Día del Ángel de la Guarda: por qué se celebra cada 2 de octubre y cuál es la oración para invocarlo
La Iglesia Católica conmemora anualmente a los Santos Ángeles Custodios, seres espirituales encomendados para acompañar y proteger a las personas durante toda su vida. El origen de la fecha establecida por el Vaticano en 1670 y el tradicional rezo para pedir su intercesión.
Este 2 de octubre, el calendario litúrgico de la Iglesia Católica rinde homenaje al Día del Ángel de la Guarda, una jornada de gran relevancia para los fieles, dedicada a venerar a los Santos Ángeles Custodios. Según los preceptos de la tradición cristiana, se trata de entidades celestiales que Dios le asigna a cada ser humano para que lo acompañe, le marque el rumbo y le brinde protección desde el momento de su nacimiento hasta el final de su existencia.
Desde el plano de la fe, la labor de estos guías espirituales es ininterrumpida y tiene como objetivo principal alejar a las personas de los distintos peligros terrenales. Bajo esta perspectiva religiosa, muchos de los episodios favorables que ocurren en la rutina diaria y que popularmente se adjudican a un golpe de buena suerte son, en realidad, consecuencia directa de la intervención invisible de estos custodios.
El origen histórico del 2 de octubre
Si bien las celebraciones en honor a los ángeles protectores se realizaban desde hacía mucho tiempo atrás como una manifestación de fe popular en diversas regiones de Europa y en distintos momentos del calendario, la oficialización de la festividad demoró algunos siglos.
Fue el papa Clemente X quien, en el año 1670, fijó de manera definitiva el 2 de octubre para esta conmemoración. La justificación de la Iglesia para elegir esta jornada puntual radica en que se trata del primer día libre en el calendario litúrgico tras la festividad de los Santos Arcángeles (conformada por Miguel, Gabriel y Rafael), que se celebra cada 29 de septiembre.
La tradicional plegaria de protección
Para conectar con estos guías y solicitar su cuidado, los creyentes acuden a un popular rezo transmitido históricamente de generación en generación. La oración más difundida para invocar al Ángel de la Guarda, enseñada habitualmente durante la infancia, expresa lo siguiente:
"Ángel de mi guarda,
mi dulce compañía,
no me desampares,
ni de noche ni de día,
hasta que me pongas en paz
y alegría,
con todos los santos,
Jesús, José y María.
Con tus alas me persigno
y me abrazo de la cruz,
y en mi corazón me llevo
al dulcísimo Jesús.
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo".