La Argentina tiene una oportunidad histórica: consolidarse como destino para el turismo de larga distancia
Por el Esp. Gastón Hugo D'Angelo.
El Esp. Gastón Hugo D'Angelo, es director de la Licenciatura en Turismo y Hotelería & Bachelor of Arts in Hospitality Management de UADE.
La Argentina cerró el primer semestre de 2026 con una cifra que marca un punto de inflexión para el sector: según informó la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, 1.434.001 turistas de países no limítrofes ingresaron al país entre enero y junio, el mejor registro de los últimos 25 años y por encima del pico de 2019. Sobre un total de 3.115.089 turistas extranjeros, casi la mitad llegó de países no limítrofes. Este resultado es consecuencia directa de la apertura de la Argentina al mundo: la política de Cielos Abiertos, la estabilidad económica, la mejora en la seguridad del país, la facilitación de visados y la promoción turística sostenida en los principales mercados internacionales.
El dato no es menor para quienes formamos a los futuros profesionales del turismo y la hotelería. La diferencia en el perfil del pasajero no está necesariamente en el país de origen, sino en la decisión de recorrer una distancia mayor para llegar al destino, de gastar más dinero en un pasaje de avión y utilizar más días para recorrer el país.
Un brasileño o un chileno no llega con las mismas expectativas, tiempos ni presupuesto que un alemán, un coreano o un estadounidense que eligió cruzar el mundo para conocernos. Ahí está el desafío real: la Argentina no solo tiene que sostener este flujo, tiene que estar a la altura de él. Para eso, se requiere que el profesional de la disciplina incorpore, más que nunca, competencias que siempre estuvieron en el core de un especialista en turismo y hotelería, como el manejo de idiomas, el vasto conocimiento cultural e histórico del destino, el protocolo y la atención personalizada al huésped internacional. Sin embargo, esta nueva dinámica exige, además, que el profesional conozca sobre inteligencia artificial aplicada a la gestión turística y hotelera, resolución de conflictos interculturales, sostenibilidad y manejo de herramientas digitales de reserva y atención al cliente.
Eso implica dos frentes que como profesionales no podemos mirar de lejos. Primero, el desarrollo de nuevos productos y servicios turísticos pensados para un visitante exigente: la gastronomía como experiencia de identidad local, el turismo astronómico y el turismo deportivo, entre otras propuestas que hoy más está desarrollando el país, además de experiencias auténticas y atención en varios idiomas. Segundo, la reconversión de destinos que hoy no están preparados para ese estándar: infraestructura, atención, gestión hotelera y capacidad de servicio en cada rincón del país, no solo en los polos tradicionales.
Conocer la variada oferta que tiene Argentina siempre es relevante para un profesional del turismo, pero más que nunca debe dar a conocer destinos con atractivos diferenciales. Visitar el Parque Nacional El Leoncito, en San Juan, para observar el cielo bajo algunos de los mejores índices de nitidez astronómica del mundo, es una actividad inigualable en la región, muchas veces desconocida hasta por los propios argentinos. El país, también, recibe y organiza grandes eventos deportivos que pueden ser relevantes para fanáticos de todo el mundo, como el Argentina Open de tenis o los Juegos Suramericanos. En época mundialista, se viralizaron los turistas que vivieron en Buenos Aires y otros sectores del territorio nacional un fan fest propio e inigualable en el mundo.
Ninguno de estos frentes se resuelve sin capital humano formado. Gestionar esta demanda con profesionalismo significa, en concreto, operar hotelería con estándares internacionales, diseñar producto turístico con criterio de sostenibilidad, atender al visitante en su idioma y anticipar sus expectativas, y planificar destino con una mirada de mediano plazo. Cada destino que hoy registra ocupaciones del 70, el 80 o el 85% Bariloche, Malargüe, Ushuaia necesita graduados capaces de sostener ese nivel de exigencia. Este récord no es solo una buena noticia para el sector; es una interpelación directa a quienes formamos a esos profesionales. Si Argentina se consolida como destino de calidad, esa calidad tiene que sostenerse en cada rincón del país.