata de los testimonios que ha recabado en los jóvenes, particularmente de ideas liberales, para la elaboración de este libro?
-Me gustó muchísimo hablar con ellos. Primero porque sentí que había un agradecimiento de ser escuchados. Y después porque me di cuenta de que en algunos puntos trascendentes no estábamos tan lejos. Por ejemplo, hay chicos que están de acuerdo con las ideas liberales apoyados desde el punto de vista económico. Yo no comparto esas ideas económicas, pero cuando les preguntás qué opinan sobre los dichos contra la comunidad LGTB, las mujeres o el aborto, te dicen que no están para nada de acuerdo y que creen que no va a pasar nada con eso, minimizándolo. Incluso en marchas por la educación pública había gente que había votado a este gobierno y estaba en la calle pidiendo por la universidad pública. Hay una base común que no está tan deteriorada; un cincuenta por ciento votó esta alternativa y otro no, pero dentro de los que sí votaron, hay gente que sigue pensando que hay cosas que no están bien. Hay un pensamiento comunitario que se ha degradado en pos del individualismo, pero muchos te dicen que también quieren estar bien, alquilar un departamento, independizarse y no están pudiendo. En esos puntos centrales encontré muchas coincidencias.