☰
✕
Opinión

La política migratoria de Milei, bajo la lupa

(Foto: Esteban Félix/AP)

Por Marcos Novaro.

El lunes, un periodista freelance brasileño, y también militante del PT, Rogério Tomaz Jr., llegó a Aeroparque y vivió un calvario: se le quitó el DNI, fue expulsado del país y se le prohibió volver por cinco años, supuestamente por incumplir las condiciones de la residencia permanente de que disfrutaba desde 2022. En concreto, la resolución de Migraciones estableció que Tomaz no había permanecido el tiempo suficiente en Argentina, desde entonces, como para que se justificara ese estatus.

En la norma correspondiente (modificada por un DNU de Milei al comienzo de su mandato) no se establece cuánto es exactamente "el tiempo suficiente" para disfrutar de una residencia permanente. Tampoco se determina si el afectado tiene que ser advertido del cambio de su situación legal, cosa que en este caso no sucedió. De allí que, aunque la resolución que lo afectaba es de agosto pasado, Tomaz se enteró recién al llegar a Buenos Aires.

Que estas ambigüedades de la normativa vigente fueron aprovechadas en este caso para escarmentar a un crítico del gobierno mileista, y hacerlo además provocando un escándalo público, con buenas dosis de humillación, nacionalismo xenófobo y abuso del poder del Estado, quedó bien demostrado por la actitud que adoptaron a continuación los funcionarios mileístas involucrados.

La Dirección Nacional de Migraciones quiso aclarar que, en la decisión adoptada, no habían tenido injerencia alguna las opiniones críticas de Tomaz sobre el gobierno de Milei. Pese a que la resolución se había tomado el 5 de agosto, solo trece días después de que el afectado se cruzara por las redes sociales en una agria discusión con Juan Pablo Carreira, alias John Doe, director de Comunicación Digital de la Presidencia. ¿Era solo una casualidad temporal?

Lo que hasta allí podía seguir habiendo de duda al respecto, las inefables Fuerzas del Cielo se ocuparon de despejarlo por completo: para certificar que el motivo real de la expulsión eran las posiciones políticas de la persona afectada, y no el incumplimiento de ninguna cláusula legal; el propio Carreiro la festejó, atacando en un tuit al brasileño, que ya "no podría seguir depredando nuestros recursos":

"CHAU GOR... PUT... No solo no vas a poder seguir depredando nuestros recursos, sino que vas a tener que vivir cuatro años en la Brasil de Flávio Bolsonaro siendo zurdo. Qué felicidad por favor. Un zurdo menos en Argentina. Hoy se celebra".

Y para despejar, a su vez, cualquier posibilidad de que se considerara lo de Carreiro, alias Doe, el mero exabrupto de un muchacho calentón, su jefe e inspirador, Santiago Caputo, también intervino: "Te falló el operativo, campeón".

¿Por qué desmentir a Migraciones y complicarse la existencia interviniendo en una disputa que, desde su punto de vista, podían ya dar por "ganada" y al mismo tiempo "neutralizada" por vía administrativa? ¿Para qué politizar y extremar hasta tal punto la demostración de poder que habían logrado, aplicando una norma en forma arbitraria, pero hasta el lunes al menos, también "disimuladamente", resguardándose en criterios técnicos y generales?

Precisamente porque el mensaje que pretenden dar Caputo y Carreiro excede en mucho la situación y las condiciones que rodean el caso de Rogério Tomaz, el peso de sus opiniones, hasta el día de hoy muy acotado, o la "peligrosidad" que su trabajo pueda representar para la imagen del gobierno de Milei.

Como explica muy bien el propio Carreiro en su vomitivo tuit, lo que se quiere mostrar al castigar y humillar a Tomaz es que se puede poner en la picota a un periodista y militante crítico, "un zurdo", pero sobre todo a un extranjero, agitando el sentimiento nacionalista más paranoico ("hablan mal de nosotros, odiémoslos lo suficiente"), y a alguien que ha perdido una elección y pronto va a perder otra, es decir, va a ser sometido a la humillante condición de minoría, rezan en la Rosada, al menos por cuatro años más. Y que todo esto se puede hacer impunemente, porque se aplica una simple norma y se usa el poder de policía del Estado, sobre alguien que ha sido sorprendido en falta (que el afectado no supiera que había perdido el derecho que creía tener no es un detalle) y carece de más recursos para defenderse que una muy improbable apelación.

Es exactamente lo mismo que hace el gobierno de Benjamin Netanyahu con los periodistas extranjeros que lo critican, y a quienes con cada vez más frecuencia le niega la entrada a Israel: ilustra así a los votantes sobre la supuesta peligrosidad de un mundo que se ha vuelto una amenaza para su supervivencia y su futuro, asocia la libertad de expresión con el ejercicio de esa amenaza sobre el país y sobre los ciudadanos de a pie, y con las ideas de los críticos y los opositores domésticos. Que si se atreven a defender a los extranjeros expulsados, confirmarán que también ellos son agentes foráneos.

Y paradójicamente no es muy distinta a la técnica que viene aplicando Vladimir Putin con los periodistas y los medios de comunicación independientes desde hace años: primero prohibió que estos recibieran fondos del exterior, luego extendió esa prohibición a cualquier lazo con entidades extranjeras, finalmente cerró los medios que quedaban y acusó a sus empleados de ser "agentes extranjeros", siempre apelando a la seguridad nacional.

Claro, la diferencia es que Rusia hace mucho que no tiene nada de democrática, e Israel está hace tres años en guerra. ¿Milei podrá salirse con la suya aunque las condiciones sean aquí muy diferentes? Seguramente espera que un triunfo de Flávio Bolsonaro el 25 de este mes le dé la razón a Carreiro y Caputo: como cada vez que está en ganador, anda ya preparándose para reactivar y extremar sus "batallas culturales", asegurarse la mayor impunidad posible para abusar del poder y atropellar a quienes se le oponen o apenas lo critican. Aunque también se ha demostrado ya, cada vez que lo intenta, que incluso la mayoría de los argentinos que "no quiere volver al pasado" rechaza esas apuestas. Solo que para que el presidente desista de ellas hace falta que ese rechazo se haga sentir, porque él aprender no aprende.

Para TN.

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS