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Opinión

La innovación en salud no termina cuando se desarrolla un medicamento

(Imagen ilustrativa Infobae)

Por Gabriel Vinitzk.

Cuando pensamos en un medicamento innovador, solemos hablar de investigación, desarrollo y avances científicos. Pero casi nadie se pregunta lo que sucede después: cómo se conserva, dónde se almacena y de qué manera llega hasta la persona que lo necesita. Sin embargo, de poco sirve contar con una terapia de última generación si no podemos garantizar que llegue a tiempo y en las condiciones adecuadas.

La logística de la salud cambió profundamente. Durante años, la principal expectativa era entregar un producto en tiempo y forma. Después se sumaron mayores exigencias documentales y de trazabilidad. Hoy, además, los laboratorios necesitan visibilidad prácticamente en tiempo real de cada etapa del proceso. Ya no se trata solamente de mover cajas: se trata de administrar temperatura, información y riesgos.

Hay un dato en las operaciones de las empresas que se encargan de la logística de los medicamentos que permite dimensionar este cambio. En este tipo de firmas, en general, los medicamentos complejos ocupan cerca del 20% del espacio de almacenamiento, pero representan aproximadamente el 50% de las operaciones de distribución. Es una diferencia significativa: el desafío ya no se mide únicamente en metros cuadrados o cantidad de unidades, sino en el nivel de especialización que exige cada entrega.

Los productos de alto valor y bajo volumen, muchos de ellos sensibles a variaciones de temperatura, requieren infraestructura específica, procedimientos sólidos y equipos preparados para responder ante imprevistos. Una demora, una falla de trazabilidad o una desviación térmica pueden comprometer la integridad de un medicamento. Y detrás de ese medicamento hay una persona que espera continuar su tratamiento.

La geografía argentina agrega otra dificultad. No demanda el mismo esfuerzo distribuir en Buenos Aires que llegar a localidades del norte o del sur del país. Pero esa diferencia no debería traducirse en estándares de servicio distintos para los pacientes. Federalizar el acceso también significa desarrollar capacidades operativas en las provincias, contar con personal capacitado y disponer de protocolos de contingencia previamente validados.

En este escenario, el operador logístico especializado tiene un papel que va mucho más allá del transporte. Participa en el diseño de soluciones, aporta conocimiento técnico, infraestructura, tecnología y capacidad de respuesta. No reemplaza a los laboratorios ni a los profesionales de la salud; forma parte de una cadena en la que cada eslabón resulta indispensable.

La tecnología es central para sostener esa responsabilidad. Los sistemas que administran lotes, vencimientos y trazabilidad, junto con la automatización de tareas como etiquetado, estuchado o verificación, permiten mejorar la productividad y reducir las posibilidades de error. También se están dando los primeros pasos en el uso de inteligencia artificial, con aplicaciones potenciales en planificación, pronóstico de demanda, optimización de rutas y detección temprana de desvíos. Son posibilidades que requieren desarrollo y evaluación: la tecnología debe fortalecer el criterio de los equipos, no sustituirlo.

La seguridad exige la misma lógica de prevención. Cuando se trabaja con productos de alto valor sanitario y económico, no alcanza con una única herramienta. Hacen falta controles complementarios: monitoreo de instalaciones y distribución, seguimiento satelital, rutas planificadas, alertas y procedimientos claros para actuar si algo se aparta de lo previsto.

Argentina cuenta con experiencia relevante en este campo. Tiene una industria farmacéutica desarrollada, profesionales especializados y un recorrido importante en trazabilidad de medicamentos. Al mismo tiempo, la evolución de las terapias y de las tecnologías obliga a revisar de manera permanente procesos y regulaciones. No hay margen para conformarse con lo que ya funciona.

Esa experiencia abre, además, una oportunidad regional. Haber aprendido a gestionar operaciones complejas en un territorio extenso es un conocimiento que puede exportarse. Para que Argentina se consolide como un centro regional de logística de salud todavía necesitamos mejorar infraestructura, simplificar determinados procesos y trabajar sobre costos y competitividad.

La discusión de fondo es qué lugar queremos darle a la logística dentro del sistema sanitario. Si la consideramos apenas el último tramo de una entrega, llegaremos tarde a los nuevos desafíos. Si la entendemos como parte integral del tratamiento, podremos acompañar mejor la innovación farmacéutica y contribuir a que sus beneficios lleguen a más pacientes, estén donde estén.

Para Infobae

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