LOS PRÓCERES DE LA HISTORIA Y EL PATRIMONIO MARIO BUSCHIAZZO
Por Eduardo Lazzari.
Las imágenes simbólicas de la conmemoración histórica argentina, tanto nacional como regional, mantiene la impronta hispanista de las grandes construcciones que fueron escenario de los hechos más importantes de la fundación de la Patria. Los cabildos de Buenos Aires y Salta, y la Casa Histórica de la Independencia en San Miguel de Tucumán son ejemplo de lo dicho y llegan hoy en una evocación indiscutible gracias a la obra de quienes entendieron en la primera mitad del siglo XX la necesidad de la recuperación del patrimonio edilicio colonial que había sido devastado por la impronta modernizadora impulsada por los festejos del centenario de la Revolución de Mayo, que fue la culminación de la campaña que insistió en borrar los rastros de la época del imperio español en nuestras tierras.
Vale explicar que tiene una cierta razonabilidad que luego de la guerra de la Independencia el país buscara una nueva identidad que se reflejara también en las construcciones, y teniendo en cuenta la inmigración masiva europea, la novedad institucional de la Constitución de 1853 y la incorporación de la Argentina al sistema capitalista y liberal mundial, no llama la atención que se adoptaran modos italianos en la sociabilidad, modos británicos en la economía y modos franceses en la cultura.
Es así como edificios soberbios como la antigua iglesia de San Francisco en Buenos Aires, un modelo exquisito de arquitectura neoclásica, fue redecorada con un estilo neobarroco bávaro; o el templo de Luján, joya colonial, que fue demolido para construir una basílica neogótica que no conservó ni un ladrillo evocativo de la iglesia que cobijó los rezos de Belgrano y de San Martín. Sólo la soberbia construcción de la Catedral de Córdoba quedó a salvo de reformas, aunque fue decorada en un estilo anacrónico con las pinturas murales de su cielo raso.
La conservación del pasado tal cual fue es una tarea permanente de los historiadores en su faz documental, testimonial y evocativa; y no sería fácil este oficio sin el concurso de los archivistas, de los recopiladores y de los cronistas de época. Pero para el recuerdo perenne de los ciudadanos, la tarea de los restauradores es de una importancia sublime ya que, con una simple mirada a esos edificios, esos muebles y esos objetos pertenecientes a la historia, el pasado se hace presente. Por eso que dedicaremos esta nota a Mario Buschiazzo.
Su nacimiento y su familia
Mario José Buschiazzo nace en Buenos Aires el 10 de diciembre de 1902 en el seno de la familia formada por don Félix y de doña Herminia Gobbato. Fue el mayor de tres varones. Cursa sus estudios secundarios como bachiller en un colegio privado del gran Buenos Aires, gracias a la manda testamentaria de su tío Juan Antonio, quien ordenó atender la educación de Mario en forma dedicada y permanente.
El hermano de su padre era el reconocido arquitecto público que fue gestor del paso de Buenos Aires desde la aldea a la gran ciudad cosmopolita. En la capital del país fue el proyectista del barrio de Villa Devoto, el constructor de la Municipalidad de Belgrano (hoy Museo Histórico Sarmiento), los peristilos de los cementerios de la Recoleta y de la Chacarita, el Palacio Municipal frente a Plaza de Mayo; así como también el diseñador de la Avenida de Mayo. Muchos edificios públicos: hospitales y escuelas, se deben a su pericia arquitectónica. Varios palacios privados fueron pensados por él, como el Unzué y el Alvear, además del hospital Italiano de Buenos Aires. Sin duda la influencia de su tío y su admiración por él marcaron la vida del joven Mario, que seguiría su camino.
El profesional, el docente y el investigador
El joven Buschiazzo ingresa a la facultad en 1920 y esa década lo verá prosperar en todos los aspectos de la vida. Se casa con María Esther García Martínez, con quien tendrá dos hijos: Félix Ernesto y Gloria María. En 1925 recibe el título de arquitecto, carrera que indagará en dos aspectos: su pasión por la cosa pública y su carácter docente. En 1928 ingresa al Ministerio de Obras Públicas de Buenos Aires durante el gobierno del radical Valentín Vergara. Poco tiempo después se incorpora al plantel del Ministerio de Obras Públicas nacional, comenzando allí su vínculo con la localidad bonaerense de Adrogué, al llevar adelante la conversión del Instituto Americano en el Colegio Nacional de Almirante Brown. Para llevar adelante la obra citada se radica en ese pueblo y nunca lo abandonará.
Su vocación docente se agiganta en la década de 1930, cuando toma la cátedra de Historia del Arte en el Instituto del Profesorado Secundario y dicta una cátedra libre sobre Historia Argentina en la Universidad de Buenos Aires. Fue profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México y recibió becas de los Estados Unidos en 1941; del Instituto de Cultura Hispánica de España y del gobierno italiano en 1948 y en 1960 recibió la beca Rockefeller.
