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Espectáculos

Hugo Villavicencio y la 9ª Marcha de los Bombos en Trelew: el latido de Silípica que conquistó la Patagonia

Hugo Villavicencio, gestor que impulsó la tradicional celebración santiagueña en Trelew - Foto: EL CHUBUT.

En diálogo exclusivo con EL LIBERAL, el santiagueño que impulsó la versión más tradicional de la celebración folclórica revivió una jornada multitudinaria en Chubut. Además de detallar los talleres comunitarios y los aportes científicos del Cenpat, abrió su corazón para narrar su conmovedora historia familiar y sus raíces en el 

El pulso inconfundible de la cultura santiagueña volvió a marcar el compás en el sur del país. Con el repique del bombo legüero resonando en cada rincón, Trelew celebró  la novena edición de su Marcha de los Bombos, la manifestación folclórica más austral de la Argentina nacida en 2018 con la bendición de la Fundación Patio del Indio Froilán de Santiago del Estero. El festejo se integró formalmente a las actividades por los 140 años de la ciudad chubutense, que se conmemoran el 20 de octubre.

En una entrevista exclusiva concedida a EL LIBERAL, el gestor de esta gesta cultural, Hugo Villavicencio, repasó el impacto de una convocatoria que desbordó las calles patagónicas, uniendo la Plaza de las Colectividades con la Plaza Independencia, y compartió pasajes íntimos de su vida que lo ligan para siempre con su tierra natal.

Raíces en Silípica y una conmovedora historia personal

Pese a estar radicado en Chubut, Villavicencio lleva consigo las vivencias del monte profundo. Sus primeros años transcurrieron en cercanías de Silípica, en un sector rural próximo a la cancha de Entre Ríos, calle Independencia y la ribera frecuentada por pescadores hacia el fondo de Sumamao. Criado junto a la familia Gramajo, a los 7 años fue llevado a la localidad bonaerense de Quilmes, donde fue inscripto con el apellido Villavicencio.

El destino le deparaba una verdad postergada: años más tarde, mientras afrontaba una delicada operación de corazón y poco tiempo antes de la partida física de su madre, ella le reveló la identidad de su progenitor biológico, Abel Cárdenas.

"Villavicencio no era tu papá, tu papá se llamaba Abel Cárdenas", recordó Hugo sobre aquel instante crucial. Lejos de rencores, el organizador sintetizó con profunda emoción ese legado: "Esa es mi historia, pero mi nombre y apellido es Hugo Villavicencio, el que figura en el documento. Siempre los voy a tener en mi corazón: a mi mamá, a la persona que me crió que es mi papá Villavicencio y a mi papá Abel Cárdenas, que los tres hoy descansan en paz".

Ciencia, percusión y talleres populares

El acontecimiento trascendió lo estrictamente musical mediante un nutrido programa previo de capacitaciones libres y gratuitas. Entre las propuestas formativas, investigadoras y antropólogas del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) de Puerto Madryn brindaron una charla sobre saberes ancestrales y pertenencia cultural destinada a estudiantes secundarios y a la comunidad.

La música tuvo un espacio central con clases de percusión dictadas por el instrumentista Maximiliano "Maxi" Ojeda, de reconocida trayectoria en escenarios de Rosario y Buenos Aires, mientras que en la antesala del festejo se celebró una tradicional telesiada en Puerto Madryn junto a agrupaciones tradicionalistas locales.

El espíritu solidario e inclusivo también se reflejó en los barrios de Trelew, donde un grupo de jóvenes fabricó sus propios parches e instrumentos con tachos de pintura reciclados mediante un tutorial para sumarse a la columna. En reconocimiento a este compromiso social, el intendente Gerardo Merino anunció que el municipio donará más de 20 bombos legüeros a los chicos de la academia Huenu Luan ("Agua reflejada"), asegurando su equipamiento para la décima edición.

La jornada central superó ampliamente las expectativas. Columnas de bombistos llegaron desde diversos puntos del país: Puerto Madryn aportó cerca de 40 instrumentos, acompañados por comitivas de Miramar, General Alvarado, Necochea y Mar del Plata, además de residentes tucumanos y visitantes norteños que se encontraban participando de un congreso de salud en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio.

Al dialogar con EL LIBERAL, Hugo Villavicencio describió con emoción el balance de la jornada:

"Ayer vivimos una verdadera fiesta, sorpresiva para mí, porque uno va regando cada año la Marcha de los Bombos a través de contactos, amigos y demás, y hoy, en la novena marcha, pude cosechar lo que hace nueve años sembré".

El referente ponderó el trasfondo federal y la resistencia cultural que encierra la propuesta:

"Caminamos por las calles de Trelew pregonando nuestra cultura popular, nuestra resistencia al pensar distinto; demostramos una vez más que todavía estamos vivos, que todavía podemos tocar y marchar por las calles de Trelew con lo que más amamos, que son los bombos legüeros que nos identifican plenamente a nuestra cultura popular santiagueña y federal".

Convencido de que la unión social es el único camino, Villavicencio remarcó la premisa independiente del evento:

"Solo no se puede hacer nada. Tenemos que estar juntos, más allá de que pensemos distinto; tenemos que perseguir la integración cultural y la inclusión social. La Marcha de los Bombos en Trelew es para toda la familia: no se persigue nada político —ese es mi lema—, nada económico y nada religioso. Con esto quiero decir que todos somos parte de la ciudad de Trelew".

Hacia el final de la charla, el organizador dejó una sentida reflexión sobre el encuentro colectivo:

"No somos perfectos y tenemos que unirnos y dejar las mezquindades de lado, porque uno solo no puede hacer nada. Pero tenemos que entender en conjunto que todos somos uno".

Con el acompañamiento fraternal de Tere Castronuovo y el Patio del Indio Froilán desde Santiago del Estero, la novena edición concluyó con la certeza de que el latido del bombo legüero sigue siendo un lazo inquebrantable de hermandad entre el norte profundo y el corazón de la Patagonia.

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