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Interior

"Nuestra tierra y mi gente valen mucho más": el adiós a Tinco Andrada y sus últimas reflexiones sobre el oficio de escribir

El poeta y escritor santiagueño falleció este domingo (Foto El Liberal).

Meses atrás, el recordado poeta y escritor santiagueño dialogaba con El Liberal sobre su profundo arraigo por Añatuya, el valor de los reconocimientos en vida y la intensa disciplina que definía su apasionada trayectoria literaria.

La partida del poeta, escritor y compositor Tinco Andrada, ocurrida este domingo en la Ciudad de Buenos Aires a los 74 años, enluta a la cultura de Santiago del Estero y revive el legado de una pluma tan lúcida como entregada a su tierra natal. En una de sus últimas entrevistas con el medio El Liberal, concedida con motivo de recibir una distinción de la Cámara de Diputados en su querida Añatuya, el autor dejó sentada su visión sobre el arte, el esfuerzo silencioso de la escritura y el sentido profundo de su vocación.

"Creo que todo artista necesita un mimo de su propia casa, que es en donde está el hogar materno y la gente que uno ama" , señalaba con emoción el autor de obras fundamentales como El sol de las soledades y Con los pies en la Tierra, al valorar el homenaje impulsado por el legislador provincial Marcelo Mansilla. En aquella oportunidad, reafirmaba su inquebrantable sentido de pertenencia: "Esta distinción vale más que cualquier dinero. Nuestra tierra y mi gente valen mucho más. Por eso estaré en deuda... Es mi elección de vida, mi pasión y disfruto cada momento".

La trastienda de la creación: rigor y soledad

Lejos de los roces de la fama comercial, Andrada describía la labor literaria desde una perspectiva íntima, rigurosa y profundamente vocacional, dedicando largas jornadas a la investigación histórica y a la docencia en colegios e instituciones de la región.

"La vida del escritor es silenciosa, solitaria y, en el noventa y nueve por ciento de las veces, no ganamos dinero", reflexionaba con total franqueza en su última charla periodística. Y detallaba el exigente proceso detrás de sus textos: "Escribir una novela no tiene un período determinado, en un año puede estar lista. Sin embargo, para mí, la corrección (que es lo que más me gusta) puede tomar hasta cuatro años de mi tiempo".

Con una rutina diaria de entre doce y quince horas dedicadas a la lectura, la investigación y la escritura, el añatuyense confesaba haber llegado a redactar "hasta diecinueve borradores de un mismo texto" con tal de alcanzar la precisión literaria que buscaba. Hoy, esas letras esculpidas con paciencia y amor por el pago chico quedan como el testimonio imborrable de un creador que hizo de la cultura santiagueña su trinchera y su estandarte.

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