El título para Evans y la frustración para Solberg: un dramático final en Cerdeña
Por Mario R. Luna /Especial para Diario El Liberal.
La última fecha del Campeonato del Mundo de Rally (WRC) bajó el telón de la temporada en los intrincados caminos de Cerdeña. La cita italiana no solo marcó el final de ciclo para la actual reglamentación técnica de los vehículos WRC1, que cambiará el próximo año, sino que también sirvió de marco para reconfirmar una gran noticia: el regreso de Argentina al calendario mundialista. Tal como había anticipado El Liberal, la cita en nuestro país se dará tras el WRC de Paraguay, según la información brindada por el presidente de la FIA el pasado mes de agosto en Encarnación.
En lo estrictamente deportivo, Cerdeña ofreció una carrera de alternativas cambiantes. Los caminos de tierra y el polvo en suspensión jugaron su papel, provocando pinchaduras en la primera jornada para figuras como Sébastien Ogier, Thierry Neuville y el propio Oliver Solberg. En el arranque, Adrien Fourmaux y Neuville tomaron la iniciativa ganando las primeras pruebas especiales.
Sin embargo, Solberg logró reponerse. Durante la segunda etapa, el piloto sueco comenzó a descontar tiempos y a acortar la brecha en el campeonato con Elfyn Evans, quien había llegado a esta última fecha con apenas 10 puntos de ventaja. Un poco más atrás en la pelea asomaba el juvenil finlandés Sami Pajari, quien optó por una estrategia más conservadora tras no poder sumar fuerte en Chile, esperando un error de los líderes. Esta táctica no le dio frutos, y la definición de la carrera y del campeonato quedó en un mano a mano exclusivo entre Solberg y Evans.
El último día de competencia encontró a Solberg como líder absoluto de la clasificación general. Para consagrarse campeón del mundo, necesitaba asegurar los puntos extra que otorga el último tramo cronometrado, el Power Stage. Todo marchaba a la perfección: venía marcando grandes tiempos y mantenía a raya a Evans.
No obstante, el ímpetu le jugó una mala pasada. A tan solo 200 metros del final del especial, en una curva rápida hacia la derecha con un cambio de rasante ciego, Solberg se pasó en la frenada y terminó cayendo en la arena. Aunque para sorpresa de todos logró devolver el auto a la marcha y cruzar la meta, los segundos perdidos fueron lapidarios. Todo estaba perdido.
El título mundial viajó hacia Inglaterra de la mano de Elfyn Evans y su Toyota Yaris, desatando un festejo tan eufórico como inesperado dentro del equipo.
La vieja moraleja del automovilismo volvió a hacerse presente: la carrera solo termina cuando se cruza la línea de meta. Oliver Solberg, a escasos metros de la gloria, pagó muy caro un mínimo error. Sin embargo, con su juventud, talento y carisma, es indudable que el automovilismo le dará revancha para ir por ese título tan ansiado. Al fin y al cabo, como dicen en las tribunas, carreras son carreras.