Ventajas políticas y desventajas económicas para Milei ante un triunfo de Bolsonaro
Por Marcos Novaro.
¿Qué enseña la elección brasileña a los argentinos? Que la polarización sigue siendo el juego predominante en estos tiempos. Pero también que el polo que atrae al centro sigue siendo lo que define, al final del día, los resultados.
Aparentemente lo que sucedió fue que Flavio Bolsonaro absorbió, en esta primera vuelta, los votos de los demás aspirantes presidenciales que competían con Lula, del centro a la derecha, más algunos votos basculantes que en 2022 apoyaron a este último o no votaron, y con ello logró que se adelantara el balotaje. Lo hizo proponiéndose como el "cambio necesario", frente a una administración que parecía aletargada o directamente resignada en lo que más le interesa a los votantes brasileños, la inseguridad y el bajo crecimiento económico.
¿Y cuál ha sido la clave para que ese posicionamiento de Bolsonaro Jr. tuviera éxito? Que logró convencer a un número suficiente de votantes, que en 2022 habían abandonado a su padre, de que él no representa el peligro de volver a los conflictos del pasado (más precisamente, que él no repetiría la experiencia confrontativa de la primera gestión bolsonarista), sino una esperanza de cambio, principalmente en esos dos asuntos ampliamente demandados.
Mientras que Lula fracasó en revalidar la promesa que había hecho cuatro años atrás y le habilitó entonces su tercer mandato presidencial: que iba a reconciliar a los brasileños, aislar y neutralizar a los violentos y extremistas, representados en ese momento por la familia Bolsonaro, y resolver los problemas del país que la gestión de ese signo había agravado. Los moderados lo apoyaron entonces, pero no parecen haberlo vuelto a hacer en la misma medida esta vez: o votaron otra cosa, o se quedaron en su casa.
Los críticos del bolsonarismo dirán, de todos modos, que la moderación de Flavio es puro piripipí de campaña, que él es una invención de su padre y encima expresa una variante bastante corrupta, farandulesca y amoral de su tradición familiar, así que lo esperable es que haga igual que Trump en su segundo mandato: radicalizarse, promover vendettas contra sus enemigos y disculpar a los responsables del "golpe" de enero de 2023, igual que hizo Trump con quienes asaltaron el Capitolio en su propio intento de golpe. Y lo cierto es que el joven Bolsonaro, en caso de llegar a la Presidencia, tendría como primer desafío desmentir ese pronóstico: si pretende atender las demandas económicas que convirtió en votos a su favor, le conviene centrarse en ellas cuanto antes, para que la incertidumbre no consuma la ola de optimismo renovador que su eventual triunfo podría generar.
Y si el candidato bolsonarista gana en la segunda vuelta y sigue ese camino, ¿no podría suceder que Milei se vea impulsado también a imitarlo, y deje de machacar tanto con sus "batallas culturales"? Contra el temor a que el renovado ventarrón derechista que sopla en nuestra región desde este domingo le dé alas a sus iniciativas más ideológicas, tal vez la lección del país vecino se sume a lo que ya viene sucediendo en el juego político local, para seguir empujando al mileismo en la dirección contraria: a ocuparse de lo que realmente sus votantes le encargaron que se ocupe, y no de sus fantasías.
También está en debate, y en un debate aún más amplio, el sentido del voto: ¿ganó la derecha en Brasil, o perdió el oficialismo, como vienen perdiendo todos los oficialistas en la región en los últimos años?
Habrá también los que quieran ver, en este resultado, una muestra de cómo los que en un momento representan fracasos y el pasado, pueden volver a representar el futuro, si sus antagonistas no tienen éxito en la gestión y defraudan a los votantes. Y que los incumbentes, los presidentes que buscan la reelección, corren con desventaja en estos tiempos de ánimos inestables y poca paciencia de los votantes, independientemente de su signo político. Es decir, que quien tiene más para preocuparse de estos resultados en Brasil es Milei, no Kicillof, ni en general el peronismo. Porque lo que ellos enseñan es que la memoria de la sociedad es corta.
Es un punto importante. Aunque las diferencias entre nuestros actores y los que protagonizan la disputa electoral brasileña son de todos modos relevantes.
En primer lugar, Bolsonaro Jr. hizo algo que ni Kicillof ni otros dirigentes peronistas están haciendo, y parecen convencidos de que no tienen por qué hacer: moderarse y hacer esfuerzos para ser creíbles al respecto. Mostrando que aprendieron de la experiencia, tomaron distancia de sus "familias de origen" y son capaces de dialogar con gente que antes despreciaban. Por ejemplo, celebrar el trabajo de los periodistas y la libertad de expresión, respetar a los partidos de centro de cuya colaboración, para ganar y más todavía para gobernar, dependen, y otras cosas por el estilo con que el vencedor de este domingo condimentó su campaña.
En segundo lugar, Milei, a diferencia de Lula, sí puede mostrar que hizo algo más que polarizar: viene colaborando con los moderados para impulsar su agenda legislativa, en ocasiones los designa en cargos relevantes de la gestión, y busca también convertirlos en aliados electorales, en bastante mayor medida que en 2023. Todo lo cual parece haber sido el talón de Aquiles de Lula en la votación que acaba de concluir.
Aunque Milei también podría mostrarse indiferente a la lección moderada que ofreció, al menos hasta aquí, Flavio Bolsonaro. Y al contrario: polarizar más entusiastamente la competencia local ya iniciada, aupado en este triunfo de la derecha, que podría confirmarse a fin de mes en la segunda vuelta, en el bastión más importante que le quedaba a la izquierda regional, es seguramente para él muy tentador.
En caso de confirmarse ese pronóstico, podrá decir que, salvo en Uruguay, la derecha marca el rumbo en todo el subcontinente, y que algún mérito tiene él en todo eso, porque fue el primero, el precursor: cuando él resultó electo en 2023 era una mosca blanca, el único aliado latinoamericano de Trump, el único que se animaba a decir y hacer cosas que ahora en casi toda Latinoamérica quieren hacer para recuperar el crecimiento económico, bajar la inflación y mejorar la seguridad ciudadana, bajar impuestos, reducir plantillas estatales, eliminar regulaciones, aumentar penas, etcétera. Así que con ese viento a favor debería alcanzarle, no necesita corregir nada. Es más: podría incluso reclamar para sí este triunfo, porque recordemos que fue a darle una mano en la campaña a Flavio y a impugnar al "comunista de Lula". ¿Qué mejor muestra de que su olfato no falla?
Y es que Milei sin duda espera que con este resultado, imprevistamente favorable para sus aliados regionales más importantes y que calcula se confirmará en tres semanas, crezca la confianza en que él va a tener mucho apoyo externo el año que viene, disminuya entonces el riesgo de una alternancia disruptiva y caiga también nuestro riesgo país. Sin que él tenga que hacer mayor esfuerzo.
Pero hay que ver si esos beneficios políticos se confirman. Y también si el rédito que por ese lado obtenga no viene de la mano de algunas desventajas económicas. Para empezar, si un Brasil gobernado por un aliado no concentra la atención de los funcionarios norteamericanos, y entonces llega menos ayuda de Washington a estas costas. Y si Milei el año que viene necesita más fondos para sostener la transición económica que impulsa, no consigue que le den bolilla. Scott Bessent desmintió, justo en estos días, que algo así pueda suceder, adelantando que si sus amigos argentinos requieren otro salvavidas, se los va a dar. Pero si hizo falta la aclaración, es porque alguna duda existía al respecto.
Y es más preocupante aún lo que pueda hacer Bolsonaro Jr. con la economía de su país: si para alentar el crecimiento, tal como prometió, además de bajar impuestos y tasas de interés, devalúa el real, es decir, hace lo que muchos economistas ortodoxos le están reclamando a Milei que haga con el peso, entonces la competitividad de la producción argentina va a quedar más complicada de lo que ya está, sobre todo en sectores en que Brasil es un proveedor habitual de nuestro país: bienes industriales.
Por eso debe ser que, mientras en Casa Rosada este domingo festejaban, en el Palacio de Hacienda andaban haciendo números y viendo cómo le siguen sumando parches al barco de la estabilización. Para que no se le abran más fisuras.