En 1946 funda el Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas en el marco de la Universidad, que hoy lleva su nombre. El 1 de abril de 1947 es nombrado director del instituto, al que se dedicará hasta su muerte, renunciando a todos sus otros trabajos en la administración pública. Gracias a su visión integradora, el IAA fue ampliando su plantel profesional, incluyendo investigadores del CONICET y del INTA para abarcar la totalidad de los aspectos de la arquitectura y su historia.
Fue nombrado profesor emérito de la facultad de Arquitectura de la UBA en 1967 y se incorporó a la Academia Nacional de Bellas Artes en 1963 y al año siguiente a la de Historia. También fue miembro correspondiente de las Academias Nacional de la Historia de Panamá; de la Historia de Venezuela; de la Historia del Perú; de Ciencias de Bolivia; y de la Real Academia de San Fernando, en España
Su producción literaria
La capacidad de trabajo profesional de Buschiazzo fue inmensa. No deja de llamar la atención la obra escrita que hoy es referencia para la acción patrimonial. Se destacan "La Arquitectura Colonial en Hispanoamérica", "La Catedral de Córdoba", "La Iglesia de la Compañía en Córdoba", "La Catedral de Buenos Aires", "Estudios de Arquitectura Colonial en Hispanoamérica", "Historia del Arte Hispano Americano", "De la cabaña al rascacielos", "El templo de San Francisco de La Paz", "Estudio sobre monumentos históricos de Puerto Rico", "Historia de la Arquitectura colonial en Iberoamérica", "Art-Nouveau en Buenos Aires", "Arquitectura del Estado de Buenos Aires de 1853 a 1862", y la "Historia de la Arquitectura Colonial en Ibero-América"
Publica también la "Bibliografía de Arte Colonial Argentino", la guía "Argentina, monumentos históricos y arqueológicos" y varias secciones de la monumental obra de la Academia Nacional de Bellas Artes "Historia General del Arte en la Argentina". Debe destacarse la llaneza del lenguaje y la fácil comprensión para el lego de toda la sabiduría expresada en los textos de Buschiazzo. Siempre editó folletos sobre distintos aspectos de la arquitectura, desde la colonial rioplatense hasta la modernidad estadounidense, que pone de manifiesto su amplitud de miras y su capacidad de asombro ante lo edificado, además de mostrar una increíble capacidad analítica.
Sus obras arquitectónicas
Pero sin duda la obra de Buschiazzo es única en la reconstrucción del pasado arquitectónico colonial de la Argentina. Cuando se encuentra con Ricardo Levene en la década de 1930, nace una alianza patriótico intelectual única hasta ahora en nuestra historia. A la labor institucional de Levene en la Academia Nacional de la Historia y en la Comisión de Museos y Monumentos Históricos se sumará la genial acción arquitectónica de restauración de Buschiazzo. Ambos organizan un plan de recuperación de los grandes edificios históricos que será extraordinaria. El mutilado Cabildo de Buenos Aires es repensado armónicamente y la restauración que se lleva a cabo es notable. La fineza arquitectónica de Buschiazzo queda manifiesta cuando toma la decisión de reducir a 2/3 el tamaño de la demolida torre original para mantener una armonía estética que se destaca.
La obra de reconstrucción de la Casa Histórica de la Independencia en Tucumán es soberbia. En base a la única fotografía que se conservaba del edificio original que fue demolido en 1903, salvo la sala donde se juro la proclama del 9 de julio de 1816, y excavando los cimientos enterrados, Buschiazzo llevó adelante una prolija obra de arte, usando las técnicas antiguas, que permite gozar hoy de una evocación histórica única. Como anécdota, el arquitecto Roberto Grin, director del Museo de Luján, ordenó en 2007 la devolución de las puertas de la casa histórica que se encontraban en el repositorio bonaerense. Al llegar a su lugar de origen y pertenencia, fueron probadas y los planos de Buschiazzo mostraron ser perfectos. Las puertas nuevas de la década de 1940 son iguales a las de 1760.
Se debe a su mano prodigiosa las restauraciones del convento San Francisco de Santa Fe, la Casa de la Moneda de Potosí en Bolivia, la Misión Jesuítica de San Ignacio Mini, el Cabildo de Salta, la Reducción de Lules en Tucumán, la Casa Natal de Sarmiento en San Juan, la capilla de Purmamarca en Jujuy y el Palacio San José en Entre Ríos. No cabe duda de que todos los argentinos disfrutaron, disfrutamos y disfrutaremos de la conmemoración de los grandes hechos argentinos con las obras de Mario Buschiazzo en los edificios fundacionales del país: el Cabildo de Buenos Aires y la Casa de Tucumán.
Muerte y homenajes
Buschiazzo murió en su casa de Adrogué el 15 de agosto de 1970. Salvo en los ambientes académicos, este noble e ilustre argentino es homenajeado por debajo de sus merecimientos. Una escuela porteña lleva su nombre, al igual que el instituto que fundara en la facultad de Arquitectura de la UBA. Cada monumento que restauró y cada obra que construyó debería tener una destacada invocación a su persona. Los argentinos podemos conmemorar nuestra historia gracias, entre otros, a la patriótica tarea de Mario José Buschiazzo. No lo olvidemos.