Lo que le dices a tu bebé importa más de lo que crees
Por Karen Hutch.
A veces, sin darnos cuenta, decimos frases que parecen inofensivas, pero que pueden hacer que nuestros hijos se sientan avergonzados, incomprendidos o inseguros. Aunque los bebés todavía no comprendan todas nuestras palabras, poco a poco aprenden de lo que escuchan, del tono con que les hablamos y de cómo respondemos a sus necesidades.
Por eso, cuidar nuestro lenguaje desde los primeros años es también una forma de enseñarles a reconocer sus emociones, valorar su cuerpo y crecer sintiéndose amados. Estas son las frases que debes evitar decir y cambiar por una frase que el pequeño pueda entender y mejorar su forma de ver las cosas:
1 "¡Guácala! Ya te hiciste del baño, que feo, que asco"
Cuando un niño escucha esto puede sentirse avergonzado, y más si el comentario viene de sus padres o cuidadores. Hacer del baño es completamente normal. Especialistas señalan que esto puede provocar que el pequeño retenga la materia fecal y padezca estreñimiento.
Opta por: "Hiciste popo, vamos a limpiarte para que estés cómodo". La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda emplear palabras positivas durante el aprendizaje del control de esfínteres y evitar calificativos negativos como "sucio" o "apestoso".
2 "No pasó nada, ¡levántate!"
Cuando un niño se cae solemos recurrir a minimizar el hecho y negar lo que pasó. Aunque la intención es evitar que sufra, es importante reconocer lo que pasó, pero con otras palabras que le ayuden a superar la situación.
Mejor di: "Te caíste. ¿Te dolió? Estoy aquí contigo. Vamos a ver si estás bien". La CDC aconseja ayudar a los niños pequeños a reconocer y nombrar lo que sienten, manteniendo la calma y ofreciendo acompañamiento.
3 "Eres malo, siempre estás pegando"
También entran en contexto frases como "que llorón eres", "qué torpe eres" o "me haces quedar mal".
Existe una diferencia entre corregir una conducta y definir a una persona. Un niño puede comportarse mal en una situación sin que eso signifique que sea malo.
Prueba con: "No está bien pegar. Veo que estás enojado; vamos a buscar otra forma de expresarlo". La AEP desaconseja las estrategias disciplinarias que provocan vergüenza o humillación.
4 Fijar apodos a las partes íntimas
Es importante enseñar los nombres correctos de las partes del cuerpo. Inventar nombres puede transmitir involuntariamente la idea de que ciertas partes son malas o deben mantenerse en secreto. También recomienda que los niños sepan que pueden hablar con un adulto de confianza si alguien los hace sentir incómodos.
En vez de evitar las palabras "pene", "vulva" o "vagina" por vergüenza es mejor nombrarlas con naturalidad y explicar, según la edad, cuáles son íntimas y cómo cuidar sus límites.
5 "No puedes", "no sabes" o "déjame, yo lo hago"
En lugar de resolverlo todo por el niño, el adulto puede ofrecer ayuda gradual y permitir que intente hacer pequeñas cosas por sí mismo. Mejor di: "Vamos a intentarlo juntos. Yo te ayudo si lo necesitas".
No se trata de dejar de poner límites de seguridad, sino de distinguir entre algo que realmente no puede hacer todavía y algo que puede aprender con acompañamiento.
Para Aleteia